El próximo 1 de enero marcará un hito en el sistema de pensiones español. La edad legal de jubilación ordinaria subirá hasta los 67 años, poniendo fin a un periodo de transición que comenzó en 2013. Este cambio, derivado de la reforma de 2011, afectará a todos los trabajadores que no hayan acumulado un mínimo de 38 años y seis meses de cotización. Para aquellos que superen ese umbral, la edad de retiro se mantendrá en los 65 años.
La medida no es un capricho, sino el resultado de un calendario pactado hace más de una década. Durante estos años, la edad ha ido aumentando de forma gradual: un mes por año entre 2013 y 2018, y dos meses por año desde entonces. Ahora, con la llegada de 2027, se alcanza el tope previsto. Pero más allá de la edad legal, la realidad muestra que los españoles se jubilan, de media, a los 65,5 años, una cifra que ha ido creciendo gracias a los incentivos para retrasar el retiro.
¿Qué cambia con la nueva edad de jubilación?
La reforma de 2011, que se ha ido aplicando progresivamente, establece que a partir de 2027 la edad ordinaria será de 67 años para quienes hayan cotizado menos de 38 años y seis meses. Si se supera ese periodo, la edad se mantiene en 65 años. Además, el periodo de cotización necesario para cobrar el 100% de la base reguladora sube de 36 años y seis meses a 37 años. También se modifica el nuevo cálculo de la pensión de jubilación: desde 2027 se podrá elegir entre los últimos 25 años de cotización o los últimos 25 años y seis meses, descartando los cuatro peores meses. Esta opción se ampliará gradualmente hasta 2037, cuando se podrán usar los últimos 29 años descartando los dos peores.
Otro cambio relevante es la subida del Mecanismo de Equidad Intergeneracional (MEI), que en 2027 alcanzará el 1% de la cotización, con un 0,83% a cargo de la empresa y un 0,17% del trabajador. Este extra busca hacer frente al gasto que supondrá la jubilación de la generación del baby boom. Además, se introduce una cuota de solidaridad para los salarios más altos, que empezará con un 1,38% y llegará al 6% en 2045.
Jubilación anticipada y parcial: nuevas edades
Las condiciones para retirarse antes de la edad ordinaria también se endurecen. La jubilación anticipada voluntaria (hasta dos años antes) exigirá tener 65 años si se ha cotizado menos de 38 años y seis meses, o 63 años si se supera ese umbral. En el caso de la jubilación anticipada involuntaria (por despido o ERE), la edad mínima será de 63 años para quienes no lleguen a los 38,5 años cotizados, y de 61 años para quienes sí los superen. La jubilación parcial con contrato de relevo también se retrasa: se podrá acceder a los 64 años si se tienen menos de 38,5 años cotizados, o a los 62 si se superan.
Estos cambios buscan desincentivar las salidas tempranas del mercado laboral. Según los datos de la Seguridad Social, la edad media real de jubilación se sitúa en 65,5 años, con diferencias notables: las mujeres se jubilan a los 66 años de media, los hombres a los 65, y los autónomos al jubilarse lo hacen a los 66,5. Esta brecha se explica por las lagunas de cotización y los salarios más bajos que arrastran muchas trabajadoras.

La edad real de jubilación y los incentivos para alargar la vida laboral
El Gobierno ha puesto en marcha varias medidas para que los trabajadores retrasen su retiro. La jubilación demorada ofrece un 4% más de pensión por cada año completo de retraso, que puede cobrarse como pago único o de forma mixta. Si se superan los nueve años de demora, se puede optar por un pago único durante los primeros cinco años y el resto como aumento anual del 4%. Estas políticas están dando resultados: el 11,8% de las nuevas altas de pensión en agosto corresponden a personas que superan la edad ordinaria, el doble que en 2019.
Además, se ha impulsado la jubilación flexible, que permite combinar pensión y trabajo a tiempo parcial. Desde este año, los asalariados pueden volver a la actividad cobrando el 25% de su pensión, y los autónomos pueden hacerlo si no han estado dados de alta en el RETA durante los tres años anteriores. Estas medidas pretenden acercar la edad real de jubilación a la legal, que quedará fijada en 67 años.
El contexto europeo: hacia los 70 años
España no es un caso aislado. En Dinamarca la edad de jubilación ya alcanza los 70 años a partir de 2040, la más alta de la Unión Europea. Alemania estudia subirla hasta los 70 años para finales de siglo, y su canciller, Friedrich Merz, ha confirmado la eliminación de la prejubilación a los 63 años sin recortes. Francia, por su parte, ha logrado frenar la reforma de Macron que pretendía retrasar la edad de 62 a 64 años, aunque el debate sigue abierto. En este contexto, la subida a 67 años en España se sitúa en línea con países como Italia, Grecia y Países Bajos, que ya aplican esa edad.
La tendencia mundial es clara: el envejecimiento de la población y la presión sobre los sistemas públicos empujan a retrasar la edad de retiro. La reforma española de 2011 ha completado su recorrido, pero el sistema aún enfrenta retos demográficos. Los incentivos para alargar la vida laboral y las nuevas cotizaciones buscan garantizar la sostenibilidad, pero la decisión final sobre cuándo jubilarse seguirá dependiendo de cada trabajador y de su carrera de cotización.
En definitiva, el cambio que llega en enero no es un simple ajuste: marca el fin de una etapa y el inicio de otra en la que la edad de jubilación se consolida en los 67 años, con excepciones para quienes hayan cotizado más de 38 años y medio. La edad real, aunque aún por debajo, se acerca poco a poco a ese tope, y los incentivos económicos juegan un papel clave. Los trabajadores que estén cerca de la jubilación deberán revisar su situación personal para decidir cuándo y cómo retirarse, teniendo en cuenta las nuevas reglas y las opciones disponibles.


