Invertir en fondos de índices de acciones de mercados emergentes es una forma sencilla de salir de la “zona cómoda” de las economías desarrolladas y aprovechar el tirón de países que todavía están en plena fase de construcción económica. Hablamos de regiones con crecimientos del PIB más altos, poblaciones jóvenes y una clase media al alza, pero también con más inestabilidad política, cambios regulatorios bruscos y mercados financieros menos maduros.
Por eso, antes de lanzarse de cabeza a contratar el primer ETF emergente que aparece en el bróker, conviene entender qué índices hay detrás, cómo funcionan los fondos que los replican y qué riesgos legales y de mercado asumes. En este artículo vas a encontrar una radiografía muy completa de los índices MSCI de mercados emergentes, los mejores fondos indexados y ETFs que los siguen, sus costes, rentabilidades históricas, avisos legales más habituales y, sobre todo, cómo encajar esta pieza dentro de una cartera a largo plazo con algo de cabeza.
Qué son los mercados emergentes y por qué interesan al inversor
Cuando se habla de mercados emergentes se hace referencia a economías que están a medio camino entre los países desarrollados “clásicos” (EE. UU., Europa occidental, Japón…) y los países en vías de desarrollo. Suelen compartir una serie de características económicas y demográficas que las hacen especialmente atractivas desde el punto de vista inversor.
Entre los rasgos más habituales encontramos tasas de crecimiento del PIB superiores a las de las economías avanzadas, poblaciones jóvenes, urbanización acelerada y una clase media que no para de crecer. A esto se suma un proceso de modernización industrial y financiera que impulsa la demanda interna de vivienda, infraestructuras, energía, tecnología y servicios financieros.
En el lado menos amable, estas economías presentan mayor volatilidad en bolsa, marcos regulatorios menos estables, riesgos políticos más elevados y, en algunos casos, fuerte dependencia de materias primas. Eso se traduce en más bandazos de mercado y caídas más severas en determinados momentos del ciclo.
Cuando se ponen ejemplos concretos de mercados emergentes suelen aparecer China, India, Indonesia, Tailandia, Brasil, México, Sudáfrica, Turquía o Malasia, entre otros muchos. Muchos de estos países forman parte de índices de referencia como el MSCI Emerging Markets, que agrupan las principales empresas cotizadas de estas economías.
Es importante entender que bajo la etiqueta “emergentes” caben realidades muy distintas: no es lo mismo invertir en India que en Brasil, ni todos los índices emergentes tienen el mismo peso en China o en tecnología. Además, muchas economías africanas ni siquiera entran en los grandes índices porque carecen de mercados de valores suficientemente accesibles, líquidos o regulados.
Índices de referencia: MSCI Emerging Markets y variantes
Para invertir vía fondos indexados o ETFs en estas regiones, casi todo gira alrededor del MSCI Emerging Markets estándar, aunque existen varias versiones y otros índices regionales que conviene conocer para saber qué estás comprando exactamente.
El MSCI Emerging Markets estándar es un índice de renta variable internacional que recoge acciones de grandes y medianas compañías de 24 países emergentes. Según datos recientes, cuenta con alrededor de 1.195-1.300 componentes y cubre aproximadamente el 85 % de la capitalización bursátil ajustada al free float de cada país incluido en el índice.
En cuanto a la distribución geográfica, los países con mayor peso en el índice suelen ser China, Taiwán, India, Corea del Sur y Brasil. Dependiendo de la fecha de referencia, los porcentajes varían, pero se mueven en rangos como China en torno al 23-25 %, Taiwán alrededor del 19-22 %, India por encima del 12-19 %, Corea del Sur entre el 12-18 % y Brasil alrededor del 4-5 %.
A nivel sectorial, el índice está fuertemente dominado por tecnología de la información y servicios financieros, con pesos que se han situado, por ejemplo, en torno al 25-33 % para tecnología, más de un 20 % para financieros y alrededor de un 10-12 % para consumo discrecional, seguidos de comunicaciones y otros sectores relevantes.
Junto al índice estándar existe el MSCI Emerging Markets IMI (Investable Market Index). Esta versión amplía el universo incluyendo, además de grandes y medianas empresas, compañías de pequeña capitalización, lo que puede superar las 3.000 acciones. El resultado es una exposición más profunda y diversificada al tejido empresarial emergente, aunque con algo más de complejidad y potencialmente mayor volatilidad.
Además de los índices globales, hay otros referentes como el MSCI Latin America o algunos índices centrados en Asia, que permiten focalizar la inversión en regiones concretas. Esto puede ser útil para quienes quieran sobreponderar una zona particular o reducir exposición a países que consideren más arriesgados.
Fondos indexados a mercados emergentes: cómo funcionan
Los fondos indexados de mercados emergentes suelen replicar el MSCI Emerging Markets (o su versión IMI) mediante la compra física de valores. El objetivo es calcar, en la medida de lo posible, la rentabilidad del índice de referencia, minimizando costes y sin tomar decisiones activas de selección de valores.
Un ejemplo representativo es el Vanguard Emerging Markets Stock Index Fund, disponible en distintas clases de acciones (por ejemplo, denominadas en GBP con distribución de dividendos). Este fondo utiliza un enfoque de gestión pasiva con réplica física, invirtiendo en todos o prácticamente todos los valores del índice en proporciones similares a las del MSCI Emerging Markets.
Cuando no es factible replicar completamente el índice, se recurre a una técnica de muestreo optimizado, es decir, se selecciona una cartera representativa que, estadísticamente, debería comportarse de forma muy cercana al índice. El fondo procura permanecer casi totalmente invertido en todo momento, salvo en circunstancias excepcionales de mercado o políticas en las que pueda desviarse temporalmente para proteger a los partícipes.
Este tipo de fondos puede realizar préstamos garantizados a corto plazo de valores a terceros elegibles, con el objetivo de generar ingresos adicionales que ayuden a compensar los costes del propio fondo. Es una práctica habitual en muchos vehículos indexados de gran tamaño.
En cuanto a los datos técnicos, fondos como el de Vanguard están domiciliados en Irlanda bajo la normativa UCITS, cuentan con calendario de dividendos (por ejemplo, anual en la clase GBP Dist) y se apoyan en indicadores como el tracking error y el R-cuadrado para medir la precisión en la réplica del índice. Un R² cercano a 1 y un tracking error bajo (por ejemplo, por debajo del 1 %) indican que el fondo sigue muy de cerca el comportamiento del índice.
A nivel de cartera, la distribución país suele ser casi calcada a la del índice: China, Taiwán, Corea del Sur, India, Brasil, Sudáfrica, Arabia Saudí, México, Emiratos Árabes Unidos, Malasia o Polonia, con pequeñas variaciones debidas a la operativa diaria. En las primeras posiciones suelen aparecer gigantes tecnológicos y financieros como Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, Samsung Electronics, Tencent, SK hynix, Alibaba, China Construction Bank, HDFC Bank o Reliance Industries.
ETFs de MSCI Emerging Markets: costes, tamaños y mejores opciones
Además de los fondos indexados tradicionales, muchos inversores optan por ETFs que replican el MSCI Emerging Markets, porque permiten operar en bolsa en tiempo real y suelen tener costes muy ajustados. Hoy en día hay más de una veintena de ETFs que siguen este índice en Europa.
En términos de costes, los ETFs de MSCI Emerging Markets presentan ratios de gastos totales (TER) que se mueven aproximadamente entre el 0,09 % y el 0,55 % anual. En comparación con la mayoría de fondos de gestión activa de la misma categoría, estos costes son claramente más bajos, lo que a largo plazo se traduce en un ahorro significativo para el inversor.
Una forma habitual de comparar ETFs es mirar tres variables clave: rentabilidad histórica, patrimonio bajo gestión y comisiones. Por ejemplo, algunas tablas de rendimiento a 1 año, 3 años o 5 años muestran que, aunque hay pequeñas diferencias entre productos, la mayoría se mueve en cifras muy similares, ya que todos siguen prácticamente el mismo índice.
En una comparativa de varios años se observan rentabilidades para ETFs como Invesco MSCI Emerging Markets UCITS ETF Acc, HSBC MSCI Emerging Markets UCITS ETF, Amundi Core MSCI Emerging Markets UCITS ETF, Xtrackers MSCI Emerging Markets UCITS ETF, UBS Core MSCI EM UCITS ETF o iShares MSCI EM UCITS ETF, con variaciones anuales positivas y negativas que reflejan tanto los periodos de bonanza como los años complicados (por ejemplo, caídas de doble dígito en ejercicios de mayor tensión).
Más allá de la cifra de rentabilidad, es esencial fijarse en la fecha de referencia de los datos y en si los cálculos incluyen dividendos reinvertidos o no. Muchas comparativas se expresan en euros e incluyen dividendos a final de mes, lo que da una visión más realista del retorno total.
Dentro del universo de ETFs emergentes, destacan algunos productos muy populares:
iShares MSCI EM UCITS ETF (Acc / Dist): este ETF ofrece una exposición muy amplia a la renta variable de mercados emergentes replicando el índice MSCI Emerging Markets IMI, que incluye grandes, medianas y pequeñas compañías (más de 3.000 acciones). Cuenta con un TER en torno al 0,18 %, réplica física completa y versiones que acumulan o distribuyen dividendos. Con patrimonios que superan con creces los miles de millones de euros, es uno de los vehículos más utilizados a nivel europeo.
iShares Core MSCI Emerging Markets IMI UCITS ETF: también replica el MSCI Emerging Markets IMI con réplica física y TER muy bajo (aprox. 0,18 %). La clase que distribuye dividendos puede ser interesante para quien busque rentas periódicas en lugar de reinversión automática. Se ha consolidado como un ETF “core” para tener un bloque estable de renta variable emergente en cartera.
Xtrackers MSCI Emerging Markets UCITS ETF: este producto replica el MSCI Emerging Markets estándar (sin incluir small caps), centrándose en grandes y medianas compañías. Mantiene costes reducidos, réplica física (a menudo por muestreo) y política de acumulación de dividendos. Su cartera tiende a estar algo más concentrada en las mayores posiciones, con fuerte peso de tecnología y servicios financieros y países como China, Taiwán, India y Corea del Sur.
Otros emisores como Amundi, UBS, State Street SPDR, BNP Paribas o HSBC también cuentan con ETFs que replican el MSCI Emerging Markets o versiones swap (sintéticas) del índice. La elección final suele depender más de detalles prácticos como la liquidez en el mercado donde operas, el spread de compra-venta, el volumen negociado diario o las particularidades fiscales que de grandes diferencias en la composición del índice.
Fondos de mercados emergentes: indexados frente a gestión activa
Cuando se trata de invertir en fondos de mercados emergentes no todo se limita a la gestión pasiva. Existen numerosos fondos de inversión de gestión activa que intentan batir al índice seleccionando compañías o sectores con mayor potencial.
Podemos agrupar la oferta de fondos emergentes en varias tipologías. Por un lado están los fondos regionales o de país, que se concentran en áreas concretas como Asia, Latinoamérica o en economías específicas como India o Brasil. Por otro lado, hay fondos que segmentan la cartera por capitalización (large, mid, small caps) o por estilo de inversión (value, growth, blend).
Mientras que un fondo indexado global sobre el MSCI Emerging Markets ofrece una exposición amplia y diversificada a toda la clase de activo, un fondo activo puede centrarse, por ejemplo, en empresas de crecimiento tecnológico en Asia o en compañías infravaloradas de Latinoamérica. Ejemplos citados en análisis de mercado incluyen vehículos de gestoras como Schroders (Schroders ISF Emerging Markets) o Candriam (Candriam Equities L Emerging Markets), entre otros.
La gran pregunta es cuál es la mejor opción. En general, un fondo indexado emergente ofrece bajos costes, alta diversificación y transparencia, mientras que un fondo activo puede aportar una apuesta más dirigida a determinadas regiones o temáticas, a costa de comisiones más altas y riesgo de no batir al índice. La elección depende del perfil del inversor, su horizonte temporal y su confianza en la capacidad de la gestión activa.
En cualquier caso, muchos asesores recomiendan ver la inversión en emergentes como un bloque global dentro de la cartera, en lugar de apostar todo a un solo país o región. A partir de ahí, se puede combinar un núcleo indexado con alguna posición activa más específica si se quiere afinar la exposición.
Diversificación, riesgo y papel de los emergentes en la cartera
Desde el punto de vista de la construcción de cartera, los mercados emergentes aportan diversificación geográfica y de fuentes de crecimiento. Sus ciclos económicos no siempre se mueven al mismo ritmo que los de Estados Unidos o Europa, y muchas empresas de estos países se benefician de tendencias estructurales de largo plazo.
Según previsiones del Fondo Monetario Internacional, mientras las economías avanzadas crecen en torno al 1,6 % anual, los mercados emergentes y en desarrollo se mantienen por encima del 4 %. Ese diferencial, sostenido en el tiempo, ha hecho que su peso en el PIB mundial pase de aproximadamente un 25 % a comienzos de los años 2000 a cerca del 45 % en la actualidad, aportando alrededor del 60 % del crecimiento global en las últimas décadas.
Este avance se apoya en megatendencias como el crecimiento de la clase media, la urbanización, la digitalización del consumo y el empuje demográfico en Asia, África y parte de Latinoamérica. Eso se traduce en mayor demanda interna de vivienda, transporte, infraestructuras, energía, telecomunicaciones y servicios financieros, sectores ampliamente representados en los índices de mercados emergentes.
Ahora bien, por el lado del riesgo tampoco faltan motivos para ser prudente. El endeudamiento público global se mantiene en niveles históricamente elevados (por encima del 230 % del PIB mundial), y en muchos mercados emergentes la deuda pública ha ido aumentando, con previsiones de seguir subiendo hacia final de la década. Si se combina esto con inestabilidad política, dependencia de materias primas, tipos de cambio volátiles y marcos institucionales menos sólidos, no sorprende que la volatilidad de las bolsas emergentes sea mayor que la de países desarrollados.
Por todo ello, tiene sentido que la mayoría de inversores particulares se planteen los emergentes como un complemento de medio-largo plazo dentro de una cartera global diversificada, en lugar de convertirlos en la única o principal apuesta de inversión. La proporción exacta dependerá del perfil de riesgo, pero suele moverse en porcentajes moderados del total de la renta variable.
Advertencias legales, restricciones y protección al inversor
Al navegar por las páginas de gestoras y plataformas para informarse sobre fondos emergentes, es frecuente encontrarse con avisos legales extensos, restricciones de comercialización y advertencias de riesgo. Aunque pueden parecer un engorro, contienen información relevante que conviene tener en cuenta.
En muchos sitios web se solicita al usuario que indique qué tipo de inversor es (minorista, institucional, intermediario) y en qué país reside. Esto se debe a que la comercialización de fondos está sujeta a autorizaciones específicas por país, y no todos los vehículos están registrados para su venta en todas las jurisdicciones. Por ejemplo, en España, la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) supervisa y autoriza los fondos UCITS que pueden ofrecerse al público.
Es responsabilidad del inversor conocer y cumplir la normativa aplicable en su jurisdicción. Algunas gestoras advierten expresamente de que ciertos fondos solo se comercializan en países concretos y que, si un residente en otro país accede a información pensada para otra jurisdicción, lo hace bajo su propia responsabilidad y riesgo, especialmente si decide invertir en esos productos sin que hayan sido “solicitados” en su mercado de origen.
Otra restricción típica es la que afecta a inversores estadounidenses y canadienses. Muchos fondos de mercados emergentes no están registrados bajo la legislación de valores de Estados Unidos (como el Securities Act de 1933) ni han sido calificados para su distribución al público en Canadá. Por tanto, sus participaciones no pueden ofrecerse ni venderse a personas estadounidenses o residentes canadienses, salvo en supuestos muy específicos contemplados por la ley.
En el plano operativo, también se advierte de que las solicitudes de inversión deben basarse siempre en la documentación legal del fondo (folleto, documento de datos fundamentales para el inversor, escrituras constitutivas, etc.), donde se detallan políticas de inversión, riesgos, comisiones, tratamiento de dividendos, fiscalidad y otros aspectos clave.
Además, la normativa sobre prevención de blanqueo de capitales obliga a las entidades a solicitar documentación adicional para identificar a los inversores (DNI, prueba de domicilio, origen de fondos…). Todo esto puede resultar pesado, pero es parte del marco regulatorio diseñado para proteger tanto al sistema financiero como a los propios inversores.
En cuanto a los avisos de riesgo, es recurrente la mención de que “la rentabilidad pasada no garantiza resultados futuros” y que “el valor de las inversiones y de los ingresos generados por ellas puede tanto subir como bajar”. También se recuerda que es posible no recuperar el capital invertido, que los tipos de cambio pueden influir en el valor de las participaciones y que los fondos de mayor volatilidad pueden sufrir caídas rápidas y pronunciadas.
En algunos grupos de fondos, no todos los compartimentos están jurídicamente separados entre sí en términos de responsabilidad (ring-fenced). Eso significa que, si un fondo individual generase deudas que no pudieran cubrirse con sus propios activos, en determinadas estructuras podría recurrirse a activos de otros fondos dentro de la misma sociedad. Este aspecto suele explicarse en el folleto, y es otro motivo para leerlo con detenimiento.
Por último, las gestoras señalan con frecuencia que no ofrecen asesoramiento de inversión individualizado a través de sus páginas web, que parte de la información procede de terceros (como Morningstar o S&P) y que no garantizan la exactitud o completitud absoluta de los datos. Los inversores son responsables de sus decisiones y, si lo consideran necesario, deben buscar consejo profesional independiente.
Datos de rendimiento, ratings y fuentes de información
Para analizar fondos y ETFs de mercados emergentes se recurre a fuentes como justETF, Morningstar, S&P Capital IQ o la propia información de las gestoras. Estas plataformas presentan cuadros comparativos de costes, patrimonio, antigüedad, método de réplica, política de dividendos o domicilios de los fondos.
Las tablas de rentabilidad suelen mostrar el comportamiento año a año, incluyendo dividendos, y permiten ver de un vistazo qué ETFs se han comportado mejor y peor en periodos como 1, 3 o 5 años. No obstante, muchos proveedores insisten en que la calificación de estrellas o los ratings de analistas son opiniones y no deben considerarse recomendaciones de compra o venta.
Morningstar, por ejemplo, aclara que sus datos y análisis se proporcionan solo con fines informativos, que no constituyen asesoramiento financiero y que no garantizan que la futura evolución de un fondo coincida con su calificación actual. Del mismo modo, S&P Capital IQ recalca que sus ratings representan opiniones y que la rentabilidad pasada no es indicativa de resultados futuros.
Otro aspecto relevante es la fiscalidad. Los ETFs y fondos de mercados emergentes pueden tener tratamiento fiscal diferente según la jurisdicción del inversor, el domicilio del fondo (Irlanda, Luxemburgo, etc.) y si se trata de productos de acumulación o distribución. Este punto suele requerir asesoramiento específico, ya que impacta en la rentabilidad neta que percibe el inversor.
Además, plataformas de información financiera advierten de que los datos de mercado pueden no estar en tiempo real, ser orientativos y proceder de distintos proveedores. Por tanto, no deben usarse para ejecutar operaciones de alta frecuencia o estrategias que dependan de cotizaciones exactas al segundo.
Finalmente, muchas webs incluyen avisos generales sobre el alto riesgo de operar con instrumentos financieros complejos o criptomonedas, recordando que la pérdida total del capital es posible, que los movimientos de mercado pueden ser muy rápidos y que el apalancamiento incrementa significativamente el riesgo. Aunque esto va más allá de los fondos emergentes tradicionales, ayuda a enmarcar el conjunto de advertencias que rodean al mundo de la inversión.
Con todo lo anterior, queda claro que los fondos de índices de acciones de mercados emergentes combinan un potencial de crecimiento superior, una diversificación geográfica y sectorial muy amplia y unos costes competitivos, pero exigen asumir una volatilidad mayor, prestar atención a las particularidades legales y regulatorias de cada jurisdicción y, sobre todo, mantener una visión de largo plazo que permita capear las inevitables turbulencias que acompañan a esta clase de activo.