A pesar del complejo tablero internacional y las tensiones derivadas del conflicto en Oriente Medio, los últimos datos de Contabilidad Nacional confirman que la actividad económica en nuestro país ha logrado esquivar el pesimismo generalizado. El Producto Interior Bruto (PIB) anotó una subida del 0,6% entre enero y marzo, una cifra que, aunque supone una ligera moderación respecto al cierre del año pasado, ratifica la buena salud de la economía doméstica en un momento de gran incertidumbre global.
En un entorno donde las principales potencias europeas muestran signos de agotamiento, los registros oficiales sitúan la tasa interanual de crecimiento en el 2,7%. Este dinamismo se explica fundamentalmente por el empuje de la demanda interna, que ha sabido compensar la debilidad del sector exterior. La robustez del empleo y las medidas de apoyo para amortiguar el encarecimiento de la energía han permitido que el motor nacional no se detenga, manteniendo a España en una posición de ventaja competitiva frente a sus socios comunitarios.
El consumo de las familias como motor principal
Si echamos un vistazo a las tripas del informe, queda claro que las familias españolas siguen tirando del carro. El consumo de los hogares ha avanzado un 0,6% trimestral, una cifra que se apoya en la notable solidez del mercado laboral. Aunque el ritmo de gasto ha bajado un par de peldaños en comparación con los meses previos, la creación de puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo mantiene un ritmo interanual del 2,8%, lo que insufla confianza a los consumidores para seguir gastando a pesar de que la inflación todavía da algún que otro susto.
Por otro lado, la inversión empresarial ha mostrado una cara más discreta, registrando un aumento de apenas el 0,4%, lo que supone un frenazo considerable respecto a los trimestres anteriores. Los analistas sugieren que este comportamiento en forma de «dientes de sierra» es habitual en la formación bruta de capital, aunque no hay que perder de vista que los altos tipos de interés y el ruido geopolítico están haciendo que muchas compañías se lo piensen dos veces antes de lanzarse a grandes proyectos de expansión.
España se desmarca de la atonía en la Eurozona

La comparativa con nuestros vecinos deja a España en muy buen lugar. Mientras que la Eurozona ha tenido que lidiar con una contracción de dos décimas en su actividad económica, el caso español brilla con luz propia. Incluso potencias como Estados Unidos han visto cómo su crecimiento se situaba en el 0,5% trimestral, una décima por debajo de nuestro registro nacional, lo que demuestra que la estructura económica actual está aguantando el tipo mejor de lo que muchos vaticinaban ante el riesgo de cómo repercutiría una guerra entre Israel e Irán en la economía mundial.
Fuera de nuestras fronteras, el Reino Unido ha dado la sorpresa al triplicar su tasa de crecimiento hasta alcanzar el 0,6%, igualando el registro español y saliendo con fuerza del estancamiento previo. Sin embargo, el deterioro de las exportaciones de bienes es una preocupación compartida en todo el continente; en nuestro caso, las ventas al exterior han caído un 0,6%, un retroceso que se ve mitigado únicamente porque las compras que hacemos fuera han descendido todavía más, permitiendo que el sector exterior aporte un discreto granito de arena al PIB total.
Radiografía sectorial y el bache de la construcción
En cuanto al desempeño por sectores, la agricultura ha sido la gran sorpresa del trimestre con un crecimiento del 3,3%, una cifra muy potente que contrasta con la parálisis absoluta que vive el ladrillo. Resulta llamativo que la actividad en la construcción se haya estancado por completo, registrando una tasa de variación nula. Este parón preocupa especialmente en un contexto de escasez de oferta de vivienda, aunque algunos expertos apuntan a que las malas condiciones meteorológicas de los primeros meses del año podrían haber retrasado el inicio de algunas obras.
El sector servicios, que sigue siendo el gigante de nuestra economía, anotó una subida del 0,8%, impulsado especialmente por las actividades profesionales y técnicas de alto valor añadido. La industria, por su parte, ha logrado mantenerse en positivo con un avance del 0,3%, demostrando cierta capacidad de resistencia pese a las interrupciones en las cadenas de suministro provocadas por el cierre de rutas comerciales clave en Oriente Medio, lo que ha obligado a muchas fábricas a adelantar pedidos para evitar el desabastecimiento.
La fotografía general que nos dejan estos primeros meses es la de una economía que, si bien no va a toda velocidad, sí que está demostrando una capacidad de aguante envidiable frente a los shocks externos. La combinación de un mercado de trabajo que no da muestras de agotamiento y un consumo interno que resiste el embate de los precios permite mirar con cierto optimismo hacia el horizonte, siempre y cuando la incertidumbre internacional no se recrudezca y las medidas de apoyo sigan surtiendo efecto para proteger el bolsillo de los ciudadanos y la competitividad de las empresas.
