El yen japonés protagonizó una de las jornadas más volátiles de los últimos años después de que Japón y Estados Unidos llevaran a cabo una intervención coordinada en el mercado de divisas para frenar la depreciación de la moneda nipona. La operación, ejecutada el viernes 31 de julio, supuso la primera acción conjunta de este tipo desde 1998 y provocó un movimiento brusco del tipo de cambio, que pasó de superar los 163 yenes por dólar a caer por debajo de 158 en cuestión de horas.
Sin embargo, el alivio fue temporal. El dólar recuperó terreno rápidamente y el cruce volvió a situarse en torno a 160 yenes, lo que pone de manifiesto la dificultad de las autoridades para cambiar una tendencia que viene determinada por los diferenciales de tipos de interés y los flujos globales de capital. La intervención, aunque masiva, no ha logrado por el momento revertir la presión sobre la divisa japonesa, planteando la duda de si puede el yen recuperarse de forma sostenible.
La intervención coordinada

La ministra de Finanzas de Japón, Satsuki Katayama, confirmó el lunes que las autoridades niponas y estadounidenses actuaron de forma conjunta el viernes para contrarrestar los movimientos «excesivos y desordenados» del yen. Katayama advirtió de que no dudarán en repetir la operación si las condiciones del mercado lo exigen, y señaló que la comunicación con Washington se mantiene en todo momento. Por su parte, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, respaldó la medida y afirmó que las acciones coordinadas «contrarrestaron los movimientos desordenados» de la divisa japonesa.
El volumen de la intervención se estima en torno a los 8,2 billones de yenes, equivalentes a unos 53.000 millones de dólares, según cálculos basados en los movimientos de liquidez del Banco de Japón. Se trata de la mayor operación diaria de compra de yenes desde 2023, aunque el Ministerio de Finanzas aún no ha publicado la cifra oficial. La magnitud de la operación refleja la determinación de Tokio de defender su moneda, pero también la urgencia de una situación en la que el yen había alcanzado mínimos no vistos en cuatro décadas.
Reacciones y mecanismos de apoyo
Uno de los aspectos más destacados de esta intervención ha sido el uso de la facilidad de recompra para autoridades monetarias extranjeras (FIMA) de la Reserva Federal. Este mecanismo permite a los bancos centrales obtener liquidez en dólares sin tener que vender sus tenencias de bonos del Tesoro estadounidense, lo que evita una presión adicional sobre el mercado de deuda. Bessent confirmó que se recurrió a esta herramienta y animó a ampliar su uso en los próximos meses. La decisión de emplear la FIMA subraya la preocupación de Washington por evitar que Japón se viera forzado a deshacerse de grandes cantidades de deuda estadounidense, lo que podría haber desestabilizado los mercados.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó la operación como «una señal de amistad» hacia Japón y aseguró que su administración siempre estará ahí para apoyar a su aliado. En declaraciones a la prensa, Trump explicó que las autoridades japonesas solicitaron ayuda y que la Casa Blanca respondió de inmediato. La participación directa del presidente refuerza el carácter político de la intervención y envía un mensaje claro a los mercados sobre la voluntad de ambos países de actuar de forma coordinada.
Por otro lado, el máximo responsable de política cambiaria de Japón, Atsushi Mimura, insinuó que el apoyo de Estados Unidos fue más allá del mero respaldo moral y que se mantiene un contacto constante con las autoridades estadounidenses. Mimura también dejó entrever que podría haber existido coordinación con Corea del Sur, ya que el won también experimentó una apreciación durante la misma sesión. Esta posible coordinación regional añade una capa adicional de complejidad a la estrategia cambiaria de Japón.
Perspectivas para el yen y el Banco de Japón
La intervención se produjo en un contexto en el que el Banco de Japón (BoJ) mantenía su tipo de interés de referencia en el 1%, tras la subida aplicada en junio. El BoJ decidió no modificar la tasa en su reunión del viernes, aunque uno de sus miembros se mostró partidario de elevarla al 1,25%. Las actas de la reunión reflejan que el banco central prevé una inflación subyacente cercana al 2,5% para el ejercicio fiscal 2026 y reconoce que la debilidad del yen encarece las importaciones de energía y alimentos, lo que presiona al alza los precios al consumo.
Los analistas esperan que el BoJ pueda subir los tipos al 1,25% antes de que termine el año, siempre que la inflación se mantenga y el yen no se recupere de forma significativa. Una subida adicional reduciría el diferencial de tipos con Estados Unidos, donde la Reserva Federal mantiene su rango entre el 3,50% y 3,75%. Ese diferencial ha sido el principal motor del carry trade, una estrategia que consiste en pedir prestado yenes baratos para invertir en activos denominados en dólares con mayor rendimiento, una práctica común en el mercado de Forex.
El impacto de la intervención en los mercados financieros japoneses fue inmediato. El índice Nikkei de la Bolsa de Tokio cayó un 2,38% en la apertura del lunes, lastrado por las pérdidas de los grandes exportadores como Toyota y Honda, que temen que un yen más fuerte reduzca sus beneficios en el extranjero. Sin embargo, la caída se moderó a lo largo de la sesión, y el índice logró cerrar con pérdidas más contenidas. La volatilidad cambiaria sigue siendo el principal foco de atención para los inversores.
La intervención coordinada de Japón y Estados Unidos ha demostrado que las autoridades están dispuestas a actuar con contundencia para frenar la depreciación del yen, pero también ha puesto de relieve los límites de una operación puntual. El regreso del dólar por encima de 160 yenes sugiere que el mercado sigue dominado por los fundamentales, en particular el diferencial de tipos de interés. Para que el yen pueda consolidar una recuperación sostenida, será necesario que el Banco de Japón acelere la normalización de su política monetaria y que la Reserva Federal ofrezca señales de un giro más dovish. Mientras tanto, la amenaza de nuevas intervenciones se mantiene, y los operadores saben que Tokio y Washington pueden volver a actuar en cualquier momento.


