La jornada de este lunes se presenta bastante movidita para el fisco espaƱol. Los aproximadamente 28.000 trabajadores que componen la Agencia Estatal de Administración Tributaria (AEAT) estĆ”n llamados a secundar una huelga general de 24 horas. Esta convocatoria, liderada por el sindicato CSIF, pretende poner sobre la mesa el hartazgo de una plantilla que se siente ninguneada tras aƱos de promesas incumplidas y una carga de trabajo que, segĆŗn dicen, ya les llega al cuello. El paro ha comenzado oficialmente en la medianoche del domingo y se alargarĆ” hasta el Ćŗltimo minuto de hoy, afectando a delegaciones, oficinas y centros de control de todo el paĆs.
Lo que hace que este conflicto escueza especialmente en las altas esferas es el momento elegido. Estamos en plena recta final de la CampaƱa de la Renta, ese periodo del aƱo en el que los ciudadanos acuden en masa a las oficinas para que les echen una mano con sus declaraciones. Con el canal de atención presencial reciĆ©n abierto, el riesgo de que muchas citas se queden en el aire es real, aunque desde la dirección del organismo aseguran que intentarĆ”n capear el temporal con los servicios mĆnimos previstos. Sin embargo, para los funcionarios no ha quedado otra que dar un golpe en la mesa ante lo que consideran un bloqueo sistemĆ”tico de sus condiciones laborales.
Un conflicto enquistado por la carrera profesional
El nĆŗcleo del problema no es nuevo, viene de lejos. Los sindicatos denuncian que el acuerdo de carrera administrativa y profesional estĆ” totalmente paralizado desde el aƱo 2019, lo que supone un menoscabo económico y de promoción para miles de empleados. Resulta frustrante para muchos tĆ©cnicos y agentes comprobar cómo, a pesar de asumir mĆ”s responsabilidades por la jubilación de sus veteranos, siguen estancados en los tramos retributivos mĆ”s bajos de la escala. SegĆŗn explican desde CSIF, hay una falta total de voluntad polĆtica para aplicar lo firmado en su dĆa, dejando a la plantilla con la sensación de estar haciendo el primo.
AdemĆ”s del tema del dinero y los ascensos, hay otro punto que estĆ” trayendo cola: el reconocimiento de profesión de riesgo para el Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA). Estos trabajadores, que se parten la cara contra el narcotrĆ”fico y el contrabando en situaciones a veces muy peligrosas, exigen poder jubilarse antes y contar con protecciones similares a las de otros cuerpos de seguridad. Tras los trĆ”gicos incidentes vividos recientemente con narcolanchas, la sensibilidad sobre este tema estĆ” a flor de piel y es una de las lĆneas rojas que el sindicato no estĆ” dispuesto a pasar.
Por si fuera poco, la regulación del teletrabajo tambiĆ©n estĆ” en el centro de la diana. Los funcionarios piden una mayor flexibilidad para poder trabajar a distancia tres dĆas a la semana de forma general, e incluso cinco en casos especĆficos de movilidad o salud. Critican que, mientras otros organismos de la administración pĆŗblica han avanzado hacia modelos mĆ”s modernos, en la Agencia Tributaria se ha dado un paso atrĆ”s, eliminando facilidades horarias y endureciendo el calendario laboral sin una justificación clara.
Falta de manos para meterle mano al fraude fiscal

Uno de los argumentos mƔs potentes que esgrimen los huelguistas es que, con la plantilla actual, es imposible ser eficaces contra los peces gordos. Los cƔlculos que manejan, basados en estƔndares de la OCDE, indican que EspaƱa necesita incorporar de manera urgente a unos 5.000 nuevos efectivos. Actualmente, los 28.000 currantes se ven desbordados, lo que provoca que el foco se ponga muchas veces en el pequeƱo contribuyente mientras que el gran fraude, ese que es mƔs complejo de investigar, se escapa por las costuras del sistema.
La situación es especialmente dramĆ”tica en zonas como las Islas Baleares. AllĆ, el desorbitado precio de la vivienda hace que casi nadie quiera ir destinado o que, si lo hacen, busquen la salida en cuanto pueden. Esto genera un agujero de personal que los que se quedan tienen que tapar con horas extra y niveles de estrĆ©s que acaban en bajas mĆ©dicas. Al final, es un pez que se muerde la cola: menos gente para trabajar, mĆ”s carga para los que estĆ”n y un servicio al ciudadano que termina resintiĆ©ndose por mucho que le pongan ganas.
Desde las delegaciones especiales de Castilla y León hasta las sedes centrales en Madrid, el clamor es el mismo: no se puede exigir una recaudación rĆ©cord si no se cuida a quien tiene que gestionarla. Los sindicatos advierten que la profesionalidad de los empleados es lo Ćŗnico que estĆ” salvando las campaƱas anuales, pero que la cuerda ya no da mĆ”s de sĆ. Si la Agencia sigue sin sentarse a negociar con propuestas serias sobre la mesa, este parón de hoy podrĆa ser solo el principio de un otoƱo muy caliente en las oficinas de Hacienda.

El impacto real en la atención al contribuyente
Para el ciudadano de a pie, la gran pregunta es quĆ© pasa con su cita. Aunque la AEAT intenta transmitir tranquilidad y dice que estarĆ” pendiente para ajustar la oferta a la demanda, lo cierto es que la huelga podrĆa dar al traste con miles de trĆ”mites presenciales. En lugares como Baleares, donde el seguimiento suele ser alto, la incertidumbre es total. El consejo para los contribuyentes es estar atentos a posibles avisos, aunque el sindicato ya ha pedido disculpas de antemano por las molestias, recalcando que no les ha quedado otro remedio tras ver cómo sus peticiones caen en saco roto.
El calendario de protestas no ha salido de la nada. Los trabajadores llevan desde principios de mayo realizando concentraciones y paros parciales de una hora para calentar motores. Con la huelga general de este lunes, 8 de junio, pretenden enviar un mensaje nĆtido al Ministerio de Hacienda: la paz social tiene un precio y pasa por cumplir los acuerdos firmados hace aƱos. De no haber movimientos en las próximas semanas, la amenaza de retomar las movilizaciones a partir de septiembre cobra cada vez mĆ”s fuerza entre los pasillos de las delegaciones territoriales.
Lo que queda claro tras esta jornada de protesta es que el malestar en la Agencia Tributaria es profundo y va mĆ”s allĆ” de una simple pataleta salarial. Se trata de un modelo organizativo que, segĆŗn los propios funcionarios, se ha quedado obsoleto y no responde a las necesidades actuales de un paĆs que lucha por reducir su economĆa sumergida. El bloqueo en la negociación de la carrera profesional y la falta de refuerzos en Vigilancia Aduanera son solo la punta del iceberg de un organismo que necesita una reforma interna de arriba abajo para volver a funcionar a pleno rendimiento y sin quemar a su activo mĆ”s valioso: su gente.

