Morosidad de las familias: el crédito se complica para los hogares

  • La morosidad de las familias alcanza el 9,3% y triplica la de un año antes, con máximos desde 2010.
  • Los mayores problemas se concentran en préstamos personales, tarjetas y créditos prendarios.
  • El crédito a empresas y hogares gana peso en los balances bancarios hasta el 43,9% del activo total.
  • Pese al aumento de la mora, el sistema mantiene solvencia y provisiones elevadas, aunque con menor rentabilidad.

morosidad de las familias en el sistema financiero

La morosidad de las familias en el sistema financiero se ha convertido en uno de los principales focos de preocupación de las autoridades monetarias y de los bancos. Los últimos datos oficiales muestran que los hogares tienen cada vez más dificultades para llegar a fin de mes y cumplir con las cuotas de sus préstamos, especialmente en los productos de consumo.

En 2025, el ratio de irregularidad de los créditos a hogares escaló hasta el 9,3%, una cifra que multiplica por más de tres el nivel registrado un año antes y que supone el mayor valor desde que existen registros comparables. Aunque el crédito siguió creciendo con fuerza, el deterioro en la capacidad de pago de las familias ha encendido todas las alarmas.

Un salto histórico en la morosidad de las familias

aumento de la morosidad de las familias

la morosidad en préstamos personales y tarjetas de crédito
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Los datos del Banco Central señalan que la tasa de mora de los hogares alcanzó el 9,3% en diciembre, frente al 2,5% registrado al cierre del ejercicio anterior. Es decir, en apenas doce meses, el porcentaje de créditos familiares con retrasos o impagos se ha más que triplicado, marcando un máximo de los últimos 15-16 años.

Este empeoramiento de la situación de los hogares fue el principal responsable de que el ratio de irregularidad del crédito total al sector privado subiera hasta el 5,5%, desde el 1,6% de finales del año previo. Aunque el sistema financiero arrastra un aumento generalizado de la mora, el golpe se concentra claramente en las economías domésticas.

En contraste, la morosidad de las empresas se situó en torno al 2,5%. También hubo un repunte respecto al año anterior, cuando rondaba el 0,8%, pero el nivel continúa siendo significativamente más bajo que el observado en las familias. El desajuste entre la situación de los hogares y la del tejido productivo es una de las notas distintivas del último ejercicio.

El incremento de los atrasos ha sido especialmente acusado en los últimos meses del año, con subidas mensuales de alrededor de 0,5 puntos porcentuales en la mora de hogares y de 0,3 puntos en el conjunto del crédito privado. Este ritmo de deterioro confirma que el problema no es puntual, sino una tendencia que se ha ido consolidando a lo largo del ejercicio.

En términos históricos, los analistas destacan que el nivel actual aún está por debajo de los picos de grandes crisis anteriores dentro del sistema bancario tradicional. Sin embargo, advierten de que el contexto es delicado, sobre todo si se tiene en cuenta lo que ocurre fuera del circuito bancario regulado.

Préstamos personales, tarjetas y prendarios: los más golpeados

Dentro del universo de deuda de las familias, el deterioro no ha sido homogéneo. Los mayores problemas se concentran en los préstamos personales y en las financiaciones de consumo, donde el impacto de los tipos de interés elevados y de la pérdida de poder adquisitivo se siente con más intensidad.

Según los datos del Banco Central, la irregularidad en los préstamos personales ronda el 12%, cuando apenas un año antes se situaba cerca del 3,3%. Esto implica que, en muy poco tiempo, se ha cuadruplicado el porcentaje de créditos personales con atrasos, una señal clara de que muchas familias han llegado al límite de su capacidad de endeudamiento.

Las tarjetas de crédito también muestran un deterioro importante. La tasa de mora en este segmento se sitúa en torno al 9,3% de las financiaciones a familias, tras un salto cercano a 7,4 puntos porcentuales en un solo año. El uso de la tarjeta como herramienta para cubrir gastos corrientes, unido a intereses elevados, ha acabado tensionando al máximo los presupuestos domésticos.

En el caso de los créditos con garantía real, como los hipotecarios y los prendarios (los que se utilizan, por ejemplo, para la compra de vehículos), las cifras de morosidad son más bajas, pero siguen una senda ascendente. En hipotecas, el nivel de irregularidad se aproxima al 1,2%, ligeramente por encima del 1% de un año antes.

La situación es algo más delicada en los préstamos prendarios, donde la mora ha aumentado alrededor de 2,2 puntos porcentuales en el año, hasta situarse en el 5,8% a finales de 2025. Dentro de este grupo, los créditos ajustados por índices como la inflación han sufrido un deterioro aún mayor, con tasas de impago superiores al 7%.

El ahogo financiero de los hogares: causas de fondo

Detrás del salto en la morosidad de las familias se combinan varios factores. Por un lado, las tasas de interés continúan en niveles elevados, lo que encarece el coste del crédito y aumenta el peso de las cuotas mensuales sobre la renta disponible.

Al mismo tiempo, la inflación y la falta de una recomposición sólida de los salarios han limitado la capacidad de los trabajadores para hacer frente a sus compromisos financieros. Incluso en un contexto de menor ritmo inflacionario, las cuotas dejan de «licuarse» con la misma rapidez que antes, de modo que representan una porción mayor del ingreso familiar.

Esta dinámica es especialmente visible en los préstamos ajustados por índices vinculados a la inflación o a variables financieras: cuando las cuotas crecen más deprisa que los salarios reales, la capacidad de pago se resiente y los atrasos se disparan. Muchos hogares entran así en una espiral en la que la deuda pesa cada vez más sobre un presupuesto que no deja de estrecharse.

Los especialistas advierten de que la relación entre la cuota mensual y los ingresos esperados en el momento de contratar el crédito ha cambiado de forma notable. Lo que hace unos años podía parecer una carga asumible, hoy resulta excesivo para un número creciente de familias, forzadas a priorizar entre gastos básicos y obligaciones financieras.

En paralelo, se ha extendido el uso de productos de financiación alternativos, como tarjetas de grandes cadenas, plataformas digitales o créditos ofrecidos por fintech y comercios, que en muchos casos aplican tipos de interés aún más altos que la banca tradicional. Esto multiplica el riesgo de sobreendeudamiento para los segmentos más vulnerables.

El papel del crédito no bancario y los sectores más vulnerables

Si la imagen dentro del sistema bancario ya es preocupante, el escenario es todavía más frágil en las entidades no bancarias que conceden créditos al consumo: cooperativas, mutuales, financieras especializadas o plataformas digitales, entre otras.

En este circuito paralelo al banco tradicional, la mora alcanza niveles cercanos al 22,8%. Se trata de un porcentaje muy superior al que se observa en las entidades reguladas y afecta, sobre todo, a personas con menores ingresos o con historiales crediticios más débiles, que tienen más difícil acceder a la financiación bancaria clásica.

Estudios recientes apuntan a que, alrededor de la mitad de la población adulta mantiene algún tipo de deuda con bancos, fintech u otras entidades de crédito. Este crecimiento en el número de deudores se ha concentrado especialmente en quienes operan con entidades no financieras, mientras que los exclusivamente vinculados a la banca tradicional incluso han disminuido ligeramente.

La combinación de tipos de interés elevados, plazos cortos y menor supervisión hace que el sobreendeudamiento sea más probable en este segmento. Cuando los ingresos del hogar sufren cualquier tropiezo, ya sea por pérdida de empleo, reducción de jornada o simple erosión del salario real, el margen para seguir atendiendo todas las cuotas se reduce drásticamente.

Todo ello genera un círculo vicioso: las familias recurren a créditos alternativos para tapar agujeros en sus finanzas, pero esas mismas deudas aumentan la probabilidad de impago y empeoran su situación patrimonial. El resultado es un deterioro acelerado de la calidad de la cartera de estas entidades y una presión adicional sobre los hogares más frágiles.

Más crédito, pero con mayor riesgo en los balances bancarios

Paradójicamente, este empeoramiento de la morosidad se produce en un contexto en el que el crédito al sector privado se ha expandido con fuerza. Si se combinan los préstamos en moneda local y en divisas, el financiamiento a empresas y familias creció en términos reales a lo largo del último año, consolidando un cambio de perfil en los balances bancarios.

A cierre de 2025, el crédito a hogares y compañías representaba el 43,9% del activo total de las entidades. Este porcentaje supone un incremento de unos 8,6 puntos porcentuales respecto al año anterior y refleja un proceso de «crowding in» del sector privado: el sistema financiero ha ido sustituyendo parte de su exposición al sector público por mayor crédito a la economía real.

En paralelo, la participación del financiamiento al sector público se redujo hasta el 27,8% del activo total. De este modo, los bancos han dejado de apoyarse tanto en instrumentos como bonos o pasivos remunerados del Estado y han vuelto a destinar una mayor proporción de sus recursos a prestar a empresas y hogares.

Dentro de esta expansión, las líneas respaldadas por garantías reales han sido especialmente dinámicas. Los créditos hipotecarios, por ejemplo, registraron cerca de 3.000 nuevas altas en el último mes del año, acumulando alrededor de 43.700 nuevos deudores en el conjunto del ejercicio y elevando el total de hipotecados hasta unos 179.500, lo que supone un aumento cercano al 20,6% respecto al año anterior.

Este crecimiento del crédito, no obstante, viene acompañado de un aumento de la exposición al riesgo de incobrabilidad. A medida que los préstamos a hogares y empresas ganan peso en el activo de los bancos, los problemas de pago se traducen en mayores necesidades de provisiones y en una presión añadida sobre los márgenes de rentabilidad.

Depósitos, provisiones y solvencia del sistema financiero

El incremento de la mora ha obligado a las entidades a reforzar sus colchones de seguridad. Según los datos del Banco Central, las provisiones totales representan alrededor del 93% del saldo de créditos en situación irregular. Es decir, por cada 100 unidades de préstamos problemáticos, los bancos tienen constituidas previsiones por un valor cercano a 93.

Si se analiza el volumen de provisiones sobre el conjunto de crédito al sector privado, este indicador se sitúa en torno al 5,2%, prácticamente el doble que un año antes. Esto muestra que, mientras la cobertura específica de la cartera irregular se ha reducido respecto a ejercicios previos, el sistema ha aumentado el porcentaje del total prestado que mantiene reservado ante posibles pérdidas.

Por el lado del fondeo, los depósitos del sector privado en moneda local crecieron en torno al 7,7% real durante el último año, impulsados sobre todo por las imposiciones a plazo, que avanzaron cerca de un 15,8% en términos reales. En moneda extranjera, los depósitos de clientes privados aumentaron alrededor de un 17,7% en el mismo periodo.

A pesar del aumento de los créditos problemáticos y de los cambios en la composición de los activos, los indicadores de solvencia del sistema se mantienen robustos. La integración de capital se sitúa en torno al 28,6% de los activos ponderados por riesgo, con un exceso de capital superior al 250% respecto de las exigencias regulatorias mínimas.

La liquidez, por su parte, ronda el 32,9% de los depósitos en moneda nacional, considerando disponibilidades y títulos públicos computables, lo que supone un descenso de casi 3 puntos porcentuales en comparación con el año anterior. Aunque sigue en niveles holgados, esta reducción refleja la mayor canalización de recursos hacia el crédito privado y la adaptación a un entorno financiero distinto.

Rentabilidad y retos para el próximo ejercicio

El empeoramiento de la morosidad y el refuerzo de provisiones tienen un impacto directo sobre los resultados de las entidades. En 2025, la rentabilidad sobre activos (ROA) se situó en torno al 1%, mientras que la rentabilidad sobre patrimonio (ROE) rondó el 4,4%, cifras positivas pero inferiores a las del año precedente.

El Banco Central atribuye esta caída en la rentabilidad, en parte, a un menor margen financiero real y al aumento de los cargos por incobrabilidad asociados al alza de la mora. Es decir, los bancos han tenido que destinar más recursos a cubrir posibles pérdidas por créditos impagados, reduciendo así el beneficio neto.

De cara al próximo ejercicio, el gran desafío será compatibilizar la expansión del crédito con el control del riesgo. El sistema financiero se enfrenta a la tarea de sostener el proceso de profundización financiera, sin que el aumento de la exposición a hogares y empresas erosione su solidez.

Para los hogares, el contexto se presenta exigente: cuotas más pesadas, salarios que no terminan de recuperar terreno e intereses todavía elevados dibujan un escenario en el que cada nueva decisión de endeudarse debe valorarse con especial prudencia. Cualquier mejora en la morosidad dependerá, en buena medida, de la evolución de la actividad económica y del mercado laboral.

En conjunto, los datos dibujan una imagen clara: la morosidad de las familias se ha convertido en el principal foco de vulnerabilidad dentro de un sistema financiero que sigue siendo solvente y líquido, pero que ya nota en sus cuentas el peso de unos hogares más endeudados y con menos margen para absorber nuevos sobresaltos económicos.