El fraude al seguro sigue muy presente en el mercado asegurador español, pero los últimos datos apuntan a una cierta estabilización tras el repunte que se vivió durante la pandemia. Las cifras mÔs recientes del XIII Mapa AXA del fraude en España muestran que, aunque la media nacional se mantiene por debajo del 2%, las diferencias entre comunidades y provincias son muy acusadas.
En este contexto, Castilla y León se sitúa ligeramente por debajo de la media estatal, con una tasa de fraude contenida pero con realidades muy distintas entre sus provincias. Al mismo tiempo, territorios como Melilla o algunas provincias del sur continúan encabezando los rankings, mientras que Madrid o Ciudad Real se mantienen como zonas con niveles de fraude mucho mÔs bajos.
Castilla y León, por debajo de la media nacional pero con contrastes internos

Según el XIII Mapa AXA del fraude en España, Castilla y León cerró 2025 con una tasa de fraude al seguro del 1,87%, medida como el número de siniestros fraudulentos sobre el total de partes declarados. Esta cifra supone cinco centésimas menos que la media estatal, situada en el 1,92%, y confirma una ligera mejora frente al 2,04% que registraba la comunidad en 2021.
Si se amplĆa la mirada a la Ćŗltima dĆ©cada, el estudio constata que el fraude ha crecido de forma sostenida en EspaƱa, con un pico especialmente llamativo en 2020, coincidiendo con la pandemia y las restricciones de movilidad. Desde entonces, el indicador se ha estabilizado por debajo del 2%, mientras que en Castilla y León la corrección ha sido algo mĆ”s intensa, consolidando a la región en el grupo de territorios con tasas contenidas.
Dentro de la comunidad, el mapa es muy desigual. Burgos lidera el fraude al seguro en Castilla y León con una tasa del 2,64%, por encima incluso de la media nacional. Le siguen León, con un 2,33%, y Palencia, con un 1,90%, configurando el bloque de provincias donde la presión del fraude es mÔs notable para las aseguradoras.
En el extremo opuesto del cuadro autonómico aparecen Zamora (1,20%), Soria (1,26%) y Valladolid (1,46%), que figuran entre las provincias con menor Ćndice de fraude de la comunidad. Ćvila se sitĆŗa en el 1,84%, mientras que Segovia presenta una tasa del 1,69% y Salamanca del 1,57%, todas ellas por debajo del umbral del 2% que marca la frontera psicológica en el conjunto del paĆs.
Esta fotografĆa deja una idea clara: Castilla y León combina focos de riesgo medio con territorios donde el fraude estĆ” relativamente contenido. En provincias como Zamora o Soria, los datos refuerzan la percepción de que la mayorĆa de los asegurados actĆŗan de forma honesta y que los intentos de engaƱo al seguro son sensiblemente menores que en otras zonas del entorno.
Diferencias autonómicas: de la estabilidad general a los picos de Melilla
El informe de AXA pone el foco tambiĆ©n en las grandes disparidades entre comunidades autónomas. Desde 2019, Canarias, Melilla, AndalucĆa y Navarra se reparten de forma recurrente los primeros puestos en el ranking de las tasas mĆ”s altas de fraude al seguro en EspaƱa, mientras que Castilla-La Mancha, PaĆs Vasco, Madrid, CataluƱa y Ceuta se sitĆŗan, aƱo tras aƱo, entre las regiones con menos casos.
En 2025, Melilla se consolida como el territorio con mayor incidencia de fraude al seguro, con una tasa del 11,66%. Esta cifra la coloca muy por encima de la media estatal (1,92%) y multiplica por varias veces los niveles registrados en buena parte de la penĆnsula. A bastante distancia se sitĆŗan Navarra, con un 3,21%, y Canarias, con un 2,85%, que completan el grupo de comunidades con mayores Ćndices.
En el lado opuesto del tablero aparecen Madrid, PaĆs Vasco y CataluƱa como las regiones con menor tasa de fraude en 2025. La Comunidad de Madrid encabeza este bloque con un 0,84%, el dato mĆ”s bajo del paĆs, mientras que PaĆs Vasco y CataluƱa comparten un 1,53%. Estas cifras evidencian que hay comunidades donde el control, la detección y quizĆ” tambiĆ©n la cultura aseguradora contienen claramente el fenómeno.
En el caso concreto de Castilla y León, su 1,87% la sitúa ligeramente por debajo del promedio nacional pero lejos de los extremos, tanto de las comunidades con mÔs fraude como de las que presentan los registros mÔs reducidos. Esa posición intermedia, unida a la mejora respecto a años previos, sugiere un entorno relativamente estable, aunque con margen de actuación en algunas provincias.
El mapa provincial: Teruel, AlmerĆa y CĆ”diz en cabeza; Ciudad Real, la mĆ”s baja
El anĆ”lisis por provincias dibuja un panorama igual de desigual. Teruel repite como la provincia con mayor tasa de fraude al seguro de EspaƱa, con un 3,44% en 2025, tras ocupar tambiĆ©n el primer puesto en 2023 y 2024. Le siguen muy de cerca AlmerĆa, con un 3,41%, y CĆ”diz, con un 3,39%, configurando un corredor de provincias donde las aseguradoras se enfrentan a niveles de fraude sensiblemente superiores a la media.
En el extremo contrario, Ciudad Real vuelve a situarse como la provincia con menor incidencia de fraude al seguro, con un 0,90%, posición que mantiene por tercer año consecutivo. Este dato la coloca no solo por debajo del promedio nacional, sino también por debajo de las comunidades con menos fraude, reforzando su papel como ejemplo de mercado relativamente saneado.
Si se mira de nuevo a Castilla y León, el ranking provincial ya mencionado muestra con claridad el contraste entre Burgos, León o Palencia, con tasas en el entorno o por encima del 2%, y Zamora, Soria y Valladolid, mĆ”s próximos al 1%. En medio quedan Ćvila, Segovia y Salamanca, todas ellas con registros moderados pero que obligan a las entidades a mantener mecanismos de control y verificación constantes.
Este mosaico provincial confirma que no existe un Ćŗnico patrón de fraude al seguro en EspaƱa, sino mĆŗltiples realidades que dependen de factores económicos, sociales, culturales y, tambiĆ©n, del grado de implantación tecnológica y de los recursos invertidos por cada compaƱĆa en prevención.
QuƩ ramos concentran mƔs fraude: el peso del seguro de autos
MĆ”s allĆ” de dónde se produce el fraude, el estudio detalla en quĆ© tipos de seguro se concentran la mayorĆa de los intentos de engaƱo. El ramo de automóviles sigue siendo, con diferencia, el que acumula el mayor volumen de casos detectados en los Ćŗltimos aƱos.
Según el XIII Mapa AXA, el seguro de autos concentra alrededor del 55% del fraude al seguro en España. Hablamos, sobre todo, de siniestros relacionados con accidentes de trÔfico, daños materiales y lesiones, donde algunos asegurados tratan de inflar los daños o introducir conceptos que no tienen nada que ver con el siniestro real.
En segundo lugar aparece el ramo de multirriesgo, que en 2025 representó en torno al 29% de los casos de fraude. Bajo este paraguas se agrupan pólizas de hogar, comercio, comunidades de propietarios y otros seguros combinados donde se cubren daños por agua, robo, incendios u otros siniestros. Es un Ômbito donde la picaresca puede ir desde objetos ficticios hasta daños exagerados.
El 15% restante del fraude se reparte entre otros ramos, como responsabilidad civil, transporte, industria, salud, accidentes y vida. Aunque su peso global es menor, las aseguradoras advierten de que en estos segmentos se estƔn detectando casos cada vez mƔs sofisticados y, en ocasiones, vinculados a redes organizadas, especialmente cuando hay indemnizaciones elevadas en juego.
Este reparto por ramos explica por quĆ© buena parte de las inversiones en detección de fraude se focalizan en las Ć”reas de autos y multirriesgo y en la gestión de siniestros, que son las que concentran la mayorĆa de los expedientes sospechosos, sin descuidar los nichos donde pueden aparecer casos de alto impacto económico.
Fraude oportunista frente a fraude premeditado: cambia el equilibrio
El informe distingue dos grandes tipos de fraude: el fraude oportunista y el fraude premeditado. El primero se produce cuando el asegurado ha sufrido un siniestro real, pero intenta āaprovechar la ocasiónā para aƱadir daƱos o conceptos que no guardan relación con lo ocurrido. Es, por asĆ decirlo, el clĆ”sico āya que ha pasado esto, vamos a meter algo mĆ”sā.
En 2025, el fraude oportunista representó el 50,8% del total de casos detectados, tras reducirse hasta niveles parecidos a los de 2020. Sigue siendo el tipo de fraude mĆ”s frecuente, pero su peso relativo ha ido cediendo terreno frente a las tramas planificadas, lo que preocupa a las compaƱĆas por la mayor sofisticación y organización que suelen presentar estos casos.
El fraude premeditado, en cambio, implica una planificación previa con el objetivo expreso de obtener un beneficio económico, simulando siniestros, fingiendo lesiones o articulando montajes mÔs complejos. En el último año, este tipo de fraude aumentó mÔs de seis puntos y alcanzó el 46,3% del total, el porcentaje mÔs alto de los últimos ocho años.
Ese crecimiento indica que las aseguradoras se enfrentan cada vez mĆ”s a grupos organizados y a estrategias cuidadamente diseƱadas, muchas veces apoyadas en documentación falsa, manipulaciones digitales o testigos coordinados. No se trata solo de āaƱadir un rasguƱoā a un parte real, sino de crear de cero un siniestro o inflarlo hasta cifras muy elevadas.
Este cambio de equilibrio entre fraude oportunista y premeditado obliga al sector a combinar el trabajo de tramitación habitual con equipos especializados en investigación, anÔlisis de patrones y colaboración con las fuerzas de seguridad, especialmente en las provincias y ramos donde se concentran los casos mÔs graves.
La irrupción de la tecnologĆa: de la detección manual a la analĆtica digital
Uno de los apartados donde mÔs se nota la evolución del sector es en la lucha tecnológica contra el fraude al seguro. El XIII Mapa AXA subraya el salto que se ha producido en cuestión de pocos años en la forma de identificar los casos sospechosos.
En solo un ejercicio, el peso de los métodos digitales ha pasado de detectar el 30% de los fraudes al 36%. Es decir, mÔs de un tercio de los intentos de engaño ya se identifican gracias a herramientas automatizadas, como agentes de IA, algoritmos de anÔlisis de datos y cruces de información, frente a la revisión manual tradicional de expedientes.
Para calibrar este avance, basta comparar con 2013, cuando el 97% del fraude se descubrĆa de forma manual y apenas un 3% afloraba gracias a tecnologĆas incipientes. En ese momento, las reglas automĆ”ticas y los sistemas de scoring apenas empezaban a implantarse; hoy, forman parte del dĆa a dĆa de las unidades antifraude de las grandes compaƱĆas.
Responsables del sector, como el director de Siniestros de AXA EspaƱa, Fernando Carballo, han apuntado que esta digitalización ha permitido incrementar la precisión en la detección: las sospechas recaen cada vez mĆ”s sobre casos que finalmente se confirman como fraudulentos, lo que reduce molestias para los asegurados honestos, que son mayorĆa y ven cómo se agiliza la gestión de sus siniestros.
La otra cara de la moneda es que la tecnologĆa tambiĆ©n estĆ” dando alas a nuevas formas de fraude, especialmente en el terreno del fraude premeditado y organizado. El uso de herramientas digitales, redes sociales o falsificación avanzada de documentos obliga a las aseguradoras a actualizar de manera continua sus sistemas de control para no quedarse atrĆ”s en esta carrera.
En conjunto, el panorama que dibujan los datos es el de un mercado asegurador donde el fraude se mantiene en niveles relativamente estables pero con focos territoriales y de ramo muy marcados, y en el que la frontera entre defraudadores y aseguradoras se libra, cada vez mÔs, en el terreno tecnológico. La evolución de Castilla y León, con tasas por debajo de la media nacional y provincias como Zamora o Soria en la parte baja del ranking, muestra que es posible contener el fenómeno, pero los picos de Melilla, Teruel o algunas provincias andaluzas recuerdan que el fraude al seguro sigue siendo un reto estructural para el sector en España.