PIB de México: claves para entender el frenazo económico y su impacto externo

  • El PIB de México avanzó alrededor de 0,8% en 2025, evitando la recesión pero evidenciando un estancamiento prolongado.
  • Las actividades primarias y terciarias sostuvieron el crecimiento, mientras que las secundarias se contrajeron de forma relevante.
  • El último trimestre de 2025 fue el más dinámico, con un avance cercano al 0,9% trimestral y 1,8% anual.
  • De cara a 2026 se prevé un crecimiento débil, condicionado por la revisión del T-MEC, la política comercial de EE. UU. y la baja inversión.

PIB de México 2025

La economía mexicana cerró 2025 con un avance muy moderado, que muchos analistas ya califican como un periodo de crecimiento crónicamente bajo más que como una recuperación sólida. Las últimas cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) confirman que el país esquivó la recesión, pero se mantiene lejos de su potencial.

A lo largo del año, el Producto Interno Bruto (PIB) de México se expandió en torno al 0,8% frente a 2024, según los datos definitivos del Inegi. La cifra mejora ligeramente la estimación preliminar (0,7%) y supera las previsiones de buena parte del mercado, que situaban el aumento entre el 0,4% y el 0,6%, pero sigue reflejando un estancamiento prolongado tras el rebote posterior a la pandemia.

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Un crecimiento mejor de lo esperado, pero insuficiente

Datos de PIB México 2025

En términos generales, las cuentas nacionales muestran un escenario en el que México logró sortear los pronósticos más pesimistas de recesión, pero sin lograr engancharse a una senda de expansión robusta. La tasa de crecimiento de 2025 se situó claramente por debajo del 1,5% registrado en 2024, del 3,3% en 2023, del 3,9% en 2022 y del 6,1% en 2021.

Varios economistas subrayan que el país se ha ido alejando de su capacidad de crecimiento potencial, estimada en torno al 2%. Entre quienes han puesto el foco en esta brecha se encuentran estrategas de Bank of America Securities y Bx+, que hablan abiertamente de un problema de “falta de crecimiento crónico”. La economía también se ha quedado rezagada frente a la media histórica de expansión entre 2000 y 2018, situada cerca del 1,8% anual.

Desde una óptica internacional, estos porcentajes llaman la atención en Europa y España, donde México se considera un socio relevante tanto para la Unión Europea como para las empresas españolas con fuerte presencia en sectores como banca, energía o infraestructuras. Un entorno de bajo crecimiento limita la generación de demanda interna y puede moderar las oportunidades de negocio para firmas europeas instaladas en el país.

Organismos como el Banco de México, la Cepal o el Fondo Monetario Internacional también habían revisado al alza sus proyecciones a lo largo de 2025, pero siempre dentro de un rango modesto. Mientras el Gobierno mexicano esperaba un crecimiento de entre el 2% y el 3%, las cifras efectivas quedaron bastante por debajo, alineándose mejor con los cálculos más prudentes de los bancos centrales y las instituciones multilaterales.

Comportamiento sectorial: servicios y campo tiran del carro

Sectores del PIB México 2025

El detalle sectorial muestra una economía a dos velocidades, en la que los servicios y las actividades primarias ejercen de soporte, mientras la industria lastra el balance general. En todo 2025, las actividades vinculadas a la agricultura, ganadería y silvicultura avanzaron alrededor de un 4%, y en algunas mediciones incluso superaron el 4,2%. Se trata de la mayor tasa de crecimiento del campo mexicano en varios años.

No obstante, el peso del sector primario en el PIB es relativamente reducido, oscilando en torno al 3,4%-4,5% del total, por lo que su buen desempeño no es suficiente para compensar las debilidades de áreas más voluminosas de la economía. Aun así, el dinamismo agropecuario es relevante para socios comerciales, entre ellos varios países europeos importadores de productos mexicanos.

Las actividades terciarias —comercio, transporte, servicios financieros, recreativos y de salud— crecieron aproximadamente un 1,5% en el conjunto del año. Dentro de este bloque, algunos segmentos mostraron un comportamiento especialmente positivo: el comercio minorista avanzó por encima del 4%, los servicios recreativos rondaron incrementos de dos dígitos y los servicios de salud crecieron cerca del 4%.

En contraste, otras ramas del terciario sufrieron retrocesos, como los servicios de alojamiento, restauración y bebidas, el comercio mayorista y determinados segmentos vinculados al turismo, uno de los canales clave de relación económica con Europa y España. Dada la importancia del turismo europeo —y del español en particular— para México, la evolución de estos servicios se sigue con atención a ambos lados del Atlántico.

El punto más delicado se sitúa en las actividades secundarias: industria manufacturera, construcción y minería. En el saldo anual, este bloque registró una contracción en torno al 1,1%-1,3%, acumulando dos años consecutivos de caídas. La minería fue el eslabón más débil, con descensos cercanos al 6,5% en algunos registros, mientras que la industria manufacturera también mostró un comportamiento discreto pese a representar cerca del 10% del PIB.

El cuarto trimestre marca un repunte, pero no cambia el cuadro

Trimestre final PIB México 2025

La evolución trimestral aporta matices importantes: entre octubre y diciembre de 2025 se registró el mejor desempeño del año. Con cifras ajustadas por estacionalidad, el PIB avanzó alrededor de un 0,9% respecto al trimestre anterior y un 1,8% en comparación con el mismo periodo de 2024, superando las estimaciones oportunas iniciales.

Por componentes, tanto las actividades secundarias como las terciarias crecieron alrededor del 0,9% en tasa trimestral en el cuarto trimestre, mientras que el sector primario retrocedió un 1,4% en ese mismo periodo. En términos interanuales, sin embargo, las actividades agropecuarias mostraron incrementos notables, con tasas superiores al 7% según algunas series, acompañadas de avances algo más moderados en servicios e industria.

Este último tramo del año fue calificado por firmas como Goldman Sachs y Pantheon Macroeconomics como una “nota positiva” para entrar en 2026. Analistas como Alberto Ramos y Andrés Abadía vinculan el repunte a factores como el efecto rezagado de recortes de tipos de interés, la apreciación del peso mexicano y la moderación de la inflación, que dieron algo de oxígeno a la demanda interna.

Sin embargo, los expertos insisten en que el impulso del cuarto trimestre es insuficiente para revertir las debilidades estructurales. Para 2026 mantienen previsiones de crecimiento moderado, generalmente por debajo del 2%, con escenarios que van del entorno del 1% al 1,8% según la institución. La mayoría coincide en que la inversión seguirá resentida por un entorno de elevada incertidumbre tanto externa como interna.

El Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), que sirve como termómetro adelantado del PIB, también reflejó una aceleración a cierre de año. En diciembre de 2025 el IGAE creció un 0,4% mensual y un 2,4% interanual, impulsado por las actividades primarias y por una mejora en el sector de transportes, correos y almacenamiento, que registró avances mensuales cercanos al 1,5%.

Factores de riesgo: T-MEC, política comercial y clima interno

Detrás de este patrón de crecimiento débil se encuentran varios elementos de incertidumbre que los mercados europeos siguen con atención. Uno de los más relevantes es la revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), prevista en un contexto de tensiones comerciales y arancelarias promovidas desde Washington.

Economistas de bancos de inversión y consultoras internacionales señalan que la posible reconfiguración del marco comercial de Norteamérica podría afectar tanto a las exportaciones mexicanas como a las estrategias de inversión extranjera directa, incluida la de grupos europeos que utilizan México como plataforma productiva para abastecer al mercado estadounidense mediante esquemas de nearshoring.

A esto se suma la incertidumbre política interna, con la implementación de reformas como la judicial y con debates en torno al gasto público y la institucionalidad económica. Analistas como Gabriela Siller (Banco Base) apuntan a factores como el debilitamiento institucional, el aumento de la informalidad, la caída de la inversión fija y una productividad estancada como elementos que están anclando el PIB a tasas muy reducidas.

Consultoras como KPMG también destacan que, de cara a 2026, México deberá gestionar un entorno global más complejo, donde las tensiones geopolíticas y los ajustes en cadenas de suministro podrían generar presiones adicionales sobre la inflación y condicionar el aprovechamiento completo del fenómeno del nearshoring. Para inversores europeos, estos riesgos se traducen en un escenario de oportunidades selectivas pero con un perfil de riesgo más elevado.

En paralelo, el Gobierno mexicano ha intentado contrarrestar estos factores mediante programas como el Plan México, lanzado a inicios de 2025 para reforzar el desarrollo económico y reducir la dependencia de las decisiones comerciales de Estados Unidos. No obstante, el primer año de aplicación muestra que la inversión todavía no despega con la fuerza necesaria y que el impacto sobre el crecimiento potencial, por ahora, es limitado.

Implicaciones para España y Europa

Para España y la Unión Europea, el comportamiento del PIB de México en 2025 tiene varias lecturas. Por un lado, la ausencia de recesión y el ligero avance del PIB permiten mantener en marcha los planes de negocio de grandes compañías europeas que operan en el país, especialmente en sectores como banca, energía, telecomunicaciones, automoción y servicios.

Por otro, el estancamiento por debajo del potencial implica que la expansión del mercado mexicano será más lenta de lo que se anticipaba hace unos años. Esto puede llevar a empresas españolas y europeas a ajustar sus expectativas de crecimiento de ingresos en el país, diversificar más hacia otros mercados de América Latina o priorizar segmentos con mejor comportamiento, como determinados servicios o actividades ligadas a cadenas de valor globales.

El debate en torno al T-MEC y la política comercial estadounidense resulta especialmente relevante para las multinacionales europeas que han apostado por México como plataforma exportadora hacia Norteamérica. Cambios en reglas de origen, aranceles o requisitos regulatorios podrían obligar a revisar estrategias de producción y logística, con un impacto potencial sobre las decisiones de inversión a medio plazo.

No obstante, el tirón de sectores como el agroalimentario y algunos servicios especializados abre espacios de cooperación económica y tecnológica entre México y Europa. En este punto, España, por su perfil inversor y su experiencia en infraestructuras, turismo y energías renovables, se mantiene bien posicionada para aprovechar proyectos que busquen modernizar la economía mexicana y elevar su productividad.

En conjunto, el comportamiento del PIB mexicano en 2025 configura un panorama en el que se evita el escenario más negativo, pero persisten retos estructurales importantes. La combinación de un crecimiento muy moderado, una industria en contracción y una inversión todavía tímida obliga a gobiernos, empresas e inversores —también europeos— a seguir de cerca la evolución de la economía mexicana en los próximos años y a valorar con cautela tanto los riesgos como las posibles oportunidades que puedan ir surgiendo.