Incertidumbre global respecto al dólar y sus efectos en la economía mundial

  • La incertidumbre geopolítica y comercial está alterando el papel del dólar, con episodios de fortaleza y debilidad frente a distintas divisas.
  • América Latina y la Unión Europea sufren de forma heterogénea los movimientos del billete verde, con impactos en inflación, exportaciones y estabilidad financiera.
  • Activos refugio como el oro, la plata y el yen ganan protagonismo mientras crece el cuestionamiento del multilateralismo y del orden económico centrado en Estados Unidos.
  • Megatendencias tecnológicas, demográficas y climáticas obligan a empresas y estados a reforzar su resiliencia ante un entorno financiero global cada vez más volátil.

Incertidumbre global respecto al dólar

La incertidumbre global respecto al dólar se ha convertido en uno de los grandes hilos conductores de la economía internacional: movimientos bruscos en los tipos de cambio, tensiones geopolíticas, guerras comerciales, cambios en la política monetaria y flujos de capital que entran y salen de los países a gran velocidad están dibujando un escenario muy distinto al de hace apenas una década.

Todo esto ocurre en un contexto en el que Estados Unidos sigue siendo el eje del sistema financiero, pero su papel se ve cada vez más cuestionado, mientras otros activos refugio como el oro, la plata, el yen japonés o el franco suizo ganan protagonismo. Al mismo tiempo, las economías emergentes y avanzadas intentan adaptarse a un mundo más fragmentado, con cadenas de suministro en revisión y con un multilateralismo debilitado que añade más capas de incertidumbre.

Dólar, aranceles y tensiones por Groenlandia: impacto en las divisas latinoamericanas

En Chile, el tipo de cambio ha reflejado con claridad cómo la geopolítica puede pesar más que los fundamentos económicos. El dólar se situó alrededor de los 892 pesos, con una subida cercana al 0,27% respecto al cierre previo, a pesar de que el cobre -principal referencia para el peso chileno- se mantuvo prácticamente sin cambios en la Bolsa de Metales de Londres, con la libra rondando los 5,897 dólares.

La reacción del mercado se vinculó, sobre todo, a la ofensiva del entonces presidente estadounidense Donald Trump en torno a Groenlandia. Sus amenazas de imponer aranceles a los países que no apoyasen los planes de Washington sobre la isla dispararon la sensación de riesgo entre los inversores y enfriaron el apetito por activos más expuestos al ciclo global.

La tensión aumentó todavía más cuando comenzaron a circular informaciones sobre una posible respuesta de la Unión Europea en forma de represalias, lo que arrastró a la baja a las principales bolsas internacionales. En ese entorno, muchos inversores redujeron posiciones en renta variable y en monedas emergentes, aumentando su exposición a dólares y a activos más defensivos.

Al mismo tiempo, el Dollar Index, indicador que mide la evolución del billete verde frente a una cesta de divisas líquidas, giró a la baja y llegó a caer alrededor de un 0,33% tras las subidas iniciales de la sesión. Esta aparente contradicción -dólar al alza frente al peso chileno pero más débil frente a otras divisas- ilustra cómo los movimientos locales pueden verse condicionados por flujos propios de cada mercado.

Desde plataformas como XTB Latam se subrayó que el conflicto geopolítico-comercial entre Estados Unidos y Europa, originado por la amenaza de nuevos aranceles ligada a Groenlandia, provocó un giro defensivo en los mercados. Según sus analistas, la percepción de riesgo llevó a los inversores a adoptar una actitud más prudente, reforzando la búsqueda de refugios y generando un entorno complejo para las divisas emergentes.

Analistas locales como Felipe Sepúlveda, de Admirals Latinoamérica, destacaron que el comportamiento del tipo de cambio en Chile se explicaba por un desacople transitorio entre los fundamentos externos y los flujos locales. Aunque el cobre se mantuvo en niveles relativamente sólidos -algo que, en condiciones normales, habría apoyado al peso chileno-, la demanda de dólares en el mercado doméstico y la sensibilidad al ruido internacional terminaron imponiéndose.

Según esta lectura, el impulso del cobre no bastó para compensar un aumento significativo en la búsqueda de cobertura en dólares a nivel local, en un entorno de ruido global muy elevado. El resultado fue un alza del tipo de cambio que no respondía tanto al dato puntual de materias primas, sino a la confluencia de flujos internos y percepción de riesgo geopolítico.

Guaraní paraguayo, dólar débil e intervenciones del banco central

Un caso llamativo en la región ha sido el de Paraguay, donde el dólar se hundió hasta su nivel más bajo en unos 15 años, cotizándose en el mercado minorista entre los 6.500 y los 6.700 guaraníes, cerca de un 15% por debajo del nivel de hace un año en términos comparables.

Esta caída del tipo de cambio frente al guaraní ha tenido efectos mixtos: por un lado, ha ayudado a contener la inflación y abaratar las deudas en dólares de familias y empresas, ya que las obligaciones denominadas en la moneda estadounidense se vuelven menos costosas en moneda local. Además, los productos importados se encarecen menos, lo que limita el traslado de costes al consumidor final.

Por otro lado, el sector exportador ha sufrido un deterioro de sus márgenes, al recibir menos guaraníes por cada dólar de venta al exterior. Sectores como la agricultura o la industria orientada a mercados internacionales se ven especialmente afectados cuando el tipo de cambio se aprecia demasiado desde la perspectiva local.

Entre los factores que explican este retroceso del billete verde en Paraguay destacan los elementos geopolíticos vinculados a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, las políticas de aranceles y las decisiones imprevisibles de la Casa Blanca en materia de comercio internacional, que han generado episodios de volatilidad recurrentes.

La figura de Donald Trump ha sido un foco constante de incertidumbre en los mercados. Sus anuncios inesperados, amenazas de aranceles a socios europeos por el asunto de Groenlandia y cambios bruscos de estrategia han complicado cualquier intento de trazar una trayectoria clara para el dólar a medio plazo, según reconocen numerosos analistas internacionales.

En el plano doméstico, el presidente del Banco Central del Paraguay, Carlos Carvallo, ha señalado que la evolución del tipo de cambio responde fundamentalmente a fuerzas de mercado. Además, recordó que la meta de inflación vigente reduce el margen para que la autoridad monetaria compre divisas de forma sistemática, ya que esa intervención podría alterar el control de precios.

Hasta la fecha, el Banco Central paraguayo solo ha intervenido para contener subidas bruscas del dólar, como al inicio de un año reciente, con el fin de evitar impactos inflacionarios fuertes que dañaran el poder adquisitivo de los hogares. Sin embargo, en los últimos meses se observó una caída considerable del dólar, en un contexto en el que se anticipaba un importante ingreso de divisas por exportaciones agrícolas hacia marzo, algo que tiende a presionar todavía más a la baja el tipo de cambio.

La entidad ha reiterado que solo se plantea actuar en el mercado cambiario cuando se detectan desajustes severos entre el tipo de cambio y los fundamentos de la economía, ya sea por factores internos o externos. La posición oficial apuesta por mantener un tipo de cambio flexible que refleje la realidad de la oferta y demanda de divisas, incluso en un contexto de debilidad prolongada del dólar.

Aun así, desde el propio Banco Central se advierte de que existen factores estacionales que podrían empujar al alza el dólar en determinados momentos del año, principalmente por cambios en la dinámica del comercio exterior: épocas de mayor intensidad en las importaciones y fases de menor ritmo exportador pueden generar tensiones cambiarias en sentido contrario.

Perspectiva internacional del dólar y el papel de la Reserva Federal

A nivel global, las previsiones de bancos de inversión y grandes entidades financieras muestran un panorama matizado: el dólar presenta una tendencia general de debilidad frente a muchas monedas, pero con posibilidad de recuperaciones puntuales si los datos económicos estadounidenses sorprenden al alza o si los riesgos globales se intensifican.

Desde grupos como Citigroup se ha apuntado que, de cara a los próximos años, podría producirse una apreciación gradual del billete verde, no abrupta, similar a otros episodios históricos en los que la divisa estadounidense recuperó terreno tras fases de corrección. Sin embargo, ese proceso estaría muy condicionado por la evolución de la política monetaria de la Reserva Federal y por el entorno geopolítico.

En el momento actual, la expectativa dominante es que la Fed acometa recortes de tipos de interés en algún momento si la economía lo requiere, lo que en principio juega en contra del dólar porque reduce el atractivo relativo de los activos denominados en esta divisa. No obstante, si los datos de crecimiento y empleo superan lo previsto, el mercado podría reevaluar la trayectoria de los tipos y apoyar temporalmente al dólar.

La propia Reserva Federal, a través de algunos de sus responsables, ha señalado que debe estar preparada para recortar de nuevo los tipos de referencia si la situación lo exige, especialmente si el mercado laboral se muestra más frágil de lo que parecen indicar las cifras agregadas. Estas declaraciones se han interpretado como una señal de que la puerta a medidas expansivas permanece abierta.

Los inversores, por su parte, prestan mucha atención a indicadores clave como el índice de precios del Gasto en Consumo Personal (PCE) en Estados Unidos, así como a las decisiones de otros bancos centrales, ya que las diferencias de tipos de interés entre países condicionan buena parte de los flujos hacia el dólar y otras divisas.

Oro, plata y activos refugio ante la incertidumbre sobre el dólar

En este entorno de elevada incertidumbre, los activos considerados refugio clásico han cobrado un protagonismo extraordinario. El oro y la plata han registrado máximos históricos, impulsados por una auténtica huida hacia la seguridad tras nuevas amenazas de Trump de imponer aranceles adicionales a países europeos por sus posiciones en torno a Groenlandia.

Los analistas de mercado coinciden en que, mientras persistan elevadas tensiones geopolíticas y dudas sobre el comportamiento del dólar, los metales preciosos mantendrán un potencial alcista. Firmas como FXStreet y Société Générale han subrayado que el oro salió recientemente de una fase de consolidación con fuerza, abriendo un nuevo tramo de impulso en su cotización.

En informes recientes se destacó que el contrato de oro en el COMEX llegó a situarse por encima de los 4.600 dólares por onza, tras un incremento notable en pocos días, marcando un máximo histórico en la sesión. La plata, por su parte, también alcanzó récords, con avances diarios superiores al 5% en algunos momentos.

El comienzo de año para estos metales ha sido excepcional: el oro acumuló subidas superiores al 5% en apenas un mes, mientras que la plata avanzó más de un 20% en dos semanas, camino de uno de sus mejores registros mensuales desde la década de 1980. Este comportamiento se explica por una combinación de crisis geopolíticas (en Irán, Venezuela, Groenlandia y otros focos de tensión) y la expectativa de que la Fed pueda verse obligada a recortar tipos de forma más agresiva.

Expertos como Barbara Lambrecht, de Commerzbank, apuntan que el precio del oro se ve respaldado por la previsión de recortes más profundos de tipos en Estados Unidos de lo que el mercado descuenta actualmente. En el caso de la plata, además de su condición de refugio, pesa un mercado muy ajustado durante años y las dificultades para reducir el uso del metal en ciertas aplicaciones industriales, lo que sostiene la demanda estructural.

Desde distintos equipos de análisis se insiste en que, a pesar de las alzas registradas, no se observan todavía señales claras de agotamiento de la tendencia alcista en el oro, siempre que el telón de fondo siga dominado por los recortes de tipos y la inestabilidad geopolítica latente.

Yen japonés, dólar y tensiones políticas en Asia y Occidente

Otro de los protagonistas de este nuevo mapa financiero es el yen japonés, tradicional moneda refugio en épocas de turbulencias. El par USD/JPY se ha movido en torno a niveles elevados, próximos a máximos de año y medio, aunque con correcciones puntuales ligadas a la evolución de la política interna en Japón y a la percepción de riesgo global.

En el frente doméstico japonés, la especulación sobre la posibilidad de que la primera ministra Sanae Takaichi disuelva el parlamento y convoque elecciones anticipadas ha generado dudas entre los inversores. La perspectiva de una victoria que refuerce una agenda fiscal expansiva, en un país muy endeudado, despierta temores sobre un deterioro adicional de las cuentas públicas.

Este escenario tiende a pesar sobre el yen, ya que algunos inversores consideran que un aumento del estímulo fiscal sin un ajuste monetario claro podría devaluar la moneda a medio plazo. De ahí que, en momentos de rumores políticos intensos, el yen pierda tracción frente al dólar u otras divisas.

Sin embargo, otras fuerzas contrarrestan ese movimiento. La ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, ha reiterado que todas las opciones están sobre la mesa para frenar una debilidad excesiva del yen, incluida una intervención directa y coordinada con Estados Unidos. Además, ciertas voces dentro del Banco de Japón consideran posible adelantar una subida de tipos, incluso a primavera, lo que podría apoyar a la moneda japonesa.

En el plano internacional, el entorno de riesgo débil ha jugado a favor del yen. Las nuevas amenazas de Trump de imponer aranceles del 10% a varios países europeos por su oposición a sus planes sobre Groenlandia reavivaron el temor a una guerra comercial renovada, reduciendo el apetito por activos de riesgo y reforzando la demanda de divisas refugio como el yen y el franco suizo.

Mientras tanto, el dólar estadounidense retrocedió tras tocar máximos desde principios de diciembre, presionado por el aumento de las dudas sobre los activos denominados en dólares en un contexto de tensiones políticas y comerciales. La reducción de las expectativas de recortes de tipos por parte de la Fed ha limitado parcialmente la caída, pero no ha evitado una sensación de vulnerabilidad.

Los mercados siguen muy atentos a referencias como el PCE de Estados Unidos y a las decisiones del Banco de Japón, ya que pequeños cambios en el tono de los bancos centrales pueden traducirse en movimientos acusados en cruces como el USD/JPY, en un entorno de elevada sensibilidad al riesgo.

Desorden geopolítico, cuestionamiento del multilateralismo y rol del dólar

Más allá de los episodios concretos, el dólar se mueve en un escenario global marcado por un cambio profundo en las reglas del juego internacionales. La agenda económica de la nueva administración estadounidense, con una fuerte inclinación hacia el uso agresivo de aranceles, ha puesto en cuestión la estabilidad del comercio mundial.

Los anuncios arancelarios del 2 de abril de 2025 y sus vaivenes posteriores mostraron a los mercados que ningún escenario, por extremo que parezca, puede descartarse. Esto incluye la posibilidad de medidas unilaterales contra socios tradicionales, revisiones repentinas de acuerdos y una mayor instrumentalización del comercio como herramienta de presión geopolítica.

Al mismo tiempo, se ha intensificado el debate sobre la centralidad del dólar como moneda de reserva internacional y sobre la confianza en los sistemas de pago dominados por empresas estadounidenses. Aunque el billete verde sigue siendo la divisa principal en reservas, comercio y financiación, cada vez más países exploran alternativas parciales para reducir su dependencia.

La agenda de desregulación anunciada por Estados Unidos, especialmente en sectores como el bancario, el financiero y el energético, también ha generado inquietud. Muchos observadores temen que pueda crear asimetrías regulatorias y problemas de nivel de competencia entre jurisdicciones, además de añadir más volatilidad en un sistema ya tensado por factores geopolíticos.

Este giro se inscribe dentro de un retroceso más amplio de las narrativas favorables al multilateralismo. Desde hace aproximadamente una década, el entusiasmo por la globalización y por las reglas surgidas tras la Segunda Guerra Mundial se ha enfriado, tanto en las élites políticas como en amplias capas de la población.

Eventos como las guerras en Ucrania y Oriente Medio, las tensiones comerciales de 2018-2019 entre Estados Unidos y China, el bloqueo de la Organización Mundial del Comercio y otras instituciones, la salida del Reino Unido de la Unión Europea o los efectos dislocadores de la pandemia sobre las cadenas de suministro han minado la fe en un sistema global plenamente integrado.

En contraste con otras fases históricas, la actual se caracteriza por la superposición simultánea de conflictos geopolíticos y comerciales. Antes, los choques políticos solían darse en un contexto de profundización de la globalización; hoy, las tensiones se refuerzan mutuamente, debilitando aún más la confianza en el marco de cooperación internacional.

La intensidad del impacto varía según el grado de integración de cada país en la economía mundial y la naturaleza de sus vínculos comerciales y financieros. Economías muy expuestas a cadenas globales de valor son especialmente vulnerables a los choques de oferta, como se vio con la dependencia de algunos socios europeos del gas ruso tras la invasión de Ucrania.

Las tensiones geopolíticas no solo alteran el comercio, sino que también elevan la incertidumbre macroeconómica, complicando la toma de decisiones para gobiernos, empresas y hogares. En periodos de elevada incertidumbre, el consumo suele moderarse y la inversión se retrae de forma más acusada, frenando el crecimiento y elevando la volatilidad en los mercados financieros.

Estudios como el de Caldara e Iacoviello sobre riesgo geopolítico han mostrado cómo shocks de incertidumbre pueden desencadenar ajustes bruscos de precios de activos y repuntes de la volatilidad, con canales de transmisión que van desde los flujos de capital hasta el comercio y el crédito internacional.

Europa, concentración comercial y búsqueda de seguridad económica

Las economías de la Unión Europea están profundamente entrelazadas con el resto del mundo a través del comercio, las finanzas y los movimientos migratorios, lo que las hace especialmente sensibles a disrupciones globales. La elevada concentración de importaciones procedentes de China y de exportaciones dirigidas a Estados Unidos genera preocupaciones en términos de seguridad económica.

Depender en gran medida de unos pocos proveedores o mercados puede convertirse en una fuente de vulnerabilidad si esos socios adquieren una posición dominante o si surgen conflictos políticos, sanciones o bloqueos logísticos. La experiencia reciente con la energía procedente de Rusia ha reforzado los argumentos a favor de diversificar fuentes y destinos comerciales.

Los datos disponibles apuntan a que, entre 2017 y 2024, el comercio mundial como porcentaje del PIB se mantuvo relativamente estable, pero se observó un leve aumento en la participación en cadenas globales de valor y en el comercio de servicios. No obstante, las tensiones geopolíticas han impulsado una reorganización parcial de los flujos, con países occidentales redirigiendo parte de su comercio desde China y Rusia hacia socios percibidos como más alineados geopolíticamente.

Para la Unión Europea, las decisiones comerciales y arancelarias de Estados Unidos añaden un nivel extra de complejidad, ya que rompen con ciertos alineamientos tradicionales y obligan a Bruselas a redefinir su estrategia de autonomía estratégica, también en el terreno monetario y financiero.

Todo esto se produce en paralelo a cambios profundos en la distribución del peso económico a nivel mundial, con el auge de nuevas potencias y el surgimiento de estructuras multilaterales alternativas a las de Bretton Woods. En este contexto, el dominio del dólar se discute más abiertamente, aunque por ahora sin una alternativa clara y única que lo sustituya.

Megatendencias, adaptación empresarial y resiliencia económica

La incertidumbre global respecto al dólar y al sistema financiero internacional no puede entenderse al margen de un conjunto de megatendencias que están redefiniendo la economía: el avance tecnológico acelerado, los cambios demográficos, la transición energética, el cambio climático, la evolución institucional y las nuevas dinámicas de salud pública global.

El desarrollo tecnológico -digitalización, automatización, inteligencia artificial- está transformando la producción y el empleo, generando grandes ganancias de eficiencia pero también desplazando ciertos perfiles laborales y alimentando debates sobre desigualdad. Algunos trabajos señalan que el malestar social en las economías avanzadas tiene más que ver con estos shocks tecnológicos que con la globalización en sí misma.

En paralelo, los cambios demográficos -envejecimiento en Europa y otras regiones desarrolladas, crecimiento rápido de la población en algunas economías emergentes- están reconfigurando el ahorro, la inversión y las finanzas públicas. Estos movimientos afectan a las trayectorias de los tipos de interés a largo plazo y, en consecuencia, a la demanda relativa de activos denominados en dólares.

La transición hacia fuentes de energía más limpias y el desafío del cambio climático requieren enormes inversiones en infraestructuras, tecnologías y adaptación, lo que implica nuevas necesidades de financiación y altera los flujos de capital globales. En este terreno, la estabilidad del sistema financiero -y del dólar como ancla central- es crucial para evitar crisis durante el proceso.

Tras la pandemia de COVID-19, la salud pública global ha pasado a ocupar un lugar mucho más visible en la agenda económica. La capacidad de los sistemas sanitarios para soportar shocks, la inversión en biotecnología y la cooperación internacional en este ámbito se han convertido en variables que influyen en el apetito por riesgo, en la asignación de capital y, en última instancia, en las valoraciones de las divisas.

En este contexto, empresas y gobiernos están tratando de adaptarse mediante diversas estrategias. Muchas compañías están diversificando sus cadenas de suministro y sus mercados, reduciendo la dependencia de un solo país o región. Esto implica, por ejemplo, replantear la localización de plantas, establecer proveedores alternativos y ampliar la base de clientes.

En el plano público, crece el interés por políticas orientadas a la autosuficiencia relativa en sectores estratégicos, como los semiconductores, las energías renovables o determinados materiales críticos. Esta agenda se combina con marcos regulatorios más flexibles y con políticas industriales que buscan atraer inversión y fortalecer ecosistemas locales.

Una herramienta cada vez más utilizada por empresas e instituciones es la planificación por escenarios, que permite anticipar distintos futuros plausibles, evaluar riesgos y oportunidades y diseñar estrategias de resiliencia. Esta incluye refuerzo de infraestructuras, digitalización de procesos, mejora de la ciberseguridad y adopción de prácticas sostenibles que reduzcan la exposición a riesgos ambientales y regulatorios.

La cooperación entre sector público y privado se revela esencial para construir sistemas económicos más robustos frente a shocks geopolíticos y financieros. A través de políticas industriales coordinadas, apoyo a la innovación y desarrollo de talento, se busca amortiguar el impacto de la incertidumbre y aprovechar las oportunidades que ofrecen las nuevas tecnologías y la transición energética.

En este entramado complejo, el dólar sigue ocupando una posición central, pero rodeado de más interrogantes que en décadas anteriores. Entre tensiones comerciales, guerras, ajustes regulatorios, cambios demográficos y disrupciones tecnológicas, la economía mundial navega un periodo en el que la diversificación, la gestión del riesgo y la resiliencia institucional se han vuelto imprescindibles para transitar una era marcada por la volatilidad y por un cuestionamiento creciente del orden económico que giraba casi exclusivamente en torno a la divisa estadounidense.

aranceles de EEUU a la UE
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