La OMS urge a subir los impuestos al alcohol y al azúcar para frenar su consumo

  • La OMS reclama aumentar de forma notable los impuestos sobre bebidas azucaradas y alcohólicas para reducir enfermedades evitables.
  • Los gravámenes actuales son bajos, mal diseñados y no siguen la inflación, lo que abarata estos productos con el tiempo.
  • Muchos refrescos, zumos, lácteos azucarados y el vino en varios países europeos siguen poco o nada gravados.
  • La OMS enmarca este llamamiento en la iniciativa internacional “3 para el 35” para encarecer tabaco, alcohol y azúcar de aquí a 2035.

Impuestos al alcohol y al azúcar

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha dado un nuevo golpe en la mesa y ha pedido a los gobiernos de todo el mundo que suban de forma clara y sostenida los impuestos sobre el alcohol y las bebidas azucaradas. El objetivo no es únicamente recaudar más, sino recortar el consumo de productos que están detrás de un buen número de enfermedades que podrían evitarse.

Según el organismo sanitario de Naciones Unidas, la laxitud de los sistemas tributarios actuales ha permitido que estos productos sigan siendo relativamente baratos, justo en un momento en el que los sistemas de salud, tanto en Europa como en el resto del mundo, lidian con una presión creciente causada por enfermedades no transmisibles como la obesidad, la diabetes, las cardiopatías, distintos tipos de cáncer y lesiones evitables, especialmente entre menores y adultos jóvenes.

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Impuestos sanitarios: una herramienta potente pero poco aprovechada

Desde la cúpula de la OMS insisten en que los llamados “impuestos para la salud” son una de las palancas más eficaces para prevenir enfermedades y salvar vidas. Su director general, Tedros Adhanom Ghebreyesus, subraya que, al incrementar la carga fiscal sobre el tabaco, el alcohol y las bebidas con azúcar añadido, los gobiernos pueden reducir el consumo dañino y, al mismo tiempo, liberar recursos para reforzar servicios esenciales de salud pública.

La agencia de la ONU remarca que el enfoque no es solo sanitario, también económico: se trata de una intervención con doble propósito. Por un lado, sube el precio final y frena la demanda de productos nocivos; por otro, permite que los Estados dispongan de más fondos para financiar atención sanitaria, programas de prevención y políticas de promoción de hábitos de vida más saludables, algo especialmente relevante para países europeos con sistemas públicos tensionados.

La OMS sostiene que estos impuestos funcionan como una especie de señal de precio: cuanto más caros resultan el alcohol o las bebidas azucaradas, menor es su consumo, en particular entre los grupos con menos renta y entre la población joven. En ese sentido, el organismo insiste en que no basta con tener un impuesto simbólico, sino que debe ser lo suficientemente alto, estable y bien diseñado como para modificar de verdad el comportamiento de compra.

Un mercado millonario donde los Estados captan solo una parte del valor

En sus últimos informes, la OMS describe un desequilibrio económico llamativo. El mercado mundial de bebidas azucaradas y alcohólicas mueve miles de millones de dólares al año y genera grandes beneficios para las compañías del sector, pero los gobiernos apenas captan una fracción de ese valor mediante impuestos orientados específicamente a la salud.

Este diseño fiscal hace que la carga real recaiga sobre la sociedad. Mientras la industria mantiene márgenes elevados, son los sistemas de salud, las familias y las economías nacionales quienes asumen los costes a largo plazo: tratamientos para la diabetes tipo 2, intervenciones cardíacas, medicación de por vida, bajas laborales, pérdida de productividad o atención a las secuelas de lesiones relacionadas con el consumo abusivo de alcohol.

La organización advierte de que este esquema resulta insostenible en el tiempo, especialmente en países europeos con población envejecida y alta prevalencia de enfermedades crónicas. Sin cambios fiscales, los presupuestos sanitarios seguirán reforzando los daños producidos por un consumo que, en buena medida, podría reducirse con una política tributaria más ambiciosa.

Bebidas azucaradas: muchos países gravan, pero el impuesto es mínimo

En el apartado de bebidas con azúcar, la OMS calcula que al menos 116 países aplican algún tipo de impuesto, la mayoría centrados en refrescos o gaseosas azucaradas. Sin embargo, detrás de esta cifra se esconde un problema: el gravamen medio apenas representa alrededor de un 2% del precio de un refresco estándar, una proporción tan baja que difícilmente cambia la decisión de compra de los consumidores.

Además, la cobertura de estos impuestos es muy desigual. Muchos productos de alto contenido en azúcar quedan directamente fuera del radar fiscal: zumos de fruta 100% (pese a su elevada carga de azúcares libres), bebidas lácteas azucaradas, cafés y tés listos para tomar o determinadas bebidas funcionales repletas de azúcares añadidos. Esta falta de coherencia hace que buena parte del mercado escape a la lógica de los impuestos sanitarios.

La OMS también destaca que, aunque el 97% de los países grava las bebidas energéticas, esta proporción lleva estancada desde el anterior informe mundial, publicado en 2023. La foto fija, por tanto, muestra un marco fiscal que no se adapta con agilidad a la proliferación de nuevas categorías y formatos de bebidas con azúcar, muy presentes en supermercados europeos y españoles.

Otro punto débil importante es que pocos países actualizan regularmente sus impuestos al ritmo de la inflación. Cuando los gravámenes se quedan congelados durante años, el resultado es que las bebidas azucaradas se van volviendo más asequibles en términos reales, aunque el precio nominal suba ligeramente. En la práctica, esto implica que el efecto disuasorio del impuesto se va diluyendo con el tiempo.

El alcohol, más asequible pese a estar gravado en la mayoría de países

En el caso del alcohol, el panorama que dibuja la OMS es similar. Al menos 167 países aplican impuestos especiales sobre las bebidas alcohólicas y una docena mantiene prohibiciones completas sobre su venta. Sin embargo, los datos recabados desde 2022 muestran que el alcohol se ha vuelto más asequible o ha mantenido su precio real en la mayoría de esos países, porque la actualización de los impuestos se ha quedado muy por detrás de la inflación y del aumento de los ingresos.

La organización pone el foco, en particular, en la situación del vino. A día de hoy, al menos 25 países, en su mayoría europeos, siguen sin aplicar impuestos especiales al vino, más allá del IVA o tributos generales. Esto ocurre pese a la evidencia científica que vincula el consumo de alcohol, también en cantidades moderadas, con un mayor riesgo de determinados tipos de cáncer y otras patologías.

Para la OMS, mantener el vino al margen de la fiscalidad sanitaria es un claro ejemplo de inconsistencia regulatoria, especialmente en regiones donde forma parte de la cultura gastronómica cotidiana, como puede ser el caso de España, Francia o Italia. Esta excepción fiscal impide enviar un mensaje claro a la población sobre los riesgos reales asociados al consumo de alcohol.

En cuanto a otros productos, la OMS recuerda que la mediana mundial de impuestos sobre la cerveza ronda el 14% del precio final, mientras que para los licores y bebidas espirituosas se sitúa en torno al 22,5%. Aunque estas cifras puedan parecer elevadas, el organismo insiste en que, sin actualizaciones periódicas y sin un diseño que tenga en cuenta el contenido de alcohol o el tipo de producto, la asequibilidad tiende a aumentar con el paso del tiempo.

La OMS alerta sobre la asequibilidad y el impacto social del alcohol

Para los expertos de la OMS, que el alcohol sea cada vez más accesible en términos reales no es un asunto menor. El responsable del Departamento de Determinantes de la Salud, Promoción y Prevención, Etienne Krug, ha señalado que un alcohol más barato y accesible se traduce en mayores niveles de violencia, más lesiones de tráfico y laborales, y un incremento del peso de las enfermedades asociadas al consumo continuado.

La organización insiste en que, mientras la industria obtiene beneficios significativos, el público soporta los efectos sanitarios y la sociedad en su conjunto asume los costes económicos indirectos: emergencias hospitalarias, rehabilitación, accidentes en carretera, baja productividad y un largo etcétera que termina repercutiendo en los presupuestos estatales y, en última instancia, en los contribuyentes.

En Europa, donde el consumo de alcohol por habitante suele situarse por encima de la media mundial, este mensaje cobra especial relevancia. Países con una fuerte tradición en vino, cerveza o licores, como España, Alemania o los países nórdicos, enfrentan el reto de revisar sus estrategias fiscales sin perder de vista la sensibilidad social y económica que acompaña al sector.

La OMS propone que los impuestos no solo se diseñen en función del tipo de bebida, sino también de su graduación alcohólica y del formato de venta, con el fin de desincentivar los productos de mayor riesgo y evitar que los consumidores se desplacen hacia opciones aún más baratas pero igualmente dañinas.

Apoyo ciudadano y el marco global “3 para el 35”

Uno de los argumentos que esgrime la OMS para alentar a los gobiernos europeos y de otras regiones a dar el paso es que la opinión pública no está tan en contra de estos impuestos como a veces se suele pensar. Una encuesta realizada por Gallup en 2022 y citada por el organismo reveló que la mayoría de personas consultadas apoyaba la subida de impuestos al alcohol y a las bebidas azucaradas, siempre que se explique con claridad su finalidad sanitaria.

Sobre esta base, la OMS ha impulsado la iniciativa global “3 para el 35”, que plantea un horizonte claro: elevar los precios reales de tres productos clave —tabaco, alcohol y bebidas azucaradas— de aquí a 2035, con la idea de reducir progresivamente su asequibilidad. Se trata de una hoja de ruta orientada a que los países reformen sus sistemas tributarios con metas cuantificables y plazos definidos.

En el caso de Europa y de España en particular, esta iniciativa puede servir como marco de referencia para revisar las figuras fiscales existentes sobre refrescos, bebidas alcohólicas y otros productos con alto contenido en azúcar, y para valorar tanto la creación de nuevos gravámenes como la reestructuración de los actuales.

La OMS anima a que la recaudación adicional generada por estos impuestos se destine, de forma transparente, a reforzar los sistemas de salud, programas de educación nutricional, prevención de adicciones y promoción de estilos de vida más saludables. Esta vinculación entre impuesto y gasto sanitario es clave para ganar apoyo ciudadano y evitar la percepción de que se trata únicamente de una medida recaudatoria.

El mensaje que lanza la OMS, a través de sus últimos informes, es que los impuestos al alcohol y al azúcar se han quedado cortos y mal planteados, permitiendo que productos con un impacto sanitario considerable sigan siendo demasiado baratos en gran parte del mundo, incluida Europa. Reforzar y rediseñar estos gravámenes —ampliando la cobertura a más tipos de bebidas, subiendo tipos efectivos y actualizándolos con la inflación— se perfila como una pieza clave para aliviar la presión sobre los sistemas de salud y frenar el avance de enfermedades que, en buena medida, se pueden evitar con políticas públicas más decididas.