La Reserva Federal de Estados Unidos ha anunciado este miércoles una subida de los tipos de interés de 25 puntos básicos, hasta situar el precio del dinero en un rango objetivo del 3,75% y el 4%. Se trata de la primera subida desde julio de 2023, y llega en un momento de fuerte presión inflacionista en la mayor economía del mundo.
La decisión, adoptada por unanimidad por los doce miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC), supone un desafío directo al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que había reclamado una y otra vez una bajada de tipos. El nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, ha optado por cumplir con el mandato de estabilidad de precios antes que plegarse a las exigencias de la Casa Blanca.
Un giro inesperado en la política monetaria
La subida de tipos era algo que los mercados daban casi por hecho, pero no por ello deja de ser significativa. La Fed rompe así con una tendencia de mantenimiento y recortes previos que venía aplicando desde finales de 2025. El contexto geopolítico, con el conflicto en Oriente Medio y la escalada del precio del petróleo, ha disparado la inflación, que en agosto se situó en el 3,4%, cinco décimas por encima de la variación interanual anterior.

Warsh ya había avisado en agosto, durante el simposio de Jackson Hole, de que la evolución de los precios era «preocupante» y que la Fed tendría «trabajo pendiente» si la inflación no remitía. Su mensaje cambió por completo respecto a las intervenciones anteriores, en las que había dejado entrever que los tipos podrían bajar. Finalmente, la realidad se ha impuesto y ha tenido que dar marcha atrás.
La inflación, el principal caballo de batalla
El índice de precios del gasto en consumo personal (PCE), el indicador favorito de la Fed, marcó un 3,7% en julio, mientras que la inflación subyacente se situó en el 3,3%. Estas cifras están muy lejos del objetivo del 2% que el banco central se ha marcado como meta. El encarecimiento de la energía, con el barril de West Texas Intermediate por encima de los 100 dólares, y las políticas arancelarias de Trump están detrás de este repunte.
Los datos de empleo, sin embargo, ofrecen cierta tranquilidad. En agosto se crearon 162.000 nuevos puestos de trabajo, una cifra muy superior a los 21.000 de julio y que supera las expectativas de los analistas. La tasa de paro se mantiene en el 4,1%, rozando el pleno empleo. Esta fortaleza del mercado laboral da margen a la Fed para centrarse en la inflación sin temor a frenar la actividad.
Reacciones en los mercados y presión política
La decisión ha tenido un impacto inmediato en los mercados financieros. El rendimiento del bono del Tesoro a 10 años superó el 5% esta semana, un nivel que no se veía desde 2007, mientras que el bono a 30 años rozó el 5,35%. Las hipotecas a tipo fijo a 30 años también han subido, situándose en el 6,76% según Freddie Mac. Esto añade más presión a una clase media que ya sufre el encarecimiento de la cesta de la compra y la gasolina.

Trump, que llegó a insultar al predecesor de Warsh, Jerome Powell, no ha ocultado su malestar. El asesor económico de la Casa Blanca, Kevin Hassett, aseguró en Fox News que Trump «no va a estar super contento», pero que defenderá la independencia de la Fed. La senadora demócrata Elizabeth Warren fue más dura y acusó a Trump de «provocar un aumento de los costos tan grande que incluso su títere en la Reserva Federal podría subir las tasas».
El papel de la inteligencia artificial
Otro factor que preocupa a los responsables de la Fed es el enorme gasto en infraestructura de inteligencia artificial. Según las actas de la reunión de julio, varios miembros del comité señalaron que las inversiones en centros de datos podrían tener efectos más amplios sobre los precios. Estas inversiones están generando una demanda enorme de recursos, desde chips hasta energía, lo que podría mantener la inflación alta durante más tiempo.
Warsh, sin embargo, ha defendido que la economía es lo bastante sólida para absorber el impacto. La Fed ha revisado al alza sus previsiones de crecimiento para este año y el próximo, situando el PIB en el 2,3% y 2,4% respectivamente. Esta dinámica, unida a la baja tasa de paro, da margen para seguir subiendo tipos si fuera necesario.
Perspectivas de futuro
Las proyecciones de la Fed incluyen una posible nueva subida antes de que acabe el año. 18 de los 19 miembros del comité pronostican al menos otro incremento de 25 puntos básicos, según el cuadro de puntos actualizado. Los mercados ya descuentan con un 50% de probabilidad que esa subida llegue en diciembre.

En su rueda de prensa, Warsh insistió en que la decisión de este miércoles «comienza a demostrar que nos tomamos esto en serio» y que la Fed está comprometida con la disciplina de estabilidad de precios. También dejó claro que no considera que los tipos actuales sean restrictivos, lo que abre la puerta a nuevas subidas si la inflación no da tregua.
La subida de tipos en Estados Unidos llega en un momento en que otros bancos centrales también están endureciendo su política monetaria. El BCE ya ha dado pasos en esa dirección, y el próximo movimiento del Banco de Japón se espera para los próximos días. Todo apunta a que el ciclo de tipos bajos ha quedado atrás, y los consumidores tendrán que adaptarse a un nuevo escenario con mayores costes financieros.


