La inflación en la eurozona repunta una décima en noviembre

  • La inflación de la eurozona sube al 2,2% en noviembre y encadena tres meses por encima del objetivo del BCE.
  • La inflación subyacente se mantiene en el 2,4%, con servicios y alimentos como principales focos de presión.
  • España registra un 3,1%, nueve décimas por encima de la media de la zona euro.
  • El BCE gana argumentos para mantener los tipos de interés ante una desinflación incompleta.

Gráfico inflación eurozona

La última estimación de Eurostat confirma que la inflación en la eurozona ha vuelto a repuntar en noviembre, encadenando otro mes de cierta presión sobre los precios justo cuando se pensaba que la fase más complicada del encarecimiento estaba superada. Aunque el dato está ya cerca del umbral de estabilidad marcado por el Banco Central Europeo (BCE), el comportamiento de algunos componentes clave apunta a que el camino hacia una normalización completa aún será algo irregular.

En este contexto, España se sitúa de nuevo por encima de la media del área del euro, con un avance de los precios más intenso que el observado en el conjunto de la moneda única. La combinación de una inflación general todavía elevada en varios países, una subyacente persistente y la incertidumbre en torno a la energía complica las decisiones de política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) y mantiene al BCE en una postura muy vigilante.

La inflación de la eurozona asciende al 2,2% en noviembre

Según la primera estimación publicada por Eurostat, la tasa anual de inflación de la zona euro subió una décima en noviembre, hasta el 2,2%. Se trata de su nivel más alto desde septiembre y supone un ligero alejamiento del objetivo de estabilidad de precios a medio plazo del 2% fijado por el BCE.

Con este movimiento, la región suma tres meses seguidos con una inflación por encima del 2%. Entre junio y agosto el índice había logrado mantenerse justo en el objetivo, e incluso se situó levemente por debajo en mayo, cuando llegó al 1,9%. El repunte reciente, aunque moderado, indica que el proceso de desinflación no es lineal y que persisten focos de presión en distintas partidas.

Eurostat subraya que el comportamiento dispar de los distintos componentes del índice explica buena parte de este avance: mientras unos sectores empiezan a normalizarse, otros mantienen o reavivan la escalada de precios, especialmente en el ámbito de los servicios.

La lectura preliminar facilita una primera fotografía de la situación, pero la oficina estadística comunitaria publicará los datos definitivos a mediados de diciembre, lo que permitirá afinar las cifras y confirmar si se mantienen estas tendencias.

Inflación subyacente estable y presión en servicios y alimentos

Componentes de la inflación en Europa

Más allá del dato general, los analistas prestan especial atención a la inflación subyacente, que excluye los elementos más volátiles como la energía, los alimentos frescos, el alcohol y el tabaco, y sirve de referencia fundamental para las decisiones del BCE. En noviembre, la subyacente se mantuvo en el 2,4%, encadenando el tercer mes consecutivo sin cambios.

Si se toma el índice sin energía, la inflación también se situó en el 2,4%, reflejando que el grueso de las tensiones se concentra en otros apartados. Este comportamiento muestra que, aunque se han relajado algunos factores que impulsaron la escalada de precios en años anteriores, el ajuste aún no se ha completado, sobre todo en los segmentos más ligados a la demanda interna.

Por componentes, los servicios volvieron a ser el principal foco de presión. En noviembre registraron una subida del 3,5% interanual, una décima más que en octubre (3,4%), consolidando una tendencia de encarecimiento sostenido. Este grupo incluye actividades como hostelería, transporte o servicios profesionales, donde los costes laborales y otros factores estructurales siguen trasladándose a los precios.

En paralelo, los alimentos, el alcohol y el tabaco mantuvieron una inflación del 2,5%, mientras que, dentro de esta categoría, los alimentos frescos mostraron un encarecimiento algo más intenso, con un aumento cercano al 3,3%, una décima por encima del mes anterior. Aunque lejos de las subidas vividas en plena crisis energética y de materias primas, el consumidor sigue notando un nivel de precios elevado en la cesta de la compra.

En el caso de los bienes industriales no energéticos —como ropa, electrodomésticos o productos para el hogar—, la tasa de inflación permaneció estable en el 0,6%. Esta moderación indica que las tensiones en las cadenas de suministro y los costes logísticos se han ido relajando, lo que contribuye a contener este segmento del índice general.

La energía sigue bajando, pero con descensos más suaves

La otra cara de la moneda continúa siendo la energía, que volvió a registrar tasas negativas, aunque con una caída más leve que en meses previos. En noviembre, los precios energéticos se redujeron un 0,5% interanual, frente al retroceso del 0,9% anotado en octubre, lo que supone una suavización del abaratamiento.

Este menor descenso indica que, si bien los precios de la luz y los combustibles ya no están en los niveles extremos de hace dos años, la contribución de la energía a contener la inflación es cada vez menor. A medida que se comparan los datos actuales con meses en los que la energía ya se había estabilizado, el efecto estadístico que ayudaba a reducir la tasa general pierde fuerza.

La combinación de una energía todavía ligeramente más barata que hace un año y servicios y alimentos aún al alza genera un equilibrio frágil: el índice general se sitúa cerca del objetivo del BCE, pero la estructura interna del dato revela que la lucha contra la inflación no está completamente cerrada.

Diferencias marcadas entre países de la zona euro

Los datos de Eurostat ponen de relieve diferencias importantes entre los países que comparten la moneda única. Aunque la media de la eurozona se situó en el 2,2%, algunos socios siguen registrando aumentos de precios claramente superiores, mientras otros muestran tasas muy contenidas.

En el grupo de economías con mayor inflación se encuentran Estonia (4,7%), Croacia (4,3%) y Austria (4,1%), que encabezan la clasificación de subidas interanuales. Les siguen Letonia y Eslovaquia (3,8%), así como Lituania y Luxemburgo (3,6%), todos ellos por encima de la media del área del euro.

También se sitúan por encima del promedio Irlanda (3,2%), España (3,1%), Grecia (2,9%), y un grupo formado por Bélgica, Alemania y Países Bajos, con tasas en torno al 2,6%. Asimismo, Malta y Eslovenia se colocan en el 2,4%, ligeramente por encima del objetivo del 2% pero todavía dentro de un rango relativamente contenido.

En el lado contrario, las tasas de inflación más bajas se registran en Chipre (0,2%), Francia (0,8%), Italia (1,1%) y Finlandia (1,4%). En todos estos casos, las subidas de precios se mantienen claramente por debajo de la media de la eurozona. Portugal, por su parte, se sitúa justo por debajo del promedio, con un 2,1%.

Esta dispersión entre países refleja diferencias en la estructura productiva, en la composición del consumo y en la traslación de costes. Economías más dependientes de la energía importada o con mercados laborales más tensos tienden a registrar presiones más persistentes, mientras que otros socios logran contener mejor el avance de los precios.

España: inflación del 3,1% y brecha con la zona euro

En el caso de España, los datos de Eurostat apuntan a que la inflación interanual se situó en el 3,1% en noviembre, una décima menos que en octubre, pero todavía claramente por encima del promedio de la zona euro. Esto implica un diferencial desfavorable de unas nueve décimas respecto al conjunto del área.

Pese a esta ligera moderación mensual, España continúa entre los países con mayor incremento de precios de la unión monetaria. El dato confirma que, aunque las tensiones energéticas se han relajado y la electricidad ha registrado descensos notables frente a hace un año, otros capítulos del índice, como ciertos servicios o la alimentación, siguen empujando al alza.

La información nacional del Índice de Precios de Consumo (IPC) adelantado por el Instituto Nacional de Estadística apunta, además, a que la inflación española se habría reducido hasta el entorno del 3%, ayudada por la caída del coste de la electricidad gracias a la producción eólica y a unos precios del gas más contenidos. Si se confirma, supondría la primera bajada significativa después de varios meses de repuntes.

Este comportamiento de los precios tiene impacto directo sobre la actualización de las pensiones y otras prestaciones ligadas a la inflación. Con las cifras recientes, se estima que las pensiones contributivas podrían incrementarse en torno al 2,7% el próximo año, lo que supondría aproximadamente 35 euros más al mes de media sobre una pensión de algo más de 1.300 euros.

Implicaciones para la política monetaria del BCE

El nuevo repunte de la inflación general, unido a la resistencia de la inflación subyacente, proporciona argumentos al Banco Central Europeo para mantener una postura cautelosa. El organismo ha señalado en varias ocasiones que solo cuando vea señales claras y sostenidas de que las presiones sobre los precios se han disipado considerará cambios más profundos en su política de tipos de interés.

De hecho, el vicepresidente del BCE, Luis de Guindos, ha reiterado recientemente que, pese a la evidente moderación respecto a los máximos alcanzados tras el estallido de la crisis energética, «la batalla contra la inflación no está ganada». A su juicio, una relajación prematura de la política monetaria «podría generar problemas mayores» a medio plazo si alimentara un nuevo repunte de precios.

En este escenario, los mercados financieros dan prácticamente por hecho que el Consejo de Gobierno del BCE mantendrá sin cambios el precio del dinero en su próxima reunión, consolidando los niveles actuales hasta contar con más claridad sobre la evolución de la economía y la inflación en 2025.

La institución insiste en que actuará con prudencia y dependencia de los datos, analizando mes a mes cómo evolucionan los distintos componentes del índice y el mercado laboral. Mientras la subyacente se mantenga por encima del 2% y los servicios no muestren una moderación más firme, el margen para recortes de tipos será limitado.

El cuadro que dibujan las últimas cifras de Eurostat es el de una eurozona que ha dejado atrás la fase más aguda de la crisis inflacionista, pero que todavía lidia con bolsas de presión en servicios y alimentos y notables diferencias entre países. Con un 2,2% de inflación general y una subyacente del 2,4%, el objetivo del BCE se ve cercano pero no plenamente asegurado, y España, con un 3,1%, continúa algo rezagada frente al promedio. Todo apunta a que los próximos meses seguirán siendo clave para confirmar si este repunte es solo un bache puntual en la senda de moderación o la señal de que el proceso de desinflación será más largo y complejo de lo previsto.

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