La resaca económica de las fiestas navideñas se ha convertido en un clásico del calendario. Tras semanas de compras, regalos, cenas y escapadas, muchos hogares se encuentran con la cuenta corriente bajo mínimos justo cuando arranca el año y vuelven las rutinas.
Según diferentes análisis recientes, el tirón del Black Friday, las compras de Navidad y las rebajas deja huella en la mayoría de bolsillos. Cuatro de cada diez españoles reconocen que tienen problemas para llegar a fin de mes después de asumir estos gastos extraordinarios, una situación que se agrava en determinados tramos de edad y en algunas comunidades autónomas.
Un 40% de españoles llega justo a fin de mes tras las fiestas
Los estudios elaborados por Wallapop sobre hábitos de consumo en España apuntan a que el 40% de la población admite dificultades económicas cuando termina la campaña de compras de final de año. Es decir, casi la mitad de los encuestados reconoce que la combinación de Black Friday, Navidad y rebajas tensiona seriamente su presupuesto mensual.
Este porcentaje refleja el impacto que tienen en la economía doméstica los conocidos como gastos extraordinarios de diciembre, que no solo incluyen regalos y cenas, sino también pequeños caprichos, desplazamientos y compras que se acumulan sin apenas darse cuenta. Muchos consumidores asumen que en esas semanas «se gasta más» y bajan la guardia en el control del dinero, lo que se nota de inmediato al entrar en enero.
Los datos también ponen de relieve que la llamada cuesta de enero ya no se limita a los primeros días del año. La presión se prolonga durante varias semanas, tanto por los pagos domiciliados habituales (hipoteca o alquiler, suministros, seguros) como por compras aplazadas o financiadas que se arrastran del periodo navideño.
Cuánto se gasta en Black Friday y Navidad
La última edición del informe La Red del Cambio 2025, impulsado por Wallapop junto a la escuela de negocios ISDI, sitúa el foco en las cifras. De acuerdo con este trabajo, el gasto medio por persona en España durante la campaña de fin de año alcanza los 588 euros. No se trata solo de una sensación subjetiva de que se gasta más: los números confirman que el desembolso es considerable.
Ese importe se reparte, según el estudio, entre 185 euros destinados al Black Friday y 403 euros asociados a las compras navideñas. Es decir, la mayor parte del dinero se va en regalos, comidas y celebraciones de diciembre, mientras que las ofertas de finales de noviembre actúan como pistoletazo de salida del consumo y adelantan una parte del gasto que antes se concentraba en Navidad.
La sucesión de campañas comerciales encadenadas —primero Black Friday, después Navidad y, casi sin pausa, el arranque de rebajas— genera una especie de inercia de consumo. Muchos compradores sienten que «si no aprovechan ahora» las ofertas, están perdiendo una oportunidad, lo que lleva a compras impulsivas o a adelantar adquisiciones que no eran urgentes.
Este patrón se observa de forma especial en el comercio digital. Las promociones agresivas, la facilidad de compra desde el móvil y la financiación rápida empujan a consumir más de lo previsto, lo que dificulta mantener el control del presupuesto en un mes tan delicado como diciembre.
Rebajas: más ventas online y tickets más altos
Al terminar las fiestas, lejos de frenarse, el consumo se reaviva con las rebajas de invierno. Según el Informe de Rebajas 2026 de Webloyalty, las ventas online en este periodo crecerán un 15% respecto al año anterior, lo que muestra que el comercio electrónico sigue ganando peso en el arranque de año.
Además, este informe prevé que el ticket medio digital aumente un 8%, hasta situarse en torno a 297,45 euros por consumidor. Es decir, no solo habrá más compras por internet, sino que cada pedido será, de media, más caro que en el ejercicio previo, prolongando la presión sobre los presupuestos familiares.
Este contexto dibuja una paradoja llamativa: mientras una parte significativa de la población admite tener dificultades para terminar el mes, las cifras de consumo no dejan de crecer. Los expertos apuntan a varios factores detrás de esta situación, desde la presión social por mantener cierto nivel de gasto en fechas señaladas hasta el efecto de las campañas publicitarias y la facilidad para financiar compras con pocos clics.
Para muchas familias, las rebajas se presentan como una oportunidad para comprar más barato aquello que no adquirieron en Navidad, pero en la práctica suponen, en bastantes casos, un nuevo empujón al gasto cuando la economía doméstica aún no se ha recuperado del mes anterior.
Quién sufre más la cuesta de enero
Los informes elaborados a partir de los datos de Wallapop coinciden en identificar a los jóvenes de entre 18 y 24 años como el colectivo que más sufre las dificultades económicas tras la Navidad. Este grupo de edad se sitúa claramente por encima de la media nacional en cuanto a problemas para llegar a fin de mes.
Entre las causas, los analistas señalan la precariedad laboral, los salarios más bajos y la menor capacidad de ahorro de quienes están dando sus primeros pasos en el mercado de trabajo o aún compatibilizan estudios y empleo. Con menos margen para guardar dinero mes a mes, cualquier incremento de gasto, como el de diciembre, descuadra con facilidad sus cuentas.
También destacan las dificultades de las personas de 45 a 64 años. Este tramo de edad suele concentrar mayores cargas económicas: alquiler o hipoteca, hijos a cargo, gastos educativos, seguros, préstamos previos o incluso apoyo económico a familiares. En muchos casos, estas obligaciones dejan muy poco margen de maniobra para absorber los picos de gasto de las fiestas.
La combinación de compromisos financieros elevados y un entorno de subida del coste de la vida —con alimentos, energía y vivienda encarecidos en los últimos años— hace que, para estos hogares, cualquier desviación del presupuesto en diciembre se traduzca en un enero especialmente ajustado.
Diferencias por comunidades autónomas
La radiografía territorial de la cuesta de enero revela un panorama desigual. Los estudios de Wallapop sitúan a Canarias como la comunidad con mayor porcentaje de población con problemas para llegar a fin de mes tras la campaña navideña, con un 48% de personas que reconocen dificultades.
Por detrás se sitúan Cataluña, con un 46%, y Galicia, con un 45%, también claramente por encima de la media estatal. En estos territorios, la combinación de salarios, estructura del mercado laboral, coste de la vida y hábitos de consumo hace que el impacto del gasto de fin de año sea especialmente intenso.
En el extremo opuesto se encuentran País Vasco, con un 23% de encuestados que declaran problemas para llegar a fin de mes, y Castilla y León, con un 26%. Aunque en estas comunidades también se nota el esfuerzo económico del periodo navideño, el porcentaje de hogares en situación delicada es claramente menor que en las regiones más afectadas.
Las diferencias regionales se explican, en parte, por factores como el nivel salarial medio, la estabilidad del empleo, la dependencia del turismo o la estructura de precios en vivienda y servicios. También influyen distintas formas de organizar el gasto familiar y de anticipar los picos de consumo de final de año.
La paradoja del consumo y el papel de plataformas de segunda mano
Uno de los aspectos más llamativos que señalan desde Wallapop es la contradicción entre las dificultades económicas declaradas y el mantenimiento de altos niveles de consumo. Aunque muchos hogares aseguran que les cuesta llegar a fin de mes, las compras siguen al alza en campañas clave como Black Friday, Navidad y rebajas.
Desde la compañía apuntan a una presión social creciente por seguir comprando, incluso cuando las cuentas están ajustadas. A este fenómeno se suman las facilidades de pago a plazos, los créditos rápidos y las líneas de financiación asociadas a tarjetas y comercios, que permiten aparcar temporalmente el problema pero pueden complicar aún más la situación a medio plazo.
El propio comportamiento en plataformas de segunda mano refleja esta realidad. Wallapop ha detectado que, tras la campaña navideña, el número de publicaciones en su plataforma aumenta alrededor de un 8% en las primeras semanas de enero respecto al mismo periodo del año anterior. Esto sugiere que muchas personas recurren a vender artículos que ya no usan para obtener liquidez extra o, simplemente, para dar salida a compras y regalos recientes.
Este auge del mercado de segunda mano se interpreta como una respuesta pragmática a la tensión económica de inicio de año. Permite recuperar parte del dinero invertido y, al mismo tiempo, ofrece a otros consumidores la opción de acceder a productos a menor precio, algo especialmente relevante en un entorno de inflación y encarecimiento general del coste de la vida.
Por qué se repite cada año la misma historia
Más allá de los datos, expertos en planificación financiera señalan que la cuesta de enero es, en gran medida, un problema de organización del dinero y no solo de exceso de gasto puntual. El patrón se repite: diciembre concentra muchos pagos extraordinarios, enero arranca con ingresos similares a los de cualquier otro mes y el margen se reduce al mínimo.
Tradicionalmente, las pagas extraordinarias se crearon precisamente para ayudar a absorber estos picos de gasto en Navidad y en verano. Sin embargo, cuando se cobra en 12 mensualidades en lugar de 14, la responsabilidad de reservar parte del sueldo para estas fechas recae totalmente en cada persona. Sin una estrategia clara, es fácil acabar tirando de tarjeta o de crédito.
Los asesores financieros insisten en que la clave está en planificar con varios meses de antelación. Una fórmula habitual son las llamadas «cuentas hucha»: separar cada mes una cantidad destinada a cubrir los gastos de Navidad y, si se desea, también los del verano. De esta manera, en lugar de enfrentarse a una cuesta de enero imposible, se reparte el esfuerzo durante todo el año.
Cuando esta previsión no existe, el recurso habitual es el crédito. Y ahí comienza el riesgo: si se está devolviendo un préstamo, es más difícil ahorrar para el próximo pico de gasto. El resultado puede ser una espiral en la que cada año se recurre de nuevo a la financiación para cuadrar las cuentas, con intereses que van sumándose y reducen aún más la capacidad de ahorro.
Crédito fácil y riesgo de sobreendeudamiento
El acceso rápido al crédito —ya sea a través de tarjetas, líneas de financiación en comercios u otros productos a corto plazo— facilita cubrir los agujeros que deja el gasto navideño, pero también puede convertirse en una trampa si se utiliza de manera frecuente.
Los especialistas advierten de que recurrir puntualmente al crédito puede ser razonable ante un imprevisto concreto, pero si se convierte en la forma habitual de llegar a fin de mes, es una señal clara de alerta. En ese punto, aconsejan revisar el estilo de vida, anotar detalladamente los gastos y elaborar un presupuesto realista que permita ir reduciendo la dependencia de la financiación externa.
Otro riesgo es que los intereses de los préstamos a corto plazo suelen ser elevados, de modo que, a la larga, el coste de las compras festivas puede dispararse. Lo que en diciembre parecía una buena oferta puede acabar saliendo caro si se paga en varios plazos con un tipo de interés alto y sin un plan claro para devolverlo.
Ante esta situación, muchos asesores recomiendan priorizar la estabilidad financiera sobre el consumo inmediato: ajustar el nivel de gasto en las fiestas a la realidad de los ingresos, evitar endeudarse para regalos o celebraciones y, en caso de tener créditos activos, estudiar si es posible refinanciarlos en mejores condiciones.
Cómo afrontar enero cuando las cuentas no salen
Para quienes ya han comenzado el año con dificultades, los especialistas sugieren empezar por analizar de dónde vienen exactamente los problemas. Si la tensión se debe sobre todo al exceso de gasto puntual en diciembre, suele haber margen para corregir la situación a lo largo del año siguiente con una planificación más cuidadosa.
La comparación con un depósito de agua ayuda a entenderlo: si sale más de lo que entra, el nivel baja. En una economía doméstica ocurre lo mismo: si los gastos superan de forma recurrente a los ingresos, tarde o temprano aparecen las tensiones de liquidez. Detectar ese desequilibrio cuanto antes permite tomar decisiones, ya sea recortando gastos o buscando fórmulas para aumentar los ingresos.
En el terreno del gasto, una de las herramientas más eficaces es revisar en detalle los movimientos de cuenta y tarjeta. Los pagos digitales facilitan ver, casi al céntimo, en qué se va el dinero cada mes y localizar partidas prescindibles o que puedan ajustarse sin afectar en exceso al día a día.
Muchos métodos de organización financiera doméstica coinciden en que no existe una receta única válida para todo el mundo, pero sí una pregunta clave: cuánto se quiere destinar realmente a ocio, regalos y viajes. A partir de esa cifra, se puede integrar ese importe en el presupuesto mensual desde enero, en lugar de concentrar todo el esfuerzo en diciembre y confiar en que «ya se verá» cómo se paga.
En el lado de los ingresos, algunas personas optan por buscar trabajos extra puntuales, vender artículos que no utilizan o renegociar condiciones laborales cuando es posible. Aunque no siempre es fácil, cualquier incremento estable de ingresos ayuda a dar más margen al presupuesto y a reducir la dependencia de la financiación externa.
Los expertos en finanzas personales subrayan que la combinación de inflación, encarecimiento de la vivienda y aumento de ciertos suministros ha reducido el colchón de muchas familias. Por eso, la disciplina en la gestión del dinero y la anticipación de los picos de gasto son cada vez más relevantes para evitar que la cuesta de enero se convierta en una constante durante todo el año.
Todo este escenario dibuja una fotografía clara: el encadenado de Black Friday, Navidad y rebajas, unido a salarios que en muchos casos avanzan más despacio que el coste de la vida, está dejando a una parte importante de la población española con dificultades para llegar a fin de mes. Las diferencias por territorios, la mayor vulnerabilidad de jóvenes y adultos con cargas familiares y la paradoja de un consumo que no se frena pese a los problemas económicos muestran hasta qué punto la gestión del presupuesto doméstico se ha vuelto un desafío central para miles de hogares.