Invertir en fondos emergentes de renta variable significa salir de la zona de confort de las grandes economías desarrolladas y asomarse a países donde el crecimiento aún está en plena construcción. Hablamos de regiones como Asia, Latinoamérica, Europa emergente, Oriente Medio o África, que combinan mayor potencial de rentabilidad con riesgos políticos, institucionales y de mercado más elevados. No es un terreno para ir a ciegas, pero bien utilizados pueden ser una pieza muy interesante dentro de una cartera diversificada a largo plazo.
En este artículo vas a encontrar una guía muy completa para entender qué son los fondos emergentes de renta variable, cómo se clasifican, qué tipo de fondos e ETFs existen, qué riesgos asumes, qué ventajas aportan y cómo encajarlos con sentido en tu estrategia de inversión. Además, integraremos ejemplos reales de fondos, datos de rentabilidad, enfoques de gestión activa e indexada y algunos matices prácticos sobre fiscalidad, diversificación y construcción de cartera.
Qué es la renta variable emergente y cómo se definen estos fondos
Cuando hablamos de fondos de renta variable emergente nos referimos a vehículos de inversión que destinan la mayor parte de su patrimonio a acciones de compañías de países catalogados como “emergentes”. En la práctica, los fondos que se encuadran en esta categoría suelen invertir al menos el 75% de su patrimonio en renta variable, y de ese porcentaje, como mínimo otro 75% debe estar en mercados emergentes. Es decir, son fondos claramente orientados a bolsa, con un sesgo claro hacia regiones en desarrollo.
Estos fondos pueden tener una diversificación geográfica muy amplia: Asia (China, India, Indonesia, Tailandia…), Latinoamérica (Brasil, México, Chile…), Europa emergente (Polonia, Hungría, República Checa, etc., muchas veces excluyendo Rusia), Oriente Medio y algunos países africanos. Cada gestora decide su propio universo de inversión y los límites de cada área, pero el núcleo del producto siempre es el mismo: exposición a renta variable de economías con un nivel de desarrollo intermedio.
Además de los fondos globales, existen fondos que se acotan a una zona específica de mercados emergentes. Un ejemplo típico son los fondos de “Europa Emergente ex-Rusia”, que concentran su cartera en países emergentes europeos, pero dejan fuera Rusia por motivos regulatorios, de riesgo o por cambios en la clasificación de índices. En estos casos, se mantiene la regla de que al menos un 75% del patrimonio se invierte en renta variable y, dentro de ella, un mínimo del 75% se dirige a renta variable de Europa emergente excluyendo Rusia.
En algunos casos encontramos también productos de nicho, como fondos que combinan renta variable y renta fija emergente, o estrategias temáticas dentro de mercados emergentes (por ejemplo, tecnología, consumo o infraestructuras). Aunque la clasificación oficial de muchos supervisores exige un peso dominante en bolsa para considerarlos “renta variable emergente”, en la práctica hay bastante variedad de enfoques y matices.
Qué son los mercados emergentes: características y ejemplos
Los llamados mercados emergentes se sitúan en un punto intermedio entre las economías desarrolladas (Estados Unidos, zona euro, Japón, etc.) y los países en vías de desarrollo más rezagados. No son economías pobres sin mercado de capitales, pero tampoco disponen del nivel de renta per cápita, estabilidad política o desarrollo institucional de los países avanzados.
Estas economías se suelen caracterizar por crecimientos del PIB más elevados que los de los países desarrollados, al estar aún en fases de expansión, industrialización y modernización. A ello se suma, en muchos casos, una población más joven y en aumento, con una clase media emergente que va ganando poder adquisitivo y modificando su patrón de consumo. Todo esto se traduce en un mayor dinamismo económico, con fuertes necesidades de inversión en vivienda, infraestructuras, energía, tecnología y servicios.
El lado menos amable es que los mercados emergentes también presentan mayor volatilidad y riesgos políticos. Suelen tener instituciones menos consolidadas, cambios regulatorios más bruscos, dependencia notable de materias primas en algunos casos, y vulnerabilidad a shocks externos (subidas de tipos en Estados Unidos, crisis de divisas, tensiones geopolíticas, etc.). Para el inversor, eso significa ciclos más marcados, con subidas potentes pero también caídas muy intensas.
Cuando se pone nombre y apellidos a estos mercados, la lista suele incluir países como China, India, Brasil, México, Indonesia, Tailandia, Sudáfrica, Turquía o Malasia, entre otros. Muchos de ellos forman parte de índices de referencia como el MSCI Emerging Markets, el más utilizado por las gestoras a la hora de construir fondos y ETFs que replican la evolución de las bolsas emergentes.
Es importante tener en cuenta que los índices de mercados emergentes no lo incluyen todo. Por ejemplo, muchas economías africanas quedan fuera porque no cuentan con mercados de valores suficientemente desarrollados, no son accesibles al inversor extranjero o carecen de un marco regulatorio robusto. Invertir en mercados emergentes mediante fondos y ETFs reduce parte de ese riesgo, ya que se centra en aquellos países que cumplen unos criterios mínimos de liquidez, tamaño y regulación.
Cómo se construyen los índices emergentes y qué estás comprando en realidad
Cuando inviertes en un fondo emergente indexado o en un ETF, en realidad estás comprando una cartera que replica un índice de referencia. El más popular es el MSCI Emerging Markets, que agrupa las principales bolsas de numerosos países emergentes. Este índice suele ponderar los países por capitalización bursátil ajustada por free float, de manera que el peso de cada país depende del tamaño de su mercado de acciones disponible para los inversores.
En la práctica, esto hace que algunos países tengan un peso muy relevante dentro del índice, como China, Taiwán, India o Corea del Sur (dependiendo de las revisiones de clasificación), mientras que otros países más pequeños apenas aportan unas pocas posiciones. Además, sectores como la tecnología, los servicios financieros o el consumo discrecional tienden a tener un peso considerable, ya que muchas de las grandes compañías emergentes cotizadas pertenecen a estas áreas.
Hay otros índices más específicos que permiten refinar la exposición geográfica, como MSCI Latin America o FTSE Asia, centrados en determinadas regiones. Estos índices son la base para fondos y, sobre todo, para ETFs que permiten invertir de forma muy concreta en bloques de mercados emergentes sin tener que comprar acciones país por país.
Conviene recordar que un índice, por su propia naturaleza, deja fuera ciertos mercados y sectores. No todo lo emergente entra en la cesta. Por ejemplo, economías muy pequeñas, mercados con poca liquidez o países con restricciones fuertes a la inversión exterior no suelen estar presentes. Eso hace que, aunque hablemos genéricamente de “emergentes”, en realidad estemos accediendo a una parte de ellos: los más grandes y con mercado de capitales funcional.
Pros y contras de invertir en países emergentes
Invertir en fondos emergentes de renta variable tiene ventajas claras, pero también riesgos que conviene tener muy presentes. La principal razón para incluirlos en la cartera es su mayor potencial de crecimiento económico. Según previsiones recientes del Fondo Monetario Internacional (WEO de octubre de 2025), mientras las economías avanzadas crecerían alrededor de un 1,6% anual, los mercados emergentes y en desarrollo se mantendrían por encima del 4%, con un crecimiento mundial cercano al 3,2%.
Ese diferencial, acumulado durante años, ha ido cambiando el reparto del poder económico global. Los países emergentes y en desarrollo ya representan cerca del 45% del PIB mundial, frente a apenas un 25% a comienzos de los 2000. Además, han aportado alrededor del 60% del crecimiento global en las últimas décadas, impulsados sobre todo por China, India y Brasil, entre otros. Para el inversor, eso significa que una parte muy significativa de la creación de riqueza mundial se está produciendo en este bloque.
Estas economías se benefician también de megatenencias estructurales como el crecimiento de la clase media, la urbanización, la digitalización del consumo y el empuje demográfico en Asia, África y parte de Latinoamérica. Se trata de fuerzas de fondo que alimentan la demanda de vivienda, infraestructuras, energía, telecomunicaciones, comercio electrónico y servicios financieros, sectores que suelen estar muy presentes en las carteras de los fondos emergentes.
Por el lado del riesgo, el entorno tampoco es sencillo. El endeudamiento público global se mantiene en niveles históricamente altos, por encima del 230% del PIB mundial, y en los propios mercados emergentes la deuda pública se ha incrementado en los últimos años, con previsiones de seguir aumentando hacia el final de la década. A esto se suman la mayor inestabilidad política, la dependencia de materias primas en algunos países y la sensibilidad a movimientos de tipos de interés y flujos de capital internacionales.
Todo ello se traduce en que la bolsa emergente presenta una volatilidad más elevada que la de mercados como Estados Unidos o la zona euro. Las caídas pueden ser más bruscas en determinadas fases del ciclo, especialmente cuando el dólar se fortalece, suben los tipos en las economías desarrolladas o se producen crisis políticas y monetarias. Por eso, para la mayoría de inversores, lo sensato es ver la inversión en emergentes como un complemento de medio-largo plazo dentro de una cartera global, no como una apuesta aislada o a corto plazo.
Tipos de fondos emergentes de renta variable
Dentro del universo de fondos de inversión en mercados emergentes no todo es “uno u otro índice”. La oferta se puede agrupar en varias tipologías según su enfoque geográfico, el tamaño de las compañías, el estilo de inversión o el tipo de gestión (activa o indexada). Conocer estas diferencias ayuda a saber qué estás comprando y a elegir el producto que mejor encaja con tus objetivos.
En primer lugar, encontramos los fondos regionales o de países. Son aquellos que se especializan en una región concreta (por ejemplo, Asia, Latinoamérica, Europa Emergente ex-Rusia) o incluso en un solo país emergente con mercado relevante, como India o Brasil. Este tipo de fondos permite afinar la apuesta geográfica, pero también incorpora más concentración de riesgo político y económico en esa zona.
Otra forma de clasificar los fondos emergentes es por capitalización bursátil. Hay fondos que se centran en grandes compañías (large caps), otros que combinan grandes y medianas (mid caps) y algunos que amplían el espectro a pequeñas empresas (small caps). Cuanto más se baja en tamaño, mayor suele ser el potencial de crecimiento, pero también aumentan el riesgo, la volatilidad y la menor liquidez de muchos valores.
También se puede distinguir por el estilo de inversión: fondos que buscan empresas de valor (value), con valoraciones atractivas en relación a sus fundamentales, frente a fondos de crecimiento (growth), que priorizan compañías con altas tasas de expansión aunque coticen a múltiplos más exigentes. En emergentes, muchos fondos combinan ambos enfoques o siguen un estilo “blend”, si bien sí existen productos con sesgos marcados hacia value o growth.
Finalmente, la gran línea divisoria es la que separa los fondos indexados y ETFs (gestión pasiva) de los fondos de gestión activa. Los primeros se limitan a replicar un índice de referencia y suelen tener comisiones muy bajas, mientras que los segundos intentan seleccionar compañías y países concretos para batir al índice, asumiendo un coste de gestión superior.
Fondos indexados y ETFs para invertir en mercados emergentes
La forma más sencilla y económica de obtener exposición a renta variable emergente diversificada es a través de fondos indexados y ETFs que replican índices amplios. Entre los índices más relevantes destaca el MSCI Emerging Markets IMI, que incluye compañías de gran, mediana y pequeña capitalización de numerosos países emergentes, ofreciendo un universo de inversión muy extenso.
Un ejemplo destacado en este terreno es el ETF iShares MSCI EM UCITS ETF (código ISIN IE00B4L5YC18 en una de sus clases). Este producto ofrece una exposición muy diversificada a renta variable de mercados emergentes, ya que replica el índice MSCI Emerging Markets IMI con más de 3.000 acciones en cartera. Cuenta con una comisión total (TER) en torno al 0,18%, réplica física completa y capitaliza dividendos (clases Acc), lo que lo hace particularmente eficiente para una estrategia de largo plazo.
Este ETF gestiona un patrimonio superior a 26.000 millones de euros, situándose entre los vehículos más grandes de la categoría. En los últimos tres años, su rentabilidad acumulada ronda el +48%, con una volatilidad cercana al 16%, cifras coherentes con el perfil de riesgo de la bolsa emergente. Para muchos inversores es una pieza “core” para tener mercados emergentes amplios, baratos y bien diversificados dentro de una cartera global.
Otro producto relevante es el iShares Core MSCI Emerging Markets IMI UCITS ETF (ISIN IE00BKM4GZ66 en una de sus variantes). También replica el MSCI Emerging Markets IMI, con una estructura muy similar, TER del 0,18% y réplica física completa. La diferencia clave entre algunas clases está en la política de dividendos. Determinadas versiones de este ETF distribuyen dividendos periódicamente en lugar de capitalizarlos, lo que puede encajar mejor con quienes buscan cobrar rentas regulares.
En el lado de la competencia encontramos el Xtrackers MSCI Emerging Markets UCITS ETF (ISIN IE00BTJRMP35 en una de sus clases), que replica el índice MSCI Emerging Markets “clásico” (sin la parte IMI), centrado en grandes y medianas compañías. Mantiene también un TER del 0,18% y utiliza réplica física por muestreo optimizado, acumulando dividendos en el propio ETF en muchas de sus clases.
Este producto gestiona más de 8.000 millones de euros y en el tramo reciente de tres años ha obtenido rentabilidades en la órbita del +48%, con volatilidad muy similar a la de su homólogo de iShares. Eso sí, su cartera está algo más concentrada: las 10 principales posiciones superan el 31% del total, con fuerte peso en tecnología y servicios financieros y en países como China, Taiwán, India y Corea del Sur. Es una alternativa muy competitiva para invertir en mercados emergentes vía gestión pasiva, donde la elección final suele depender más de factores como la liquidez en el mercado donde operes o los spreads que de grandes diferencias en el índice replicado.
Fondos de renta variable emergente de gestión activa
Más allá de los fondos indexados y los ETFs, existe una amplísima oferta de fondos de gestión activa en mercados emergentes. Estos productos no se limitan a seguir un índice, sino que construyen una cartera seleccionando países, sectores y compañías concretas, con el objetivo de superar la rentabilidad del índice de referencia ajustada por riesgo, aunque no siempre lo consiguen.
Dentro de esta categoría encontramos fondos que adoptan un enfoque global, invirtiendo en todo el universo emergente, y otros que se concentran en zonas geográficas específicas (Asia, Latinoamérica, Europa emergente…) o en tendencias estructurales (consumo interno, tecnología, infraestructuras). También hay diferencias marcadas en cuanto al horizonte temporal, la rotación de cartera o el sesgo hacia compañías de gran, mediana o pequeña capitalización.
Un caso ilustrativo es el de gestoras con larga experiencia en emergentes, como Aberdeen, que ha construido durante décadas relaciones profundas en las economías emergentes. Este tipo de casas de inversión suele contar con equipos muy nutridos y especializados: en el caso mencionado, alrededor de 100 profesionales dedicados a mercados emergentes, tanto de renta variable como de renta fija (a fecha aproximada de finales de febrero de 2025).
Estas gestoras realizan miles de reuniones y análisis con compañías cada año (más de 1.500 reuniones en el periodo mencionado), combinando visitas a empresas, entrevistas con directivos, análisis de estados financieros y valoración de la calidad del gobierno corporativo. Además, se apoyan en la tecnología para coordinar en tiempo real a sus equipos distribuidos por todo el mundo, de modo que pueden reaccionar con rapidez a cambios de regulación, situaciones políticas o movimientos de mercado.
En este tipo de fondos es habitual encontrar una selección muy cuidada de empresas, buscando negocios de calidad, con ventajas competitivas sostenibles, balances razonables y equipos gestores sólidos. La idea es aprovechar ineficiencias de valoración, diferencias en el ritmo de desarrollo de cada sector y dispersión de resultados entre compañías dentro de un mismo país. Todo ello, eso sí, a cambio de comisiones de gestión más elevadas que en los productos indexados.
Fondos especializados y variantes sectoriales o regionales
Además de los fondos emergentes globales, existen productos que se centran en subconjuntos específicos del universo emergente. Un ejemplo son los fondos de “Europa Emergente ex-Rusia”, que invierten principalmente en acciones de países emergentes de Europa (como Polonia, Hungría, República Checa, Rumanía y otros), excluyendo expresamente Rusia por cuestiones regulatorias, de riesgo o por cambios en las clasificaciones de índices internacionales.
Estos fondos suelen exigir que al menos el 75% de su patrimonio esté en renta variable y, dentro de ella, un mínimo del 75% en renta variable de Europa emergente sin Rusia. El resultado es una exposición mucho más concentrada en una región, lo que puede generar periodos de alta volatilidad asociada a la evolución política, económica y monetaria de esa zona. Para un inversor bien diversificado, pueden servir como complemento táctico o apuesta específica.
También existen fondos que se organizan por temáticas o sectores dentro de los mercados emergentes, como tecnología, consumo, infraestructuras o transición energética. Estos productos se desmarcan de la distribución sectorial típica de los índices y apuestan por aquellas áreas que consideran más prometedoras a largo plazo. De nuevo, la contrapartida es una mayor concentración sectorial y la necesidad de asumir un horizonte de inversión amplio.
En cuanto al enfoque por país, hay fondos que se dedican casi en exclusiva a grandes mercados individuales como India, China (dentro de las restricciones cambiantes), Brasil o México. En estos casos, el riesgo regulatorio, de tipo de cambio y político se dispara, por lo que solo suelen ser adecuados para perfiles con tolerancia a fuertes oscilaciones y siempre como parte de una estrategia más amplia.
En la práctica, muchos inversores prefieren empezar por fondos globales emergentes y, si acaso, a medida que ganan experiencia o quieren ajustar la cartera, incorporar algo de exposición a productos regionales o temáticos que refuercen una determinada visión de mercado o una oportunidad puntual.
Fondos islámicos y estrategias específicas en emergentes
Dentro del abanico de productos emergentes también encontramos fondos y ETFs con criterios específicos, como los que aplican principios de inversión islámica (sharia), excluyendo actividades que no cumplen con ciertas normas éticas y financieras. Un ejemplo es el iShares MSCI EM Islamic UCITS ETF USD (Dist), que ofrece exposición a renta variable emergente bajo este enfoque.
Estos productos ajustan su universo de inversión eliminando empresas que operan en sectores como el alcohol, el juego, la banca tradicional basada en intereses y otros campos que no se alinean con los criterios islámicos. A partir de ahí, se construye una cartera que puede diferir significativamente de los índices emergentes “estándar”, con sesgos sectoriales y geográficos propios.
En la misma línea de estrategias específicas, encontramos múltiples clases de fondos activos de mercados emergentes ex-China, como los numerosos compartimentos del Goldman Sachs Emerging Markets Ex-China Equity Portfolio (con clases en USD, EUR y GBP, tanto en versión de acumulación como de distribución, y con distintas letras -I, R, P, E, etc.- que indican diferentes políticas de comisiones y acceso).
En los listados de categorías de renta variable emergente se observan detalles como el valor liquidativo de cada clase (por ejemplo, 16,69, 16,25, 17,15 unidades monetarias, según divisa y clase), la fecha de valoración (23/04/2026 en los datos citados), y las rentabilidades históricas, con cifras cercanas al 29%-30% en determinados periodos recientes y porcentajes de éxito frente al índice de referencia que superan, en muchas clases, el 79%-86% según la métrica utilizada.
Este despliegue de clases y divisas permite a los inversores elegir la modalidad más adecuada según su perfil: si quieren dividendos o no, en qué moneda quieren denominados sus activos, qué estructura de comisiones prefieren y si disponen o no de mínimo de inversión. Es un buen ejemplo de hasta qué punto se ha sofisticado la oferta de productos emergentes, más allá del típico fondo global indexado.
Renta fija emergente y fondos mixtos: el otro lado de la moneda
Aunque el foco de este artículo está en renta variable emergente, muchos inversores se acercan también a la renta fija de mercados emergentes como forma de diversificar y buscar rentabilidad vía cupones. La inversión directa en bonos de países emergentes puede ser compleja, ya que no todos los intermediarios ofrecen acceso sencillo a estos instrumentos, y la liquidez y el riesgo de tipo de cambio pueden ser un problema.
En este contexto, los fondos de inversión de renta fija emergente suelen ser una opción más práctica: permiten acceder a cestas diversificadas de bonos soberanos y corporativos de distintos países, en moneda local o en divisa fuerte (dólar, euro), con distintos plazos y calificaciones crediticias. Además, se benefician de la capacidad de la gestora para analizar emisores, gestionar el riesgo de crédito y rotar la cartera en función del entorno macro.
Algunas gestoras integran equipos dedicados tanto a renta variable como a renta fija emergente, de forma que comparten análisis macroeconómico, visión de país y conocimiento local, aunque luego cada equipo aplique su enfoque específico al tipo de activo correspondiente. Esta sinergia puede aportar una visión más completa de los riesgos y oportunidades en cada región.
Por otro lado, existen fondos mixtos o estrategias multiactivo que combinan renta variable y renta fija emergente en distintas proporciones. Estos productos intentan equilibrar el potencial de crecimiento de la bolsa con la estabilidad (relativa) de los bonos, ajustando la exposición según el ciclo económico o el perfil de riesgo del cliente. No dejan de ser una forma de empaquetar ambas patas de la inversión en emergentes bajo un mismo vehículo.
En cualquier caso, aunque la renta fija emergente tenga un perfil diferente, comparte con la renta variable emergente muchos de los riesgos estructurales: inestabilidad política, riesgo de divisa, cambios regulatorios y sensibilidad a la liquidez global. Por ello, también requiere un análisis cuidadoso y una posición moderada dentro de la cartera global.
Cookies, reguladores y advertencias de riesgo
Cuando consultamos información oficial sobre fondos emergentes en las páginas de supervisores o gestoras, es habitual toparnos con avisos sobre cookies, privacidad y políticas de uso de datos. Muchos sitios web utilizan cookies propias y de terceros con fines técnicos, de personalización de la experiencia de navegación, análisis del tráfico y publicidad comportamental, lo que implica la obtención de datos sobre tus hábitos de navegación (por ejemplo, las páginas visitadas) para elaborar perfiles.
Además, algunos portales de reguladores como la CNMV incluyen enlaces a sitios de terceros con políticas de privacidad independientes. Al acceder a ellos, el usuario acepta las cookies y condiciones propias de esas webs externas, algo que conviene revisar especialmente si se manejan datos personales o se van a realizar operaciones de inversión.
Junto a estas cuestiones técnicas, los reguladores y las propias gestoras remarcan habitualmente los riesgos asociados a la inversión en mercados emergentes. No solo se advierte de la volatilidad de la renta variable, sino también de los riesgos adicionales vinculados a marcos legales menos estables, menores niveles de transparencia y posibles restricciones a la inversión extranjera.
Por este motivo, cualquier ficha de fondo o documento de datos fundamentales para el inversor (DFI o KID) recoge de forma clara el nivel de riesgo, el horizonte temporal recomendado, las comisiones y una descripción de los factores que pueden provocar pérdidas. Leer y entender estas advertencias es responsabilidad del inversor, sobre todo cuando se accede a clases de activos con un perfil de riesgo notable, como los mercados emergentes.
Cómo encajar los fondos emergentes de renta variable en tu cartera
La gran cuestión para la mayoría de ahorradores no es tanto si los mercados emergentes tienen potencial (que lo tienen), sino cómo y en qué medida incorporarlos a su cartera de inversión. Dado su mayor nivel de volatilidad, lo habitual es utilizar estos fondos como un complemento dentro de una estrategia diversificada a largo plazo, y no como eje único de la inversión.
Una forma muy extendida es asignar un porcentaje moderado de la parte de renta variable a emergentes. Por ejemplo, en una cartera 60/40 (60% renta variable, 40% renta fija), puede tener sentido destinar entre un 10% y un 25% de la porción de bolsa a mercados emergentes, en función del horizonte temporal y del apetito de riesgo. Eso equivale a un 6%-15% de la cartera total, a título orientativo.
Para muchos inversores, el primer paso lógico es optar por un fondo indexado global emergente o un ETF amplio (como los que replican MSCI Emerging Markets IMI), y, a partir de ahí, valorar la suma de algún fondo de gestión activa o regional si se quiere dar un sesgo concreto. La decisión entre fondos y ETFs también estará condicionada por la fiscalidad del país de residencia y por la operativa del bróker.
En perfiles muy conservadores o con horizontes temporales cortos, la exposición a renta variable emergente debería ser muy reducida o incluso inexistente, ya que las caídas a corto plazo pueden resultar difíciles de digerir y llevar a decisiones impulsivas. En cambio, para inversores jóvenes, con capacidad de ahorro estable y visión de décadas, la volatilidad de los emergentes puede compensarse con el tiempo gracias al mayor crecimiento esperado.
En cualquier caso, lo fundamental es que los fondos emergentes formen parte de un plan global bien definido, que tenga en cuenta el resto de activos de la cartera, los objetivos financieros, el horizonte temporal y la tolerancia al riesgo. No se trata de perseguir la rentabilidad de moda, sino de construir una estructura equilibrada que pueda soportar los altibajos inevitables de estos mercados.
Al final, los fondos emergentes de renta variable son una herramienta potente para capturar parte del crecimiento de las economías en desarrollo y diversificar la exposición más allá de las grandes bolsas desarrolladas, pero requieren respeto por el riesgo, visión de largo plazo y una selección cuidadosa del tipo de producto (indexado, activo, regional, islámico, ex-China, etc.) que mejor encaje con cada inversor. Entendidos así, pueden aportar un plus muy interesante a la cartera sin convertirse en una fuente de sobresaltos inmanejables.