
La economía gala ha esquivado la recesión por muy poco, pero el frenazo es evidente. Los datos revisados por el Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (Insee) confirman que el producto interior bruto (PIB) se contrajo un 0,2% en los tres primeros meses del año y se quedó plano en el segundo trimestre, cuando inicialmente se esperaba un avance del 0,2%. Esta corrección a la baja, atribuida sobre todo al deterioro de la producción agrícola por las olas de calor y la sequía, ha puesto en jaque las previsiones del Ejecutivo.
El ministro de Economía, Roland Lescure, no ha dudado en calificar el verano de ‘terrible’ y ha admitido que el impacto climático también se dejará notar en el tercer trimestre. Mientras tanto, el consumo de los hogares repuntó un 0,3% entre abril y junio, pero el poder adquisitivo siguió cayendo y la tasa de ahorro se redujo hasta el 17,2%. El objetivo de cerrar el año con un crecimiento del 0,7% parece cada vez más lejano, y con él, la meta de reducir el déficit al 5% del PIB.
Revisión a la baja: el PIB se estanca
El Insee publicó este viernes la segunda estimación del PIB, que corrige a la baja tanto el dato del primer trimestre (de -0,1% a -0,2%) como el del segundo (de +0,2% a 0,0%). La oficina estadística explica que estas revisiones se deben a un deterioro aún mayor de la producción agrícola y a ‘fluctuaciones de precios en los servicios de mercado’ que no se conocían a finales de julio. En concreto, la agricultura ha sufrido un golpe durísimo por las condiciones meteorológicas extremas, con cosechas que se prevén ‘extremadamente difíciles’ en varios sectores y regiones, según advirtió el propio Lescure.
Este estancamiento deja a Francia al borde de la recesión técnica, aunque se evita al no encadenar dos trimestres consecutivos en negativo. Sin embargo, la dinámica es preocupante: la inversión empresarial (FBCF) cayó un 0,3% en el segundo trimestre, después de haber retrocedido un 0,8% en el primero, y el gasto público solo creció un 0,4%. Las exportaciones, eso sí, repuntaron con fuerza (+2,9%) gracias al sector aeronáutico, mientras que las importaciones subieron un 1,1%, lo que dio una contribución positiva del comercio exterior.

El consumo aguanta, pero el bolsillo se resiente
El gasto de los hogares franceses aumentó un 0,3% en el segundo trimestre, recuperándose del retroceso del 0,3% anterior. No obstante, el poder adquisitivo de la renta disponible se desplomó un 0,5% (un 0,6% por unidad de consumo), lastrado por la inflación y la subida de los precios de la energía. Esta caída del poder de compra, unida al repunte del consumo, ha provocado que la tasa de ahorro de las familias bajara del 17,9% al 17,2% en solo tres meses.
Los datos reflejan una realidad complicada: los franceses gastan más, pero porque los precios suben, no porque tengan más margen. La energía se ha encarecido un 16,7% interanual en agosto, y los alimentos frescos un 5,8%, lo que explica en gran parte la aceleración de la inflación hasta el 2,4% en tasa interanual. Aunque el Gobierno intenta controlar el gasto, los ingresos fiscales podrían quedarse por debajo de lo previsto, lo que pone en riesgo el objetivo de déficit del 5%.

Objetivos fiscales en el alambre
El Ejecutivo francés había fijado una meta de crecimiento del 0,7% para 2026, pero con los datos revisados, necesitaría un avance trimestral de alrededor del 0,5% tanto en el tercer como en el cuarto trimestre para alcanzarla. Algo que los analistas consideran ‘altamente improbable’. De hecho, la consultora ING Research ya advierte de que la previsión del Gobierno ‘resulta ahora inalcanzable’ y que, sin medidas adicionales de consolidación fiscal, el déficit podría superar incluso el 5,1% registrado el año pasado.
El ministro Lescure ha reconocido que el objetivo de déficit del 5% ‘no está ganado’ y que el principal riesgo viene de unos ingresos públicos inferiores a lo esperado. Además, el impacto de las olas de calor y la sequía se incorporará a las previsiones para el próximo presupuesto, lo que anticipa un otoño complicado en el plano económico y político. La economía francesa, la segunda de la eurozona, se enfrenta a un cóctel de estancamiento, inflación y ajuste fiscal que marcará los próximos meses.
Francia ha logrado esquivar la recesión técnica, pero el estancamiento del PIB en el primer semestre, unido a la caída del poder adquisitivo y a la reducción del ahorro, deja al Gobierno con muy poco margen para cumplir sus compromisos. El clima adverso ha sido el detonante de esta revisión a la baja, y sus efectos podrían prolongarse en el tercer trimestre. Con un crecimiento que no despega y un déficit que no se reduce, el Ejecutivo de Sébastien Lecornu tendrá que remar contracorriente para convencer a los mercados y a Bruselas de que la economía gala puede enderezarse.