Telefónica ha puesto en marcha los trámites para dejar de cotizar en la Bolsa de Nueva York, cerrando así una etapa de casi cuarenta años de presencia ininterrumpida en Wall Street. La decisión supone el fin de una aventura bursátil que comenzó el 12 de junio de 1987, cuando la operadora se convirtió en la primera gran empresa española en dar el salto al mayor mercado de valores del mundo.
El movimiento, comunicado a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) mediante varios hechos relevantes, forma parte de la hoja de ruta marcada en el nuevo plan estratégico del grupo. El objetivo declarado es simplificar la estructura corporativa, recortar costes regulatorios y concentrar la negociación de los títulos en plazas consideradas clave para la compañía, principalmente el Mercado Continuo español.
Un adiós voluntario a Wall Street tras casi 40 años
La compañía presidida por Marc Murtra ha anunciado que inicia el procedimiento para la exclusión voluntaria de sus American Depositary Shares (ADS), cada uno equivalente a una acción ordinaria de Telefónica y representado a través de American Depositary Receipts (ADR), de la New York Stock Exchange (NYSE). No se trata de una expulsión ni de una operación forzada por el regulador, sino de un paso adoptado por iniciativa propia, tras lo que la empresa describe como un “detallado análisis” de sus órganos de gobierno.
Telefónica ha dejado claro que no contempla mover estas ADS a otro mercado o sistema de negociación en Estados Unidos. Es decir, una vez completado el proceso de delisting, los títulos dejarán de estar admitidos a negociación en cualquier bolsa regulada estadounidense. Aun así, el grupo insiste en que seguirá manteniendo su relación con los inversores norteamericanos mediante fórmulas alternativas.
Para los tenedores de ADS, la compañía ha diseñado varias vías. Por un lado, podrán canjear sus certificados por acciones ordinarias cotizadas en las Bolsas de Valores españolas, donde se concentra ya el grueso de la negociación del grupo, tanto de inversores nacionales como internacionales. Por otro, Telefónica transformará el actual programa de ADR en un Programa de ADR de Nivel I, lo que permitirá que esos títulos sigan cambiando de manos en el mercado extrabursátil u over-the-counter (OTC) en Estados Unidos.
Esta conversión a un esquema de Nivel I es una figura relativamente habitual entre grandes compañías europeas que deciden abandonar la cotización en Wall Street. Permite reducir obligaciones de información y costes asociados, pero al mismo tiempo mantiene una cierta visibilidad ante los inversores norteamericanos, que pueden seguir operando con los recibos sin que la empresa figure en la pizarra principal de la NYSE.
Según ha matizado la operadora, esta decisión no tendrá impacto en sus clientes ni en su negocio en Estados Unidos, ya que la salida afecta exclusivamente a la vida bursátil de los títulos y a sus obligaciones como emisor en ese país. La actividad comercial de la compañía en el mercado estadounidense y sus acuerdos con socios locales continuarán con normalidad.
Motivos: simplificación, costes y nuevo plan estratégico

En el comunicado remitido al supervisor español, Telefónica explica que la carga administrativa y los costes de mantener la cotización en Nueva York han sido determinantes en la decisión. La normativa de la Securities and Exchange Commission (SEC) exige un nivel de reporte muy exhaustivo y una serie de obligaciones periódicas de información, que se suman a las ya exigidas por la CNMV y otros reguladores europeos.
Durante años, esta doble exigencia regulatoria ha supuesto una ventaja en términos de transparencia y visibilidad internacional. De hecho, gracias a la obligación de informar a la SEC se conocieron con detalle, por ejemplo, los precios abonados por el grupo saudí STC o por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) al tomar posiciones significativas en el capital de la operadora. Sin embargo, la compañía considera ahora que el coste de seguir sujeta a este marco ha dejado de compensar los beneficios.
La decisión se integra en el plan estratégico Transform & Grow, presentado a inversores a finales de 2025, que pone el foco en simplificar el modelo operativo, reforzar la rentabilidad y concentrar esfuerzos en sus mercados principales: España, Alemania, Reino Unido y Brasil. Este cambio de rumbo, además, se está acompañando de una profunda reordenación interna, con ventas de filiales en varios países de Hispanoamérica y un amplio programa de reducción de costes.
El propio plan contempla medidas como un amplio expediente de regulación de empleo (ERE) en España, con más de 4.500 salidas pactadas finalmente para distintas sociedades del grupo, así como una reorganización de la cúpula directiva. En este contexto, la salida de la NYSE se presenta como un paso más en la estrategia de “hacer más con menos” y concentrar la liquidez en mercados donde la negociación de los títulos es más intensa.
Telefónica insiste en que, pese a dejar de estar registrada en Estados Unidos, seguirá elaborando sus cuentas conforme a las Normas Internacionales de Información Financiera (NIIF), preservando estándares de gobierno corporativo y transparencia comparables a los exigidos por la SEC. La compañía recalca que su referencia bursátil seguirá siendo el Mercado Continuo español.
Calendario del delisting y pasos ante la SEC
Para materializar la salida de la NYSE, Telefónica y su filial Telefónica Emisiones tienen previsto presentar en las próximas semanas los formularios 25 ante la Securities and Exchange Commission. Este documento marca el arranque formal del proceso de exclusión de cotización en la bolsa neoyorquina.
Una vez registrado el formulario 25, la normativa estadounidense establece que, transcurridos aproximadamente diez días hábiles, los títulos dejan de negociarse en la bolsa correspondiente. A partir de ese momento, tanto las ADS como las distintas emisiones de deuda afectadas dejarán de aparecer en el sistema de contratación de la NYSE.
Finalizada esta fase, Telefónica tiene intención de dar un paso adicional: presentar el formulario 15F con el objetivo de cancelar el registro de todas las clases de valores en Estados Unidos y poner fin a sus obligaciones de información bajo la Securities Exchange Act de 1934. Este movimiento afectará tanto a las ADS como a los bonos emitidos por las distintas filiales emisoras del grupo en territorio estadounidense.
En paralelo, la compañía ha señalado que los titulares de ADS podrán optar en todo momento por convertir sus recibos en acciones ordinarias españolas o por mantenerlos dentro del nuevo programa de ADR de Nivel I, siempre que su intermediario lo permita. Este esquema facilitará que los inversores institucionales y minoristas de Estados Unidos sigan teniendo exposición al valor, aunque fuera de un mercado organizado.
La salida de la NYSE se acompañará, además, de la exclusión de los American Depositary Shares de Telefónica en la Bolsa de Valores de Lima (BVL), en Perú, así como de su baja en el Registro Público del Mercado de Valores gestionado por la Superintendencia del Mercado de Valores (SMV) de ese país. Estos pasos están sujetos a la normativa local y se producen tras la venta de la filial peruana a un grupo inversor argentino.
Impacto en la deuda: traslado a Euronext Dublín
La decisión de Telefónica no se limita a las acciones. A través de su filial Telefónica Emisiones, la compañía también ha anunciado que sacará de negociación en la NYSE varias series de bonos senior a tipo fijo, con vencimientos que se extienden desde 2027 hasta 2049 y que cuentan con la garantía de la matriz.
Estos títulos de renta fija, actualmente admitidos a cotización en el mercado estadounidense, no serán trasladados a otra bolsa de Estados Unidos. En su lugar, el grupo prevé solicitar su admisión a negociación en Euronext Dublín, una de las plazas de referencia en Europa para emisiones de deuda corporativa de gran tamaño. Este traslado permitirá seguir facilitando el acceso de grandes inversores institucionales a los bonos de Telefónica en un entorno regulatorio alineado con el marco europeo.
La elección de Dublín se encuadra en la tendencia de muchas compañías europeas de centralizar sus emisiones de renta fija en mercados de la UE o del Espacio Económico Europeo, donde los requisitos de información son elevados pero están más armonizados con las normas comunitarias. De este modo, la operadora espera mantener un nivel de liquidez adecuado en sus títulos de deuda, a la vez que reduce solapamientos regulatorios.
En todo caso, el grupo recalca que la salida de la NYSE no altera las condiciones financieras de los bonos ni los derechos de los bonistas. El cambio afecta únicamente al lugar donde se negocian estos instrumentos, pero no modifica cupones, plazos de vencimiento ni garantías asociadas a cada emisión.
Una presencia histórica en Nueva York que pierde sentido
La historia de Telefónica en Wall Street es, en cierto modo, un reflejo de la proyección internacional de la empresa y de la economía española en las últimas décadas. Cuando la teleco debutó en la NYSE en 1987, aún estaba participada mayoritariamente por el Estado, y la colocación de sus American Depositary Shares supuso entonces la mayor entrada de capital europeo en el parqué neoyorquino.
A lo largo de estos casi cuarenta años, la presencia en Nueva York ha sido un escaparate para la compañía, hasta el punto de que celebró su centenario con el tradicional “toque de campana” en la bolsa neoyorquina. Sin embargo, con el paso del tiempo, la utilidad práctica de esa doble cotización se ha ido difuminando, especialmente tras la explosión de la burbuja puntocom y la progresiva maduración del sector de las telecomunicaciones.
En la actualidad, el precio de las acciones de Telefónica en Madrid y en Nueva York apenas presenta diferencias, con divergencias que en ocasiones no llegaban a dos céntimos de euro. Esta convergencia de precios, unida a la menor relevancia del mercado estadounidense en el volumen total negociado por la compañía, ha contribuido a que la dirección se replantee la conveniencia de seguir soportando los costes de mantenerse en la NYSE.
El repliegue bursátil de la teleco no es nuevo. En los últimos años, la compañía ha ido retirando del mercado a varias de sus filiales cotizadas. Terra, la gran apuesta de Telefónica por Internet en plena burbuja tecnológica, dejó de cotizar en 2005 tras un proceso de absorción por la matriz tras un fuerte desplome. Telefónica Móviles abandonó la bolsa en 2006 por falta de negociación suficiente. Más recientemente, la operadora ha llevado a cabo ofertas públicas de exclusión sobre su filial alemana, Telefónica Deutschland, y sobre su participación en Chile.
Fuera de España, la compañía mantiene una presencia destacada en el parqué de São Paulo a través de Telefónica Brasil (Vivo), mientras que en el Reino Unido opera mediante la joint venture Virgin Media O2, sin cotizar directamente en la bolsa londinense. En Alemania, tras la opa de exclusión de 2024, la filial dejó de cotizar, alineándose con la estrategia de concentrar la condición de empresa cotizada en la matriz española.
Cambios en la cúpula y foco en España y Europa
La decisión de dejar la Bolsa de Nueva York llega en paralelo a una profunda reforma de la alta dirección y de la estructura de la compañía. El consejo de administración ha aprovechado este movimiento para rematar una remodelación de la cúpula iniciada meses atrás, en la que destaca el relevo de la histórica directora financiera, Laura Abasolo, por Juan Azcue, un directivo de la casa con larga experiencia en operaciones corporativas y finanzas.
Al mismo tiempo, Ernesto Gardelliano ha sido designado director de estrategia y control y miembro del Comité Ejecutivo, reforzando el equipo encargado de ejecutar el plan estratégico. El consejero delegado, Emilio Gayo, ha visto además ampliadas sus responsabilidades, asumiendo áreas como compras, cadena de suministro y alianzas con fabricantes de dispositivos, pilares clave para ganar eficiencia.
La compañía ha dejado claro que su intención es consolidarse como un operador europeo de referencia con escala rentable, con cuatro mercados considerados prioritarios: España, Alemania, Reino Unido y Brasil. La reducción de la exposición a Hispanoamérica, con la venta de filiales en Argentina, Perú, Uruguay, Ecuador y Colombia, y la salida de bolsas como la de Lima encajan en esta hoja de ruta.
En España, la sede de Las Tablas en Madrid se ha convertido en el epicentro de este giro estratégico. Allí se están negociando las condiciones del ERE que afectará a más de 4.500 empleados y que forma parte de un ambicioso plan para lograr un ahorro de costes anual significativo hasta 2030. En este contexto, cualquier reducción de cargas regulatorias y duplicidades en mercados menos relevantes se valora como un paso adicional hacia esa meta.
Para los inversores europeos, la operadora insiste en que la decisión no altera el papel del Mercado Continuo como plaza principal de negociación y referencia para el precio de la acción. Las Bolsas españolas seguirán siendo el núcleo de liquidez de los títulos de Telefónica, a las que se suma la negociación de su filial brasileña en São Paulo y el mercado de deuda en Euronext Dublín.
Con este movimiento, Telefónica cierra una etapa simbólica en la historia económica reciente de España y reorganiza su mapa bursátil para adaptarse a un entorno en el que la prioridad pasa por simplificar, concentrar recursos y reducir cargas regulatorias, aun a costa de renunciar a la visibilidad y el prestigio que tradicionalmente ha otorgado aparecer en las pantallas del parqué neoyorquino.

