Estados Unidos se ha convertido en el epicentro de una nueva preocupación fiscal global. La deuda pública del país ha superado los 40 billones de dólares por primera vez en la historia, mientras los mercados de bonos se muestran cada vez más nerviosos y las autoridades tratan de ofrecer una respuesta contundente. Este hito llega en un momento de elevada incertidumbre económica, con la inflación en Estados Unidos que repunta, la guerra en Irán y una fiebre por la inteligencia artificial que está transformando los flujos de inversión internacional.
El Departamento del Tesoro, encargado de gestionar las finanzas del país, publicó en su boletín diario la cifra exacta de pasivo: 40.047 millones de dólares, lo que supone el equivalente al 124% del PIB, un ratio que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial. Este aumento es vertiginoso, y los analistas ya avisan de que el nivel de gasto público no es sostenible, con un déficit anual que superará los dos billones de dólares, alrededor del 6% del PIB.
Una montaña de deuda que dobla a la Seguridad Social
La deuda bruta engloba tanto la deuda en manos de inversores privados como los compromisos intragubernamentales. Los datos que maneja el Tesoro indican que la deuda neta del público es de 28.37 millones de dólares –el 99% del PIB–, mientras que la parte intragubernamental alcanza los 12,7 millones. Los intereses anuales que paga el país por su pasivo se han convertido en la segunda mayor partida del presupuesto, solo por detrás de la Seguridad Social, y se prevé que en dos años se convierta en la primera si la senda no se revierte.
El actual secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha salido al paso asegurando que “no hay nada mágico en la cifra de 40 billones” y que la administración puede “crecer y salir de ahí”. Las palabras de Bessent se conocen en un momento de máximas tensiones de mercado, con una rentabilidad del bono a 30 años en el 5,3%, la mayor desde 2007, y con el mercado de bonos internacionales en plena agitación.
Recompra masiva de deuda para calmar el mercado
El Tesoro de Estados Unidos ha anunciado una duplicación de su programa de recompras de deuda pública a largo plazo, pasando de 2.000 a 4.000 millones de dólares por operación, con el objetivo de proporcionar mayor liquidez y frenar la escalada de los tipos. Esta medida, que se ejecutará sobre bonos a 10, 20 y 30 años, ha provocado una caída en la rentabilidad del bono a 30 años en nueve puntos básicos, que se ha ido del 5,34 al 5,25%, según los últimos datos.
No todos los actores del mercado han celebrado la noticia. El analista del banco JPMorgan, Maia Crook, ha señalado que la intervención de Washington “oculta los problemas estructurales de fondo” y no se lleva a cabo un plan real para enfrentar el déficit, mientras otros expertos la consideran una versión de la “Operación Twist” que puede volverse en contra de la credibilidad del Tesoro como emisor de deuda de referencia mundial.
Presión de Trump sobre la Fed
Donald Trump, que siempre presume de la fortaleza económica del país, ha redoblado sus presiones para que la Reserva Federal acometa una bajada de tipos de interés. Con un mensaje publicado el miércoles, el presidente afirmó que los rendimientos de los bonos a largo plazo están siendo “ridículos” y que “deberían bajar, porque la economía de EEUU es fuerte”. Esta situación recuerda a la que ya se vivió el año pasado, cuando Trump trató de presionar al presidente de la Fed, pero la autoridad monetaria insiste en que no deben anticipar recortes hasta que la inflación se estabilice, algo que todavía se resiste con la guerra en Irán presionando los precios energéticos.
La guerra en Irán se erige como un factor comúnmente citado por los analistas para explicar el reciente repunte de la inflación, que se aproxima al 3,5% interanual, casi dos puntos por encima del objetivo de la Fed. Todo ello está llevando a los inversores a exigir primas de riesgo por la alta emisión de deuda que el gobierno necesita para cubrir su desajuste presupuestario.
La comparación con España y el contexto internacional
Para poner en contexto la situación, la deuda pública estadounidense sobrepasa con creces los niveles de Europa. Por ejemplo, la deuda pública española, que está en máximos de los últimos 30 años, asciende a 1,5 billones de euros, algo que representa el 89% de su PIB. Por tanto, la estadounidense no solo es proporcionalmente abrumadora, sino que supera en 27 veces la cifra española, lo que demuestra que en este lado del Atlántico estamos ante una crisis de mayor magnitud.
Las previsiones no son halagüeñas
La Oficina Presupuestaria del Congreso de Estados Unidos (CBO) ya viene avisando de que la trayectoria no es sostenible. En su último documento, el director de la entidad, Phillip Swagel, afirmaba que “el crecimiento de la deuda federal llegará al 120% del PIB para 2036, alcanzando un máximo histórico nunca visto”. Swagel también señalaba que los grandes déficit públicos serán recurrentes, impulsados por una mayor contribución a la Seguridad Social y unos tipos de interés más altos que elevan el servicio de la deuda.
Las declaraciones no han caído en saco roto, y por eso no es extraño que la cifra de 40 billones haya resonado con fuerza en todos los mercados del mundo. El coste del dinero se ha encarecido para las familias y las empresas, con tipos que trasladan a las morosidad en préstamos para automóviles, y un impacto claro en la economía real de cada estadounidense, que ve cómo su hipoteca mensual aumenta cuando el Estado se ve obligado a pedir más dinero.
Una intervención que levanta dudas
Tras el anuncio de recompras de deuda, el propio Bessent se ha visto obligado a tranquilizar a los mercados y ha confesado que el objetivo de la medida es “apoyar la liquidez en un contexto de poca profundidad” y que el Tesoro seguirá con defensa de los fundamentales subyacentes. El encargado de las finanzas americanas asegura que dispondrán de “herramientas” para una nueva fase de consolidación fiscal, que el presidente Trump intentará anunciar a lo largo de la semana. Lo que no evita que los inversores ya hayan puesto un aviso a la Administración: su relato empieza a parecerse demasiado al de una batalla contra la propia curva de tipos.
Ya hay quien compara con la crisis de confianza que sufrió Reino Unido en 2019 con los, y no todo el mundo en los mercados acce de que la solución sea tan sencilla como recomprar deuda sin abordar el déficit estructural. El comité para un Presupuesto Federal Responsable advierte de que “cuanto más nos endeudamos, más vencibles somos ante emergencias internas y turbulencias en el extranjero”, pero de momento, la inercia de la administración sigue siendo la de aumentar la deuda para financiar los recortes fiscales a las grandes empresas y a los patrimonios más altos.
Por último, los expertos en economía internacional recuerdan que las recompra de deuda no deja de ser un movimiento que puede presentarse como positivo, pero que si no se acompaña de una senda fiscal estable, lo único que hace es comprar tiempo. La fatiga de los mercados ya se nota en que los bonos soberanos de otros países como los de Francia o Italia se ven de esta tensión, y el panorama a corto plazo no invita al optimismo, con una deuda en niveles que puede no tardar en comprometer la confianza de todos los inversores globales.
