
La economía marroquí atraviesa una fase de claroscuros. El producto interior bruto mantiene avances, pero lo hace con menos impulso que antes y con sectores que tiran en direcciones opuestas. La demanda interna sigue siendo el principal motor, aunque su empuje se ha reducido, mientras la agricultura protagoniza un repunte muy fuerte y la industria y los servicios pierden velocidad.
En paralelo, la relación económica con España vive un momento de cifras elevadas. El comercio bilateral marca máximos en varios registros, mientras el turismo y las remesas sostienen las cuentas exteriores marroquíes. Sin embargo, la inversión mutua no acompaña ese dinamismo y el episodio migratorio de Ceuta introduce incertidumbre sobre el impacto final en ambos lados del Estrecho.
Crecimiento sostenido por la demanda interna, pero con menos fuerza
La Alta Comisión de Planificación señala que la demanda interna creció un 5% en el segundo trimestre de 2026, por debajo del 7,5% del mismo periodo de 2025. Su aportación al crecimiento nacional se quedó en 5,6 puntos porcentuales, frente a los 10,3 puntos de un año antes, lo que confirma una tendencia de desaceleración.
El gasto de consumo final de las administraciones públicas pasó del 4,8% al 4,6%, con una contribución de 0,8 puntos porcentuales, ligeramente inferior a los 0,9 puntos previos. La inversión bruta se moderó hasta el 6,8%, muy lejos del 20,3% registrado anteriormente, y su aportación al crecimiento cayó de 8,3 a 2,4 puntos porcentuales.
El crecimiento económico nacional se situó en el 4% en el segundo trimestre de 2026, frente al 5,8% del mismo tramo de 2025. La evolución esconde dinámicas muy distintas: las actividades no agrícolas bajaron del 4,9% al 1,5%, mientras el sector agrícola aceleró con fuerza, con un aumento del 21,2% en su valor añadido, desde el 8,3% anterior.

El valor añadido del sector primario subió un 20,9%, frente al 7,6% del año previo. Dentro de él, la actividad agrícola avanzó un 21,2% y la pesquera un 15,9%. En el lado contrario, el sector secundario retrocedió un 3,9%, tras haber crecido un 5,8%. Las industrias extractivas se hundieron un 28,6%, las manufactureras cayeron un 3,2%, la construcción se desaceleró al 2,8% y la electricidad y el agua se quedaron en el 1,9%.
El sector servicios también perdió ritmo, al pasar del 4,5% al 4%. Todo ello ocurre en un contexto de inflación contenida y de una mayor necesidad de financiación para la economía nacional, según las notas difundidas por las autoridades marroquíes.
Comercio con España: récord exportador y vínculos que resisten
A pesar de los roces políticos y de la crisis migratoria de Ceuta a finales de julio, los intercambios de mercancías entre Marruecos y España han seguido una trayectoria ascendente. En julio, según los registros oficiales de la Secretaría de Estado de Comercio, las ventas españolas al mercado marroquí alcanzaron los 1.159 millones de euros, un máximo histórico para ese mes, con un alza interanual del 2,8%.
Las importaciones españolas procedentes de Marruecos sumaron 816,3 millones de euros, un 2,5% más. Con esas cifras, el superávit comercial para España se elevó a 342,9 millones de euros y el tráfico bilateral superó los 1.980 millones en el mes.
En el acumulado de enero a julio de 2026, las exportaciones españolas a Marruecos llegaron a 7.580 millones de euros, un 3,4% más, mientras las importaciones alcanzaron 6.610 millones, un 3,9% más. El saldo favorable a España fue de 967,9 millones y el volumen total de operaciones rebasó los 14.190 millones de euros.
Marruecos se mantiene como primer socio comercial de España en África y como tercer cliente extracomunitario, solo por detrás del Reino Unido y Estados Unidos. En julio absorbió el 54,4% de las ventas españolas destinadas a África, por un valor conjunto cercano a los 2.130 millones, y representó el 3,3% de las exportaciones globales españolas. En el primer semestre, las ventas a Marruecos superaron en más del 60% a las dirigidas a China y quedaron un 26% por debajo de las enviadas a Estados Unidos.
La fortaleza de estos flujos se apoya en cadenas de valor integradas en automoción, fabricación eléctrica, textil, bienes de equipo y energía. El ministro español de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, recordó en una intervención pública en septiembre de 2026 que España exporta más de 12.000 millones de euros anuales a Marruecos, frente a los 16.000 millones que coloca en Estados Unidos, y defendió reforzar la presencia empresarial mediante instrumentos como ICEX. La Declaración Conjunta de abril de 2022 sirve de marco a una relación que ha funcionado como amortiguador institucional. Bajo el reinado de Mohamed VI, Marruecos ha consolidado su papel logístico y productivo en el eje euromediterráneo.
Inversión, turismo y remesas: luces y deberes pendientes
El buen tono comercial no se traslada con la misma intensidad a la inversión. Entre enero y junio de 2026, las empresas españolas invirtieron en Marruecos 3,1 millones de euros, una cifra muy inferior a los 95,2 millones de 2025, los 61,5 millones de 2024 o los 101 millones de 2020. En sentido contrario, la inversión marroquí en España se quedó en 64.100 euros, tras los 13,2 millones de 2025 y los 27,5 millones de 2024.
El Gobierno español ha intentado impulsar estos flujos con encuentros de alto nivel, como el celebrado en Rabat en 2023 para que las compañías españolas pudieran optar al plan marroquí de inversiones hasta 2050, dotado con 450.000 millones de euros. Ahora prepara otro gran evento empresarial en Rabat, aprovechando el Mundial de Fútbol de 2030 que organizarán España, Marruecos y Portugal. Ese impulso llega después de una etapa en la que el Ejecutivo de Pedro Sánchez cambió su posición sobre el Sáhara Occidental, lo que provocó el enfado de Argelia y el cierre del gasoducto del Magreb, que llegaba a España por Marruecos; las relaciones con Argelia se han ido reconduciendo mientras se mantiene la apuesta por Rabat.
En el plano macroeconómico, el banco central marroquí destaca que el país creció un 4,9% en 2025, con una inflación del 0,8% y un tipo de interés del 2,25%. Son datos que firmaría buena parte de la eurozona, pero el mercado laboral sigue siendo el talón de Aquiles. Menos de cuatro de cada diez personas en edad de trabajar tenían empleo efectivo, una quinta parte de la mano de obra era estacional u ocasional y más de dos tercios no contaban con cobertura médica vinculada a su trabajo.
La preocupación se concentra en los jóvenes: cerca de tres millones de personas de entre 15 y 29 años estaban fuera del sistema educativo, de la formación y del mercado laboral. Al mismo tiempo, el turismo y las remesas se han convertido en pilares esenciales. Los visitantes españoles aumentaron un 111,8% entre 2019 y 2025, hasta 4,5 millones, frente a los 5,7 millones de franceses. Los ingresos turísticos llegaron a 138.600 millones de dirhams, más de 12.000 millones de euros, y las remesas de los marroquíes en el exterior alcanzaron 122.000 millones de dirhams, unos 11.000 millones de euros.
Ceuta, migración y posibles efectos económicos
El episodio migratorio de finales de julio en Ceuta, con una llegada masiva de personas que algunas fuentes situaron en torno a 80.000, ha añadido un foco de incertidumbre. Aunque no hay datos oficiales cerrados sobre su efecto en exportaciones, importaciones o inversiones, el tráfico de pasajeros del puerto ceutí cayó un 21% en agosto respecto al mismo mes del año anterior, hasta niveles desconocidos desde 2012 salvo los años de pandemia.
Para Marruecos, la imagen que proyecta en España no es un asunto menor. El banco central subraya que la buena marcha del turismo y las remesas resulta crucial para evitar un deterioro mayor de la balanza por cuenta corriente. Una pérdida de reputación entre los viajeros españoles podría traducirse en menos ingresos y más presión sobre el empleo en un país donde el paro y la desesperanza juvenil siguen siendo muy elevados.
El informe anual del banco central, presentado por su gobernador, Abdellatif Jouahri, al monarca en Tetuán, insiste en la necesidad de sostener la actividad y proteger la prosperidad. La combinación de crecimiento desigual, dependencia de la demanda interna, récord comercial con España, inversión floja y un mercado laboral vulnerable dibuja un panorama complejo. La economía marroquí avanza, pero lo hace con fisuras que la tensión migratoria y la desaceleración industrial pueden agrandar si no se corrigen. El propio documento recuerda que el mejor servicio al ciudadano es evitar lo que destruye empleo y prosperidad.