Sesgos y trampas psicológicas al emprender o invertir en negocios

Sesgos y trampas mentales recurrentes al invertir en negocios

Invertir o emprender implica hacer frente a nuestras emociones. Esa parte natural que nos ha hecho evolucionar como seres humanos se transmite cada momento en nuestro día a día. De hecho, Charlie Munger, vicepresidente de Berkshire Hathaway definió en unas palabras algo muy sutil: “¿Cómo puede la economía no ser conductual? Si no es conductual, ¿Qué diablos es?”

Diferenciar y tomar consciencia del por qué sentimos, nos hará tomar distancia para procesar nuestras emociones antes que se involucren en algo. No solamente eso, también la parte lógica, pues el cerebro, lejos de ser programado para descubrir la verdad, está programado por sobrevivir. ¿Y qué ocurre por ejemplo en los mercados cuando todos los inversores actúan a la par? Que el mercado tiende a arrojar ciertos resultados. Advertir que trampas psicológicas y sesgos mentales existen, te ayudará a tomar decisiones más racionales. De lo contrario, podemos ser presas de la corriente, y seguir la misma suerte.

La Ilusión de tener el Control

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Un primer ejemplo de hasta que punto creemos dirigir una situación es la de pensar que tenemos el control de una cosa. Suele ocurrir al confundir nuestras habilidades y aptitudes, a menudo sobrevaloradas, y creer que todo acto girará entorno a nuestras acciones. En realidad, aunque el trabajo duro está justificado, existe un alto porcentaje de que factores ajenos a uno mismo pueden que influir en un negocio.

Una de las medidas para vencer esta ilusión de control radica en pensar qué factores no podemos controlar. Desde los socios, a la clientela, los gustos, o nuevas regulaciones, por ejemplo. En este punto, lo que cabe resaltar, es que trabajar duro suele reportar beneficios, pero trabajando siempre de manera inteligente.

El Sesgo de Confirmación

Este sesgo cognitivo es muy particular. A veces es muy común en ciertas personas, en otras no tanto, pero en algún momento todos hemos caído en él. Y es que se trata ni más ni menos de atender y leer información alineada y de acuerdo a nuestro modo de pensar. Comúnmente creer algo, o pensar algo, buscar esa información, y lejos de contrastar lo que pensamos, se persigue afirmar lo que pensamos. Dando en consecuencia un error fatal. En caso de estar equivocados, reafirmaremos con más convicción una falsa creencia.

La verdad es que si se piensa algo y se está muy seguro, no pasaría nada por escuchar o atender una opinión contraria. Con más razón aún, si estamos arriesgando algo valioso para nosotros, como nuestro tiempo, esfuerzo o capital. Contrastar y/o tener una perspectiva diferente, no es algo malo, incluso puede servir para validar lo que creemos, o en un buen caso, reconocer nuestro error. Es un sesgo mental, pero de tenerlo dominado, adoptaremos una postura más humilde con nosotros mismos. Y como resultado, un enfoque más acertado al asunto que se esté tratando.

El Sesgo de Conformidad

A título personal, creo que este sesgo es si no el que más, uno de los más “peligrosos” con el que nos podemos encontrar. El sesgo de conformidad subyace en adoptar el pensamiento mayoritario de entre un grupo social. Con facilidad suele ocurrir cuando no tenemos una idea clara sobre algo o nos acogemos al pensamiento imperante de un colectivo. Suele ocurrir al creer que si tanta gente piensa lo mismo, será por alguna razón, e inconscientemente le atribuimos que esa idea/cosa debe haber sido contrastada. También viene según el nivel de nuestras inseguridades.

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Terminar aceptando una creencia aunque sintamos que no es la correcta, no suele tener buenos resultados. Entre otras porque si estamos emprendiendo un nuevo negocio, mejorando la imagen, o realizando cualquier otro tipo de inversión… Será por que hemos identificado algo que la mayoría de las personas no ven. ¿Por qué razón entonces deberíamos cambiar de opinión? Hay que mantener los pies en el suelo, pero sin apoyarse excesivamente y conformarse con en el pensamiento mayoritario.

Empatía de Distinto Nivel

Este lo vivimos en nuestras propias carnes en nuestro día a día. Se trata de la incapacidad de ponernos en el lugar de la otra persona. Cuando estamos desde una posición de calma, nos cuesta identificar el nivel de enfado, frustración o negatividad en los otros. Desde la serenidad, y manteniendo al margen la fría lógica, hay que hacer un esfuerzo para entender cómo se siente esa persona, sobretodo a raíz de sus actos y/o palabras.

No entender como se sienten los otros nos afecta en la toma de decisiones. En particular en que si las tomamos, ni siquiera sabremos cómo nos van a afectar luego a nosotros mismos. En distinto nivel, es fácil caer en el error de creer que sabremos como nos encontraremos emocionalmente nosotros en el futuro. Es importante no planear grandes proyectos o eventualidades sin tener en cuenta que no siempre estaremos con la misma motivación y estado de ánimo.

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El Síndrome del Impostor

Complejo de asumir, pero ocurre con más frecuencia de la que creemos. El Síndrome del Impostor radica en la idea de que uno mismo no es merecedor de algo. A todos alguna vez nos ha pasado que atribuimos nuestros logros al azar, la suerte, la confianza que han depositado terceras personas en nosotros, etc. Aunque es cierto que nos podemos haber esforzado mucho, e incluso ser realmente expertos en lo que nos dedicamos o hemos logrado, hay un momento en que tenemos miedo. El miedo a que se descubra que estamos en una posición que no nos pertenece.

En realidad hay que asumir que una parte del éxito se le puede atribuir a la suerte a veces. Y no por ello debemos sentirnos mal por lo logrado. El problema consecuente de adoptar este pensamiento es el de infravalorizarse, y dudar de nuestras capacidades. En el momento que esto comienza a ocurrir, comenzaremos a pensar que no somos capaces de lograr más cosas, y será entonces donde vendrá la falta de motivación y asomarán las malas decisiones. Y esto no es verdad, no puedes dudar de ti mismo.

En el mundo de los negocios, la economía y finanzas, al igual que en nuestra vida, el sentido común será siempre nuestro mejor aliado. Conocer cuáles son nuestros puntos fuertes, virtudes, capacidades, te ayudarán a saber hasta dónde puedes llegar. Pero al final, habrá algo más importante, conocer tus propios límites. Conoce tus límites, y sabrás todo lo que por el momento puedes abarcar.


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