
La alianza petrolera OPEP+, encabezada por Arabia Saudí y Rusia, ha optado por mantener sin variaciones su producción de crudo, dejando congelado el nivel actual de oferta al menos durante el próximo mes. La decisión llega en un contexto de fuerte tensión geopolítica y de subidas relevantes en las cotizaciones internacionales del petróleo, lo que mantiene en vilo a gobiernos y empresas energéticas, especialmente en Europa.
Este movimiento se acordó en una breve teleconferencia ministerial celebrada un domingo entre los responsables de Energía y Petróleo de los principales productores del bloque. Pese a la escalada de precios impulsada por los roces entre Estados Unidos e Irán, la alianza ha preferido no introducir cambios inmediatos en sus planes, priorizando la estabilidad del mercado frente a ajustes de última hora.
Una decisión que consolida la pausa en los aumentos de oferta

La OPEP+ ha confirmado que, de momento, no retomará los incrementos de producción previstos para marzo de 2026. La decisión ratifica el acuerdo cerrado el 2 de noviembre de 2025, cuando el grupo optó por frenar el aumento gradual del suministro ante las oscilaciones estacionales y la incertidumbre sobre la demanda global.
En la nota difundida tras la reunión, los ministros resaltan que las perspectivas económicas mundiales se consideran relativamente estables y que los “fundamentos actuales del mercado petrolero” no justifican, por ahora, un giro en la política de producción. El mensaje, dirigido tanto a los mercados como a los consumidores, busca transmitir que no habrá sobresaltos adicionales por el lado de la oferta.
Los ocho países clave de la alianza -Arabia Saudí, Rusia, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait, Kazajistán, Argelia y Omán– veían revirtiendo de forma escalonada, entre abril y diciembre de 2025, una parte importante de los recortes voluntarios aplicados desde 2023 para apuntalar los llamados ‘petroprecios’. En esos meses, las subidas mensuales llegaron a sumar 2,9 millones de barriles diarios (mbd), el equivalente a casi el 3 % de la producción mundial.
Aun así, al grupo todavía le quedaría más de un millón de barriles diarios por recuperar para deshacer completamente las reducciones voluntarias previas, asociadas a un recorte de 2,2 mbd y otro de 1,65 mbd. Sin embargo, la tendencia a la baja que mostraron los precios del crudo en otoño llevó a la OPEP+ a decretar una pausa en los incrementos para enero, febrero y marzo de 2026.
En paralelo, la organización subraya que los países implicados se reservan la posibilidad de retomar los aumentos de producción a partir de abril, siempre que las condiciones del mercado lo permitan. Para ello, los ministros han convocado una nueva reunión telemática para el 1 de marzo, en la que volverán a evaluar si reactivan la senda de mayor bombeo o prolongan la contención.
Ocho países mantienen recortes voluntarios más allá de los límites oficiales

La decisión de congelar la oferta se apoya en el compromiso de ocho productores que aplican recortes voluntarios adicionales, al margen de las cuotas formales fijadas por la OPEP+. Según el comunicado oficial, Rusia, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Argelia, Kuwait, Kazajistán y Omán mantendrán en marzo de 2026 los niveles actuales de producción, sin activar los incrementos que estaban sobre la mesa.
Estos países han defendido que, en un entorno de fuertes oscilaciones de precios y de demanda irregular, proteger la estabilidad del mercado pasa por evitar movimientos bruscos de producción. No se trata solo de sostener los ingresos de los exportadores de crudo, sino también de contener un escenario de volatilidad extrema que podría golpear a economías importadoras, como las europeas, muy expuestas a cambios repentinos de las cotizaciones.
En diciembre de 2024, la OPEP+ acordó extender hasta finales de 2026 un recorte conjunto de 1,65 millones de barriles diarios, que se suma a los ajustes voluntarios de 2,2 millones de barriles diarios que los grandes productores comenzaron a retirar de manera gradual a partir de abril de 2025. La congelación actual supone, en la práctica, prolongar una parte de ese esfuerzo de contención.
La propia organización recuerda que las medidas de ajuste adoptadas desde 2023 han tenido como objetivo suavizar los vaivenes del mercado petrolero, evitando tanto desplomes de precios como escaladas descontroladas. En este sentido, la congelación de la producción se interpreta como una señal de que la OPEP+ prefiere actuar con cautela ante una coyuntura marcada por riesgos geopolíticos y dudas sobre el crecimiento global.
Para los países de la Unión Europea, grandes importadores de crudo y con una fuerte dependencia energética exterior, esta estrategia supone convivir con precios relativamente elevados pero más previsibles. Aunque la política de recortes ayuda a sostener las cotizaciones, también reduce la probabilidad de hundimientos abruptos que podrían desincentivar la inversión en capacidad de producción y generar futuros cuellos de botella.
El comité de seguimiento respalda la continuidad del acuerdo
En paralelo a la reunión ministerial, el Comité Ministerial Conjunto de Seguimiento (JMMC) de la OPEP+ se reunió ese mismo domingo y recomendó mantener sin cambios los parámetros actuales del acuerdo de producción. Tras revisar los datos de noviembre y diciembre de 2025, el organismo constató un alto grado de cumplimiento por parte de los países adheridos a la Declaración de Cooperación.
El JMMC subraya que la disciplina mostrada por los miembros de la alianza es clave para que la estrategia conjunta funcione. De hecho, se insta a los países que hayan superado sus límites en algún momento a compensar esos excesos conforme a los calendarios actualizados, pero sin introducir medidas punitivas nuevas ni revisiones drásticas de las cuotas.
La próxima reunión de este comité de seguimiento está programada para el 5 de abril, fecha en la que ya se dispondrá de más información sobre la evolución de la economía mundial, las previsiones de demanda y el impacto real de las tensiones geopolíticas. A partir de ahí, la OPEP+ decidirá si ajusta su hoja de ruta o prolonga el actual marco de producción.
Las autoridades de la organización insisten en que el objetivo es mantener un equilibrio razonable entre oferta y demanda, evitando tanto un exceso de crudo que hunda los precios como una escasez que dispare los costes para consumidores e industrias. Esta visión es especialmente relevante para Europa, donde sectores como el transporte, la aviación y buena parte de la industria dependen todavía en gran medida de los derivados del petróleo.
Volatilidad en los precios: Brent y WTI al alza
La congelación de la producción se produce en un momento en el que las cotizaciones del crudo vienen registrando fuertes subidas. El barril de Brent, referencia fundamental para Europa, había comenzado el año en torno a 60,75 dólares y cerró un viernes reciente en 70,71 dólares, lo que supone una ganancia semanal del 8,64 % tras añadir 5,62 dólares.
Por su parte, el petróleo intermedio de Texas (WTI), referente en Estados Unidos pero también seguido de cerca por los mercados europeos, avanzó un 7,6 % en el mismo periodo, al sumar 4,58 dólares hasta situarse en 65,21 dólares por barril. En términos acumulados, estos niveles suponen casi un 12 % más que al comienzo de enero, lo que evidencia la presión alcista de los últimos días.
Detrás de estas subidas no solo está la estrategia de la OPEP+, sino sobre todo los temores a un posible conflicto entre Estados Unidos e Irán, uno de los productores clave de la organización. Irán es actualmente el cuarto miembro de la OPEP por volumen de bombeo, con alrededor de 3,3 millones de barriles diarios, una capacidad que resulta decisiva para el equilibrio del mercado.
Los analistas alertan de que un ataque o escalada militar que afecte a la República Islámica podría derivar en interrupciones significativas de suministro, tanto por la caída de sus exportaciones directas como por el impacto en las rutas marítimas de la región. En 2024 ya se vivieron episodios de tensión similares entre Irán e Israel, que llevaron el precio del barril a rondar los 91 dólares.
En este escenario, la decisión de la OPEP+ de no incrementar la oferta añade un componente adicional de incertidumbre para los consumidores europeos. Un encarecimiento prolongado del Brent encaja mal con los intentos de contener la inflación en la eurozona y obliga a los gobiernos a revisar sus previsiones de gasto energético, tanto en el ámbito doméstico como en el industrial.
Riesgos geopolíticos: el estrecho de Ormuz en el punto de mira
Más allá de los datos de producción, uno de los elementos que más inquietan a los mercados es la posibilidad de que la crisis entre Washington y Teherán termine afectando al estrecho de Ormuz, un paso marítimo estratégico por el que transita casi el 20 % del petróleo que se consume en el mundo. Cualquier alteración en este corredor se traduciría de forma inmediata en tensiones de precios.
Los expertos consultados por distintas agencias internacionales coinciden en que un bloqueo, incluso parcial, de este paso podría impulsar el barril hasta rangos de 90 o 100 dólares en cuestión de días. Para Europa, que importa buena parte de su crudo desde Oriente Medio y otras regiones conectadas por esta ruta, un escenario así encarecería de golpe los costes de transporte, calefacción y producción industrial.
Las declaraciones del líder supremo iraní, Alí Jameneí, tampoco han contribuido a rebajar la tensión. El dirigente advirtió que cualquier enfrentamiento militar con Estados Unidos podría derivar en “una guerra regional”, un mensaje que los mercados interpretan como señal de que el conflicto podría extenderse y afectar a múltiples países productores de la zona.
En este contexto, la postura prudente de la OPEP+ -mantener su estrategia y evitar cambios bruscos- pretende ofrecer cierto ancla de previsibilidad, aunque no elimina los riesgos derivados de la geopolítica. De hecho, el propio vice primer ministro ruso, Alexandr Nóvak, ha señalado que el mercado petrolero sigue mostrando una volatilidad elevada ligada principalmente a estos factores externos.
Para la Unión Europea y para España, que dependen de las importaciones de crudo, un repunte sostenido del precio del barril podría tener efectos directos sobre el coste de la energía, la inflación y la competitividad de las empresas. De ahí que tanto Bruselas como los gobiernos nacionales sigan con atención la evolución de las tensiones en Oriente Medio y las respuestas de la OPEP+.
Quién forma parte de la OPEP+ y cómo se coordina la producción
La OPEP nació en 1960 en Bagdad de la mano de Arabia Saudí, Venezuela, Irán, Irak y Kuwait, y con el tiempo ha ido sumando nuevos miembros hasta integrar hoy a una docena de países exportadores. En 2016, el grupo decidió dar un paso más y selló un acuerdo de cooperación con otros diez productores, entre ellos Rusia, México, Kazajistán y Azerbaiyán, dando lugar a la actual alianza conocida como OPEP+.
Además de los socios fundadores, en la OPEP+ participan productores independientes como Azerbaiyán, Baréin, Brasil, Brunéi, Kazajistán, Malasia, México, Omán, Rusia, Sudán y Sudán del Sur. Todos ellos coordinan de forma periódica sus cuotas de producción para tratar de estabilizar el mercado global y evitar desequilibrios extremos entre oferta y demanda.
El mecanismo habitual de funcionamiento combina reuniones ministeriales formales, en las que se fijan los grandes objetivos de producción, con encuentros del Comité Ministerial Conjunto de Seguimiento, que se encarga de supervisar la ejecución de lo acordado, revisar los datos de bombeo y proponer ajustes si fuera necesario.
En la práctica, las decisiones de la OPEP+ tienen un impacto directo sobre los precios que pagan consumidores y empresas de todo el mundo, incluidos los de la Unión Europea. Los movimientos de la alianza se reflejan con rapidez en los mercados mayoristas, y a partir de ahí en los carburantes, el transporte y los costes logísticos, que son especialmente relevantes para economías abiertas como la española.
De ahí que cualquier anuncio sobre recortes, aumentos o congelaciones de producción sea seguido con atención por los inversores, las compañías energéticas y las autoridades económicas europeas, que deben ajustar sus previsiones de inflación, crecimiento y balanza comercial a la luz de estas decisiones.
La foto que deja esta última reunión de la OPEP+ es la de una alianza que prefiere mantener la producción congelada mientras el mercado digiere la subida reciente de los precios y se aclara el panorama geopolítico en Oriente Medio. Con recortes voluntarios aún vigentes, una disciplina elevada en el cumplimiento de las cuotas y nuevas citas en la agenda -el 1 de marzo para revisar los incrementos y el 5 de abril para evaluar el acuerdo-, la organización se reserva margen de maniobra, pero por ahora opta por la prudencia, un enfoque que Europa y España observan con atención ante su impacto directo en la factura energética y en la evolución de la inflación.
