
El sistema de pagos digitales vive un momento de cambio profundo con la llegada de una modalidad que permite transferir dinero sin escribir alias, CBU, CVU ni escanear códigos QR. A partir de ahora, bastará con acercar dos teléfonos móviles compatibles para completar una operación de cuenta a cuenta en cuestión de segundos.
Este salto tecnológico se apoya en la comunicación por proximidad NFC, la misma que ya se utiliza para pagar con tarjeta sin contacto o con el móvil en terminales de punto de venta. La novedad es que esa lógica se traslada directamente a las transferencias bancarias y de billeteras virtuales, lo que promete simplificar todavía más el día a día de los usuarios que ya han abandonado en gran medida el efectivo.
Qué son las transferencias sin alias ni QR por NFC
Las nuevas transferencias por aproximación se basan en la tecnología NFC (Near Field Communication), que permite el intercambio de datos entre dispositivos situados a pocos centímetros de distancia. En la práctica, el envío de dinero se realiza “teléfono a teléfono”, apoyándose en las mismas cuentas bancarias (CBU) o cuentas de pago (CVU) que ya se usan para transferencias y pagos con QR.
La clave está en que no hace falta introducir ningún dato del destinatario: ni alias, ni número de cuenta, ni escanear un código en pantalla o impreso. El usuario abre la aplicación de su banco o billetera, selecciona la opción de pago o transferencia por aproximación, acerca el móvil al dispositivo de la otra persona o del comercio y confirma la operación en la propia app.
Este esquema funciona tanto entre particulares como en negocios físicos. Un cliente puede pagar acercando su teléfono al terminal de cobro o al dispositivo del comerciante, del mismo modo que hoy apoya la tarjeta sin contacto, pero enviando fondos mediante una transferencia inmediata en lugar de una operación con tarjeta.
Según los impulsores de la iniciativa, el sistema se concibe como una alternativa complementaria al QR y al alias, no como un reemplazo total en el corto plazo. La idea es ofrecer un método todavía más directo para quienes ya están acostumbrados a pagar desde el móvil y buscan reducir pasos y posibles errores.
Un desarrollo interoperable sobre la infraestructura existente
El nuevo sistema ha sido impulsado por Coelsa, la cámara que procesa las transferencias inmediatas, pagos QR y otros instrumentos electrónicos dentro del ecosistema financiero. Su papel resulta clave porque la solución no nace como un entorno cerrado, sino integrada en la red de pagos que ya conecta bancos, billeteras digitales y fintech.
Desde la compañía se subraya que la tecnología NFC se incorpora sobre los mismos estándares operativos y de seguridad que utilizan las transferencias y los pagos con QR. Esto significa que las entidades financieras pueden sumar la funcionalidad sin rehacer por completo sus sistemas, manteniendo los circuitos de conciliación, liquidación y trazabilidad que ya están en producción.
En la práctica, las transferencias por aproximación se identifican mediante marcadores específicos dentro de los procesos de clearing y compensación, lo que permite distinguirlas del resto de operaciones, pero sin generar barreras técnicas adicionales para los participantes ni pedir al usuario que aprenda una lógica completamente nueva.
La propuesta se presenta como un esquema abierto e interoperable, de manera que bancos tradicionales, entidades no bancarias y billeteras virtuales puedan operar en igualdad de condiciones. No importa si el cliente utiliza una app bancaria o una fintech: mientras su proveedor incorpore la función, podrá enviar y recibir dinero por NFC con cualquier otro participante del sistema.
Cómo funcionan las transferencias por aproximación
El procedimiento para usar las transferencias sin alias ni QR es relativamente sencillo y se apoya en pasos muy similares a los de un pago contactless habitual. Ambos dispositivos deben contar con NFC activado y con una aplicación compatible que permita iniciar este tipo de operaciones.
Entre personas, el flujo básico es el siguiente: el usuario que paga abre la app, elige la opción de enviar dinero por proximidad, introduce el importe si es necesario y acerca el teléfono al móvil del receptor. Los dispositivos se reconocen de forma segura, la app muestra en pantalla los datos del destinatario y el importe, y el pagador confirma la transferencia con el método de autenticación que tenga configurado (PIN, biometría, etc.).
En comercios, el proceso es muy parecido al de un pago sin contacto con tarjeta: el negocio dispone de un POS o de un terminal habilitado, el importe se carga en el dispositivo del comercio y el cliente solo tiene que aproximar su móvil o su reloj inteligente con NFC para que se inicie la transacción. De nuevo, no interviene ningún código QR ni se introduce información manual.
Los responsables del proyecto destacan que esta solución se apoya en transferencias directas entre cuentas CBU y CVU. Es decir, el dinero se mueve de cuenta a cuenta dentro del sistema financiero, sin pasar por estructuras privadas o modelos de monedero cerrado, lo que refuerza la transparencia y la supervisión regulatoria.
Además, la misma lógica permite que dispositivos como smartwatches con NFC, siempre que tengan integrada la aplicación bancaria o de la billetera, puedan operar bajo este esquema. De este modo, el usuario puede pagar o enviar dinero incluso sin sacar el móvil del bolsillo, usando únicamente un giro de muñeca frente al dispositivo receptor.
Ventajas frente al QR y al alias en la experiencia de usuario
La principal diferencia respecto a los métodos actuales está en la agilidad. Con los pagos QR, el usuario debe abrir la aplicación, encender la cámara, escanear el código, revisar el importe y confirmar. Si se trata de una transferencia tradicional, además tiene que buscar el alias o la clave de la otra persona, escribirla y comprobar que no haya errores.
Con las transferencias por aproximación NFC, todo se reduce a un gesto rápido: acercar los dispositivos y validar la operación. Se elimina cualquier necesidad de teclear datos, lo que disminuye de forma drástica los errores habituales de escritura de alias, CBUs o importes, y reduce el tiempo que se tarda en cerrar un pago presencial.
Esta sencillez se percibe tanto en operaciones entre particulares —por ejemplo, cuando se reparte una cuenta en un restaurante o se paga a un amigo— como en los pagos cotidianos en comercios. La fricción en el momento del cobro se reduce, las colas avanzan más rápido y el usuario no tiene que buscar códigos, tarjetas físicas o datos apuntados en el móvil.
Desde el ámbito financiero muchos analistas consideran que, en términos de experiencia, la opción por aproximación resulta incluso más intuitiva que el QR, ya que reproduce gestos que la gente ya asocia al pago contactless con tarjeta. Esta familiaridad puede favorecer que la adopción sea rápida una vez que las apps activen la funcionalidad.
Para los negocios, el cambio también es relevante: además de simplificar el proceso en caja, las operaciones se liquidan como transferencias inmediatas, lo que contribuye a que los fondos estén disponibles de forma casi instantánea, sin depender de los plazos habituales de las tarjetas tradicionales.
Un mercado de transferencias inmediatas en plena expansión
El lanzamiento de esta modalidad llega en un contexto en el que los pagos con transferencia se han consolidado como protagonistas del ecosistema digital. Los últimos informes oficiales señalan que las transferencias inmediatas superan los cientos de millones de operaciones mensuales y mueven cifras del orden de los billones de pesos cada mes.
De acuerdo con datos del Banco Central, los pagos con transferencia (PCT) interoperables vía QR concentran la práctica totalidad de las transacciones iniciadas por este canal, con una participación cercana al 99 % en número de operaciones. En un solo mes se registraron del orden de 88,9 millones de pagos en pesos por QR interoperable, con un crecimiento interanual relevante tanto en cantidad como en volumen real.
En ese universo, algo más de la mitad de las operaciones se originan en cuentas bancarias (CBU) y el resto en cuentas de pago (CVU) de billeteras virtuales. Por el lado de los comercios, una parte importante de los fondos termina acreditándose precisamente en cuentas de pago, lo que muestra el peso creciente de las fintech en el circuito de cobros diario.
Si se observa el conjunto de los pagos con transferencia en pesos, la cifra total ronda los 89,9 millones de operaciones en un mes, con un incremento interanual superior al 40 % y un importe total de unos 2,1 billones de pesos. Más del 75 % de las transacciones inmediatas ya pasa por billeteras digitales, lo que refleja un cambio profundo en los hábitos de uso del dinero en comparación con hace solo unos años.
En este escenario de fuerte expansión, la incorporación de las transferencias por proximidad NFC se plantea como un paso más para consolidar la economía digital y restar terreno al efectivo, aprovechando una base de usuarios que ya confía en las apps de pago y está habituada a operar desde el móvil.
El papel de los pagos contactless y del transporte público
El despliegue de esta nueva funcionalidad no se entiende sin el auge previo de los pagos sin contacto en general. En los últimos años, bancos y emisores han impulsado de forma intensa el uso de tarjetas contactless y de pagos móviles, con promociones, descuentos y acuerdos con comercios para fomentar su adopción.
Un impulso adicional vino de la mano del transporte público, donde ya es posible abonar viajes con tarjetas y dispositivos NFC en numerosos sistemas de metro y autobús. Millones de desplazamientos al mes se pagan con la simple aproximación del soporte al lector, sin efectivo ni billetes físicos intermedios.
Paralelamente, los pagos con QR en el transporte han alcanzado cifras cercanas a los 16,5 millones de viajes mensuales, reforzando el uso de las billeteras digitales también para montos pequeños y gastos recurrentes del día a día. Esta combinación de opciones ha acostumbrado al usuario a no depender del efectivo para moverse o consumir.
La llegada de las transferencias por NFC toma como punto de partida ese ecosistema ya maduro: los ciudadanos están familiarizados con apoyar la tarjeta o el móvil en un validador para pagar; ahora se les propone hacer algo parecido para enviar dinero a otra persona o realizar una compra con una transferencia inmediata.
Este trasvase de hábitos es uno de los factores que pueden hacer que la nueva tecnología tenga tracción más rápida, siempre que los proveedores de servicios financieros acompañen con una implementación clara y una comunicación sencilla que explique cómo utilizarla y qué ventajas aporta en la práctica.
Un modelo abierto que evita sistemas cerrados
Uno de los aspectos que más destacan los responsables de la iniciativa es que se trata de un modelo de pago por proximidad que no depende de redes cerradas. A diferencia de otros esquemas propietarios en los que solo pueden participar determinadas entidades o aplicaciones, la solución se apoya en la infraestructura común de transferencias y pagos interoperables.
Coelsa ha diseñado la funcionalidad para que cualquier banco, billetera digital o fintech pueda integrarla, siempre y cuando cumpla los requisitos técnicos y de seguridad definidos. Esto refuerza la competencia en base a la experiencia de usuario, el servicio y los costes, en lugar de basarla en quién controla la red o el estándar de proximidad.
El enfoque abierto también busca evitar la fragmentación del sistema de pagos, un riesgo habitual cuando surgen soluciones nuevas que operan en paralelo y no se comunican entre sí. En este caso, la transferencia por NFC es simplemente otra forma de iniciar una operación que luego se procesa por los canales ya existentes, compatible con el resto de instrumentos actuales.
Para los comercios y los usuarios finales, esto se traduce en una ventaja clara: no es necesario cambiar de entidad ni abrir cuentas adicionales para aprovechar la nueva modalidad. Basta con que la app habitual integre la opción, algo que muchas entidades ya analizan dentro de sus hojas de ruta.
Esta arquitectura, alineada con la tendencia global hacia la interoperabilidad en medios de pago, sitúa al país en una posición avanzada dentro de la región, al contar con una solución de transferencias por proximidad con alcance potencialmente masivo y regulado sobre el marco financiero formal.
Adopción, plazos y retos por delante
Aunque la infraestructura de base está desarrollada y lista para operar, la puesta en marcha efectiva de las transferencias por aproximación dependerá del calendario de cada entidad financiera. Son los bancos, billeteras y fintech quienes deben adaptar sus aplicaciones móviles, integrar las APIs correspondientes y activar la opción de pago por NFC para sus clientes.
En el sector se da por hecho que las principales apps bancarias y algunas billeteras líderes tienen incentivos claros para incorporar la funcionalidad, tanto por la posibilidad de ofrecer una experiencia más fluida como por la necesidad de competir en un mercado donde los pagos digitales ya son el canal predominante.
Más allá de la parte técnica, uno de los grandes desafíos será la comunicación a los usuarios. La mayoría ya está acostumbrada a utilizar alias y QR, y modificar hábitos nunca es inmediato. Sin embargo, la promesa de simplemente acercar el móvil y confirmarlo en pantalla puede convertirse en un argumento potente para acelerar esa transición.
Los expertos apuntan también a la importancia de que los comercios adopten rápidamente terminales y aplicaciones compatibles, especialmente en sectores con un volumen elevado de operaciones presenciales. Cuanto más visible sea la nueva opción en tiendas, bares, transporte y servicios cotidianos, más fácil será que el público se anime a probarla.
A medida que se despliegue, la modalidad convivirá con el resto de métodos: alias, CBU, QR y tarjetas seguirán disponibles, y será el propio usuario quien decida en cada momento qué opción le resulta más cómoda. La competencia entre canales acabará definiendo el peso relativo de cada uno en el uso diario.
La incorporación de las transferencias sin alias ni QR mediante NFC marca un paso importante en la evolución de los pagos digitales: sobre una infraestructura ya madura de transferencias inmediatas, QR interoperables y billeteras virtuales, se suma ahora un mecanismo de proximidad que permite enviar y recibir dinero con un gesto simple, mantiene los niveles de seguridad del sistema financiero y refuerza la interoperabilidad entre bancos y fintech en un entorno donde el efectivo pierde terreno frente a las soluciones electrónicas.


