Solvencia

La solvencia viene determinada por la capacidad de afrontar los futuros pagos de deuda

La solvencia se usa como un indicador dentro de los estados contables de una entidad. Puede ser tanto de una empresa, una persona jurídica o de una persona física. Trata de definir la capacidad económica que se tiene para afrontar las obligaciones económicas. Para saber que capacidad se tiene, se busca una relación que determina cuántos activos se tienen en relación con el pasivo. Dicha relación pasa por dividir los activos totales que se poseen en relación con el activo.

No hay que confundir con el ratio de autonomía financiera o disponer de liquidez. La solvencia persigue la capacidad para afrontar los futuros pagos mientras que el ratio de autonomía financiera persigue la capacidad que tiene una empresa o persona para endeudarse. Por otro lado la liquidez tampoco se trata de un ratio que haya salido de algún sitio, pero popularmente suele confundirse mucho disponer de dinero con ser solvente. Así pues, la solvencia es un buen indicador para analizar patrimonialmente o financieramente una empresa. Para entenderlo más de cerca, este artículo va a girar entorno a la solvencia y a explicar cómo calcularla y de qué manera podemos interpretar este indicador.

Cómo se calcula la solvencia

El ratio de solvencia se obtiene de dividir los activos entre los pasivos

El cálculo que debe hacerse para determinar el nivel de solvencia de una empresa es bastante sencillo. Por un lado hay que sumar todos los activos, y luego dividir dicho valor entre la suma de todos los pasivos. Veámoslo mejor con un ejemplo:

  • Activos: Total de 350.000 euros.
  • Pasivos: Total de 200.000 euros.
  • Activos / Pasivos: 1.75 de nivel de solvencia.

Como podrás observar, obtener este indicador es algo sencillo, sin embargo es importante determinar qué nivel de solvencia es el adecuado. Tanto por si es por tu economía personal, si eres el dueño de una empresa, o eres un inversor interesado en depositar tu confianza y quieres tener una variable fiable y objetiva de análisis.

Cómo interpretar la solvencia para una inversión

Vivimos en un mundo altamente competitivo donde nadie quiere quedarse atrás. Existen empresas que llegan a producir los suficientes beneficios como para no tener que endeudarse o hacerlo mínimamente. Sin embargo el caso de la mayoría de las empresas empuja a realizar nuevas inversiones, muchas veces solicitando nuevos créditos, y es aquí donde el ratio de solvencia puede indicarnos hasta qué nivel puede endeudarse. Cómo dato, siempre puede acompañarse esta información con el ratio de autonomía financiera que anteriormente hemos hablado.

Qué niveles son adecuados

Ser solvente no es lo mismo que disponer de liquidez

Una empresa con un ratio más bajo que el 1.75 que hemos dado en el ejemplo anterior, por ejemplo que tuviera 1.2, significaría que su nivel de solvencia es más bajo. Es decir, que su capacidad de adquirir nuevos créditos, o crear nuevas infraestructuras, pagar más salarios, etc., estaría más limitada. Podemos definir y es algo ampliamente aceptado que un nivel de solvencia adecuado estaría a partir de 1.5. Todo lo que fuera inferior a 1.5 sería una solvencia más débil, y cuanto más baja más lo sería.

Sin embargo, no todas las industrias se mueven del mismo modo, y hay algunas donde los niveles de deuda suelen ser más bajos y otras más altas (cómo el mundo de la construcción, por ejemplo).

Cómo tener en cuenta el histórico del nivel de solvencia de una empresa

Un ratio de solvencia acompañado de los ratios de los años anteriores pueden servir cómo guía para la inversión. Es bastante usado en el análisis fundamental, y un nivel de solvencia determinado y sostenido en el tiempo puede ser interpretado de varias maneras.

En el caso de que la empresa siga creciendo, es decir, su Patrimonio Neto vaya incrementándose de manera sostenida con el tiempo y además mantenga su nivel de solvencia es buena señal. Puede ser, entre otros factores, que el equipo directivo tenga definida una buena estrategia y mantenga un equilibrio en sus estados contables que sean muy estables a lo largo de los años.

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Si por el contrario su solvencia se mantiene sin embargo su Patrimonio Neto desciende, es posible que sus acciones también desciendan. De no ser así, y sus acciones se mantengan, es posible que los inversores o bien no hayan reparado en la pérdida de valor o existen otros planes estratégicos. Este punto hay que investigarlo por cuenta propia, cada empresa un mundo (como suelo decir).

Por otro lado, sobra decir que una continua pérdida del nivel de solvencia en una empresa no es buena señal, sobretodo si es sostenida, o que un incremento constante es algo bueno. Hay que asegurarse de que la empresa hace uso de esos activos, es decir, quiere seguir creciendo. El escenario ideal (o al menos uno de ellos) sería ver una empresa con niveles de solvencia que crecen, y que eventualmente pueden disminuir al hacer ampliaciones, y que continúa luego recuperando el nivel de solvencia, y así sucesivamente también.

La insolvencia

Existen dos tipos de insolvencia, la de flujo de efectivo y la de balance

Este terreno pantanoso es al que nadie le gustaría llegar, también conocido como bancarrota o quiebra. La insolvencia es al contrario de la solvencia, la incapacidad de poder afrontar los pagos de dinero adeudado. Existen dos tipos de insolvencia, la de flujo de caja/efectivo y la de balance.

La insolvencia de flujo de caja o efectivo es cuando una empresa o persona no dispone de liquidez para afrontar los futuros pagos, pero sí dispone de suficientes activos. Esta situación normalmente se resuelve negociando con el acreedor las formas de pago. Usualmente el deudor dispone de cosas valiosas, como propiedades, máquinas, algún coche, etc., y el acreedor puede esperar a recibir los pagos. Esa demora suele penalizarse de alguna manera, por lo que puede implicar a parte del pago final de la deuda alguna multa o por el estilo.

La insolvencia de balance se produce cuando todos los activos de una empresa son incluso insuficientes para afrontar el pago final de la deuda. Normalmente, esta situación se contempla antes de que se produzca el siguiente pago, en la que ya se contempla que no habrá forma de poder pagar ni los siguientes pagos ni mantener ningún tipo de actividad. Antes de que esta situación se produzca, suele optarse por mantener la actividad (por los beneficios que reporta). Finalmente, tanto acreedor como deudor pueden negociar esta situación y aceptar una pequeña pérdida, o negociar una nueva deuda o forma de pago que permita mantener la actividad.


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