
El panorama financiero actual está poniendo la lupa sobre un sector que durante años fue la gallina de los huevos de oro: el crédito privado. Tras una época de crecimiento desenfrenado y rentabilidades que hacían salivar a cualquiera, están empezando a salir a flote desequilibrios preocupantes que sugieren que el ciclo podría estar llegando a una fase crítica, especialmente en lo que respecta al préstamo directo a empresas.
No es que invertir en activos privados sea malo por definición, pero el problema surge cuando la compensación por no tener liquidez inmediata deja de ser atractiva. En el terreno del direct lending, la prima de iliquidez se ha encogido justo cuando los riesgos de refinanciación y la falta de transparencia en las valoraciones se han disparado, dejando a los inversores en una posición bastante delicada.
El peligro de los préstamos sin garantías estrictas
Una de las tendencias más inquietantes es el auge de los contratos conocidos como covenant-lite. Básicamente, son préstamos con restricciones financieras muy laxas que sustituyen los controles estrictos por cláusulas de incurrencia. Esto provoca que los prestamistas tengan una visión muy nublada de la salud real de la empresa, lo que en el lenguaje de calle significa que están prestando dinero a ciegas en muchos casos.
Esta opacidad se ha visto reflejada en casos recientes y sonoros. Por ejemplo, la caída de Tricolor Holdings, especializada en préstamos subprime de coches, destapó que se podrían haber utilizado las mismas garantías para respaldar varios préstamos, un movimiento que huele a fraude y que provocó el desplome de sus valores respaldados por activos (ABS). No fue un caso aislado, ya que First Brands Group también acabó en bancarrota tras un crecimiento basado en compras financiadas con deuda que no pudieron sostener.
El problema es que el mercado de crédito no bancario ha crecido tanto que hoy casi la mitad de los préstamos corporativos nuevos provienen de fondos de cobertura o firmas de capital privado, alejándose del control regulador que sí tienen los bancos tradicionales y afectando al impacto de las empresas privadas en la economía.
La tormenta perfecta: Tipos de interés e Inteligencia Artificial
El sector se ha topado con un muro: la subida de los tipos de interés del Banco Central Europeo. Muchos fondos captaron cantidades ingentes de capital en 2021, pero al subir los costes de financiación, muchas operaciones resultaron estar sobrevaloradas. Ahora, los inversores intentan recuperar su dinero, pero se encuentran con que los fondos son «semilíquidos», es decir, que limitan las salidas de capital para evitar una venta masiva de activos a precios de saldo.
A esto hay que sumarle el efecto disruptivo de la inteligencia artificial. El capital privado apostó fuerte por empresas de software en la última década, pero la IA está cambiando las reglas del juego tan rápido que muchos de esos negocios han perdido valor. Expertos señalan que más de la mitad de las operaciones de crédito privado de los últimos diez años podrían verse afectadas por este factor tecnológico.
- Sectores vulnerables: Pequeñas y medianas empresas expuestas a costes energéticos y presiones arancelarias.
- Estrategias de pago: Aumento de los pagos en especie (PIK), que básicamente es aplazar el problema del pago de intereses.
- Activos en riesgo: Empresas de software, gestores de patrimonio y corredurías de seguros.
¿Estamos ante una crisis sistémica similar a 2008?
Aquí es donde las opiniones se dividen. Algunos directivos de gigantes como Blackstone argumentan que no hay ninguna relación con la crisis de 2008 porque el crédito privado está mucho menos apalancado y los inversores son profesionales que saben dónde se meten. Para ellos, las dificultades actuales son simples ajustes de mercado y no una amenaza para la estabilidad global.
Sin embargo, reguladores y el Banco de Inglaterra ven señales de alarma. Les preocupa la fragmentación de los préstamos y cómo se están reempaquetando activos riesgosos, recordando peligrosamente a las hipotecas subprime. Existe el temor de que, si el sector de los seguros —que ha invertido mucho en estos activos para dar rentabilidad a los jubilados— no tenga reservas suficientes, el golpe pueda extenderse a la economía real.
A pesar de todo, hay vías de escape. Algunas estrategias como la financiación basada en activos (ABF) o la deuda senior inmobiliaria comercial parecen más resilientes, ya que cuentan con colaterales tangibles y no dependen tanto de los beneficios operativos de las empresas.
El escenario actual nos muestra un mercado en plena transición donde la rentabilidad nominal ha pasado a un segundo plano para dar prioridad a la solidez del balance y la calidad de las garantías. Aunque la banca tradicional ha mantenido una postura prudente y ha endurecido sus criterios, la interconexión con los fondos privados sigue siendo el punto débil que podría detonar una reacción en cadena si los impagos se generalizan y la liquidez desaparece por completo.
