El Banco Santander ha puesto sobre la mesa un compromiso claro con sus accionistas: la entidad espera que el dividendo en efectivo por acción en 2028 más que se duplique respecto al pagado con cargo a 2025. Esta meta se apoya en un plan estratégico para el periodo 2026-2028 que combina crecimiento del beneficio, disciplina en capital y un reajuste en la mezcla entre dividendos y recompras.
La hoja de ruta, presentada en el Investor Day celebrado en Londres, parte de un beneficio atribuido récord de 14.101 millones de euros en 2025 y proyecta superar los 20.000 millones en 2028, con lo que el banco aspira a respaldar una remuneración creciente y más predecible. El objetivo de la entidad es que este incremento del dividendo no dependa solo de la cotización, sino de una mejora estructural de ingresos, eficiencia y retorno sobre el capital.
Cómo pretende Santander más que duplicar el dividendo en 2028
Una de las claves del plan es la combinación de un beneficio mayor y un reparto de resultados más orientado al efectivo. Con cargo a 2025, Santander abonará un dividendo total en metálico de 0,24 euros por acción, tras aprobar un pago complementario de 0,125 euros que se sumará a los 0,115 euros distribuidos a cuenta en noviembre. Esta cifra supone un aumento superior al 14% frente a los 0,21 euros cargados a 2024.
Mirando a 2028, el banco calcula que, si se cumplen los objetivos del plan estratégico, el dividendo en efectivo por acción podría situarse en torno a 0,48-0,50 euros, lo que implicaría que el accionista reciba más del doble que en 2025. En términos agregados, esto supondría destinar alrededor de 7.000 millones de euros a dividendos en efectivo al final del periodo, frente a los aproximadamente 3.500 millones desembolsados ahora.
La entidad pone el acento en que este salto no llegará de golpe, sino de forma gradual a lo largo de los próximos tres años, apoyado en un crecimiento del beneficio por acción a doble dígito, un retorno sobre el capital tangible (RoTE) por encima del 20% y una base de clientes que pasaría de 180 a más de 210 millones en 2028.
El mercado ha acogido de manera positiva este planteamiento: tras la presentación de los objetivos, las acciones de Santander llegaron a anotar repuntes cercanos al 5% y se han situado en la zona de máximos históricos recientes, después de casi triplicar su precio en los últimos tres años. Analistas de casas como Goldman Sachs, Jefferies, Bankinter o Barclays han subrayado que la combinación de beneficios al alza y un dividendo más generoso refuerza la tesis de inversión en el banco.

Un cambio relevante en la política de remuneración al accionista
El grupo mantiene la idea de destinar en torno al 50% del beneficio ordinario a retribuir al accionista, pero modifica de forma sustancial la mezcla. Hasta ahora, el reparto se hacía prácticamente a partes iguales entre dividendos en efectivo y recompras de acciones. Con el nuevo plan, esa balanza se inclina claramente hacia el pago directo en metálico.
Según la guía comunicada, a partir de los resultados de 2027 el banco prevé dedicar aproximadamente un 35% del beneficio al dividendo en efectivo y alrededor de un 15% a las recompras de títulos propios. Esta modificación se articula sobre la base de que, tras la fuerte subida de la cotización, la recompensa vía recompras genera menos valor adicional que en años anteriores.
Con cargo a 2025, la remuneración total al accionista ronda los 7.050 millones de euros, equivalentes aproximadamente al 50% del beneficio atribuido. De ese importe, alrededor de la mitad se abona vía dividendos y la otra mitad se canaliza mediante recompras de acciones, incluidas operaciones extraordinarias asociadas a la venta del 49% de la filial polaca.
En paralelo al dividendo de 0,24 euros por acción, Santander tiene en marcha un programa de recompra valorado en torno a 5.000 millones de euros. De este importe, unos 1.800 millones se imputan al plan ordinario vinculado a los resultados del segundo semestre de 2025, mientras que cerca de 3.200 millones se corresponden con la recompra extraordinaria financiada con el exceso de capital procedente de la desinversión en Polonia.
La entidad ha reiterado su intención de devolver al menos 10.000 millones de euros a los accionistas mediante recompras durante 2025 y 2026, aprovechando tanto los resultados como los excedentes de capital sobre la ratio objetivo de solvencia. Una vez concluido este ciclo más intenso de recompras, el foco se desplazará con más claridad hacia el dividendo en efectivo recurrente.
Beneficio, rentabilidad y capital: los pilares que sostienen el dividendo futuro
Para poder sostener un dividendo que se más que duplique en 2028, el banco se ha fijado metas exigentes en beneficios y eficiencia. La entidad espera que el beneficio neto supere los 20.000 millones de euros al final del periodo, lo que supone un aumento de alrededor del 42% respecto a los resultados de 2025, con un crecimiento anual del beneficio por acción claramente a doble dígito. Este planteamiento coincide con la percepción de que llega un mejor momento para los dividendos en el mercado.
Este avance se apoyará en un crecimiento de los ingresos a un dígito medio y en una reducción de costes cada año, que debería llevar la ratio de eficiencia en torno al 36% en 2028, frente al 41,2% registrado en 2025. Cuanto más baja es esta ratio, mayor es la capacidad del banco para transformar sus ingresos en resultados.
En paralelo, Santander quiere operar con una ratio de capital CET1 cercana al 13% en 2028, dentro del rango objetivo del 12%-13%. Esta solvencia se considera suficiente por la dirección para absorber potenciales shocks y, al mismo tiempo, permitir una distribución de capital significativa vía dividendos y recompras, incluyendo la devolución de cualquier exceso que quede por encima del umbral marcado.
En términos de rentabilidad, el objetivo es que el retorno sobre fondos propios tangibles (RoTE) supere el 20% al final del plan, partiendo de un 16,3% en 2025. Lograr esa mejora sin apoyarse en elementos extraordinarios es uno de los puntos que más atención despierta entre los inversores, que examinan de cerca las hipótesis sobre tipos de interés, coste del riesgo y comportamiento en mercados clave como España, Brasil, Reino Unido o Estados Unidos.
Firmas como Jefferies o Barclays han señalado que parte del atractivo del plan reside precisamente en la promesa de una rentabilidad estructuralmente más elevada, menos dependiente de factores cíclicos y más basada en la eficiencia operativa y la diversificación geográfica.

ONE Transformation, datos e inteligencia artificial como palanca del dividendo
El despliegue del programa ONE Transformation es otro de los elementos centrales del relato del banco para justificar que podrá sostener un dividendo creciente hasta 2028. Esta iniciativa se basa en el uso de plataformas tecnológicas comunes, la simplificación de productos y procesos, y una mayor integración entre los negocios globales.
La estrategia pasa por explotar al máximo las inversiones en datos e inteligencia artificial (IA), que se integran directamente en la actividad comercial y en la gestión interna. El objetivo es ofrecer una atención más personalizada a los clientes, impulsar la productividad de las redes de distribución y automatizar tareas de back office, con el consiguiente ahorro de costes.
Según las estimaciones de la entidad, las iniciativas ligadas a datos e IA podrían generar más de 1.000 millones de euros de valor de negocio hasta 2028, sumando tanto ahorros como ingresos adicionales. Este impulso contribuiría aproximadamente en un punto porcentual a la mejora de la ratio de eficiencia del grupo, ayudando así a liberar recursos que, en última instancia, facilitan una mayor capacidad de pago de dividendos.
La estrategia tecnológica se articula alrededor de cinco grandes negocios globales: Retail, Openbank (consumo y digital), CIB (banca corporativa y de inversión), Wealth (gestión de patrimonios y seguros) y Payments. Cada uno de ellos aporta un perfil de rentabilidad y crecimiento distinto, pero todos comparten la misma base tecnológica y de datos, lo que permite escalar soluciones de forma transversal.
En Retail, el foco está en evolucionar hacia un modelo de banco digital global con sucursales, con más ventas online y un menor coste de servicio por cliente. En Openbank, se busca consolidar una plataforma de consumo y crédito eficiente y replicable en varios mercados. En CIB, el acento se pone en los negocios con menor consumo de capital y más basados en comisiones.
Posicionamiento internacional y peso de mercados de divisa fuerte
Otro factor que la entidad considera clave para dar estabilidad al dividendo es el refuerzo de su presencia en mercados con divisas consideradas más estables. Tras los movimientos corporativos de los últimos años, el banco ha reconfigurado su perímetro: ha vendido el 49% de su filial en Polonia y ha anunciado la compra de TSB en Reino Unido y de Webster Bank en Estados Unidos, operaciones aún sujetas a las autorizaciones regulatorias correspondientes.
Con este rediseño, Santander espera que en torno al 80% de su cartera de crédito y aproximadamente el 65% de su beneficio antes de impuestos provengan de economías con divisas fuertes, principalmente en Europa y Norteamérica. Esta mayor exposición a monedas más estables pretende reducir la volatilidad de los resultados y, por extensión, de la remuneración al accionista.
En Reino Unido y Estados Unidos, una vez integradas TSB y Webster, el grupo prevé alcanzar un RoTE del 16% y del 18%, respectivamente, en línea con las entidades más rentables de esos mercados. La combinación de estas franquicias con la actividad en España y otros países europeos aspira a consolidar una base de beneficios más amplia y diversificada.
Al mismo tiempo, el banco indica que seguirá priorizando la asignación disciplinada de capital, concentrándose en geografías y negocios capaces de generar retornos por encima del coste de capital. Esta filosofía se extiende también a su política de operaciones corporativas, donde combina compras estratégicas con desinversiones en mercados menos alineados con sus prioridades.
En el plano de gobierno corporativo, el consejo ha propuesto el nombramiento de Deborah Vieitas, actual presidenta no ejecutiva de Banco Santander Brasil, como nueva consejera independiente, en sustitución de Homaira Akbari. Este cambio refuerza la experiencia internacional y el conocimiento del sector financiero en el máximo órgano de decisión del grupo, un aspecto que también influye en la credibilidad del plan ante los inversores institucionales.
Con este conjunto de medidas —desde el giro hacia un dividendo en efectivo más relevante hasta la apuesta por la eficiencia, la tecnología y los mercados de divisa fuerte— Santander intenta sentar las bases para que la remuneración al accionista sea más alta y sostenida a lo largo del tiempo. Si las previsiones se cumplen, el pago en metálico por acción de 2028 no solo será más de dos veces el de 2025, sino que se apoyará en un modelo de negocio más rentable, diversificado y menos volátil, algo que el mercado seguirá de cerca en los próximos ejercicios.