Turquía, Erdogan y sus graves problemas económicos

Erdogan

El Primer Ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, la está liando parda literalmente en su país (ya hoy, por ejemplo, ha censurado Youtube para evitar vídeos que le molesten). Las cosas allí no van nada bien. Los disturbios de hace unos meses en el Parque Gezi de Estambul ya fueron un atisbo de lo que estaba por venir. El gobierno de Erdogan se enfrenta ahora a un gravísimo problema económico.

La economía de Turquía está desacelerando a un ritmo muy peligroso. Su moneda está rondando mínimos históricos frente al dólar y algunas de sus principales empresas se enfrentan a enormes deudas exteriores. Y todo ello a pesar de que el propio Erdogan, a comienzos de su mandato en el 2003, logró captar la atención de inversores procedentes de otros puntos de Europa, Rusia y China.

A medida que la crisis comenzó a golpear las economías más desarrolladas, los inversores colocaron sus miras exclusivamente en los mercados más emergentes, los cuales prometían una mayor rentabilidad. Turquía estaba entre ellos. Otros países de Europa veían con envidia la marcha de capital a suelo turco.

Durante el tiempo de bonanza extranjera, Turquía ha disfrutado de un auge tal que hasta el PIB del país y el ingreso per cápita ha aumentado tres veces desde el 2003. Sin embargo todo terminó el verano pasado, cuando gracias a la estabilidad económica de Estados Unidos los inversores comenzaron a retirar su dinero de los mercados hasta ahoraemergentes. Durante este proceso la inflación turca se llegó a colocar en un 7,4%, muy por encima de las previsiones iniciales.

La moneda del país, la lira, comenzó a caer, lo que obligó a los bancos centrales turcos a adoptar un enfoque radical y unas tasas de interés que pasaron del 7% al 12%. Con estas medidas intentaban por todos los medios la salida de capitales extranjeros. Pero claro, una mayor tasa de interés conlleva un frenazo en seco del crecimiento económico. A medida que la deuda aumenta, los precios suben en una pescadilla que se muerde la cola.

Erdogan se opuso enérgicamente a las medidas de los bancos y llegó a la conclusión de que aquello era una conspiración contra él y su gobierno. Mientras tanto la pobreza de Turquía crece considerablemente. Es curioso que un país situado entre las veinte economías más grandes del mundo tenga a uno de cada cinco de sus habitantes viviendo por debajo del umbral de la pobreza, una de las cifras más altas del planeta.

Lo cierto es que en Turquía corren tiempos de incertidumbre y malestar social. Su mercado de valores ya ha perdido un tercio del valor que ostentaba por estas mismas fechas en el 2013. Las elecciones locales de este fin de semana pueden resultar cruciales.

Imagen – Frontpage Mag

 

 

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