La inscripción automática en planes de empleo: el camino propuesto para reforzar las pensiones en España

  • La propuesta de BME busca implementar el modelo británico de inscripción automática para elevar la participación en los planes de pensiones de empleo.
  • Actualmente, solo el 14,4% de los trabajadores españoles cuenta con estos sistemas de ahorro, con activos que apenas rozan el 10,8% del PIB.
  • El sistema de 'opt-out' permitiría que los empleados se incorporen por defecto al ahorro, manteniendo la libertad de abandonar el plan si lo desean.
  • Se estima que el gasto público en pensiones podría escalar hasta el 17,3% del PIB en 2050 debido al envejecimiento demográfico.

Planificación de ahorro para la jubilación

No es ningún secreto que la sostenibilidad de la jubilación se ha convertido en uno de los grandes quebraderos de cabeza para la economía española. Con una pirámide poblacional que no deja de invertirse, Bolsas y Mercados Españoles (BME) ha puesto sobre la mesa una iniciativa que ya está dando resultados en otros rincones de Europa: la implantación de la inscripción automática en los planes de pensiones de empleo. Este mecanismo, conocido internacionalmente como ‘autoenrolment’, no pretende sustituir a la pensión pública de toda la vida, sino servir de muleta para que los futuros jubilados no pierdan poder adquisitivo.

La idea que maneja el gestor de la bolsa española es que el trabajador sea incluido por defecto en un plan de ahorro colectivo en el momento de ser contratado. Aunque pueda parecer un poco impositivo de primeras, lo cierto es que se mantiene siempre el derecho de salida mediante un sistema de ‘opt-out’. Es decir, que si el empleado prefiere disponer de ese dinero en el presente, puede borrarse voluntariamente. Sin embargo, la experiencia dice que la mayoría de la gente, por pura inercia o por ver los beneficios a largo plazo, decide quedarse y empezar a construir ese colchón necesario para cuando toque colgar las botas.

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El espejo del Reino Unido y el éxito del modelo de salida voluntaria

Mercado financiero y pensiones

Para entender por qué se insiste tanto en este modelo, solo hay que echar un ojo a lo que ha pasado en el Reino Unido. Desde que los británicos implementaron la inscripción automática en el año 2012, la participación de los trabajadores ha pasado del 47% a superar el 82% en 2024. Estamos hablando de que más de 23 millones de personas se han sumado a estos planes de contribución definida casi sin darse cuenta, aprovechando los sesgos de la economía del comportamiento para transformar la desidia en ahorro real.

En España, por el contrario, los datos son algo más modestos y demuestran que todavía queda mucha tela que cortar. Al cierre de 2024, los activos gestionados en estos vehículos apenas equivalían al 10,8% del PIB nacional, una cifra que palidece si la comparamos con el 32% de media en la Unión Europea. Por no hablar de países como Dinamarca o Islandia, donde estos fondos de pensiones superan ampliamente el tamaño de sus economías, llegando incluso a rebasar el 200% de su Producto Interior Bruto.

El informe de BME recalca que este sistema de inscripción automática debería apoyarse en instrumentos que ya tenemos a mano, como los planes de empleo simplificados. La clave está en que las aportaciones sean asumibles tanto para la empresa como para el empleado, estableciendo un escalonamiento gradual que no asfixie las cuentas de las pymes ni los bolsillos de los trabajadores con sueldos más ajustados.

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Los tres pilares del ahorro y el reto demográfico de 2050

Documentación de planes de empleo

Los expertos coinciden en que un sistema de protección social robusto debe sostenerse sobre tres patas equilibradas. El primer pilar es la pensión pública, el segundo son los planes de empleo vinculados a la relación laboral, y el tercero es el ahorro individual voluntario. La propuesta de BME se centra en fortalecer ese segundo pilar que en España está rezagado, ya que en 2025 apenas 3,13 millones de afiliados a la Seguridad Social participaban en este tipo de prestaciones de ahorro para empleados, lo que representa solo el 14,4% del total.

La urgencia de estas medidas viene impulsada por un panorama demográfico que mete miedo. Actualmente contamos con unos 2,1 trabajadores por cada pensionista, pero las proyecciones de la Comisión Europea indican que esta ratio caerá hasta el 1,3 en el año 2050. Para entonces, el gasto público en pensiones podría dispararse hasta el 17,3% del PIB, lo que pondría en un serio aprieto las cuentas del Estado si no se busca una vía complementaria de financiación para los futuros mayores, analizando detalladamente los diferentes tipos de jubilación en España.

Además, el desarrollo de estos planes tiene un efecto secundario muy positivo para la economía real. Al acumularse grandes cantidades de capital a largo plazo, ese dinero puede financiar proyectos de infraestructuras, innovación y transición energética. De esta manera, el ahorro de los trabajadores no solo sirve para su propia jubilación, sino que se convierte en combustible para el crecimiento empresarial y la creación de empleo productivo en el país.

Rentabilidad histórica y el papel de los mercados de capitales

Gráficos de rentabilidad económica

Uno de los puntos más interesantes del análisis de BME es el peso que tiene la rentabilidad en el tiempo. Según los datos históricos de los últimos 120 años, la bolsa española ha ofrecido un rendimiento nominal anual medio cercano al 8,3%, incluyendo dividendos. Si descontamos la inflación, nos queda una rentabilidad real de aproximadamente el 3%, lo cual, gracias a la magia del interés compuesto, puede multiplicar de forma muy generosa los ahorros acumulados durante toda una vida laboral.

Para que todo este engranaje funcione como un reloj, es fundamental contar con mercados financieros transparentes y eficientes. BME destaca que las bolsas y los sistemas de liquidación son eslabones críticos para conectar el ahorro con la inversión productiva. Al final, lo que se busca es que el diseño del sistema combine una gestión profesional con costes reducidos y una total portabilidad, permitiendo que el trabajador se lleve su plan de pensiones debajo del brazo si decide cambiar de empresa.

La adopción de este modelo de inscripción automática se presenta como una solución pragmática para equilibrar las cuentas del futuro sin renunciar a la protección social. Al aprovechar la inercia del comportamiento humano y facilitar el acceso a instrumentos de inversión colectiva, España podría reducir su dependencia exclusiva del sistema público y mejorar la tasa de sustitución de los salarios. En última instancia, se trata de garantizar que el fin de la etapa laboral no suponga un bache financiero, utilizando para ello las herramientas de mercado y una planificación que empiece desde el primer día de trabajo.

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