El último informe de empleo de Estados Unidos ha dejado un mensaje claro: el mercado laboral norteamericano aguanta mucho mejor de lo que se temía. Pese a meses de avisos sobre un posible frenazo, las cifras de enero han sorprendido al alza y han obligado a los inversores a recalibrar, casi sobre la marcha, sus expectativas sobre la Reserva Federal.
La creación de 130.000 nóminas no agrícolas en enero, el doble de lo que descontaba el consenso (unos 65.000 empleos), y el descenso de la tasa de paro al 4,3% han reforzado la idea de que la primera economía del mundo sigue en pie, aunque con matices. Para Europa y, en particular, para España, este dato se convierte en un catalizador directo para bolsas, bonos y divisas, porque condiciona el calendario de bajadas de tipos en EEUU y, por contagio, el margen de maniobra del BCE.
Un informe sólido: más empleo y menos paro de lo previsto
Según la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS), en enero se generaron 130.000 puestos de trabajo netos fuera del sector agrícola, frente a los 48.000 de diciembre y muy por encima de lo que pronosticaban la mayoría de economistas. El paro bajó una décima, del 4,4% al 4,3%, situándose en su nivel más bajo en cinco meses.
La sorpresa no se queda en el titular. La encuesta de hogares —la otra cara del informe, de la que sale la tasa de desempleo— muestra un aumento de 528.000 ocupados frente a un incremento de 387.000 personas en la fuerza laboral. Ese diferencial explica la bajada del paro, y llega acompañado de una tasa de participación en el 62,5%, ligeramente más alta, lo que indica que más gente vuelve a buscar trabajo sin que ello dispare el desempleo.
En el detalle por sectores, las nóminas privadas crecieron en 172.000 empleos, con un papel protagonista de la sanidad y la asistencia social, que sumaron unos 124.000 puestos. Construcción, servicios profesionales y empresariales y, en menor medida, manufacturas también contribuyeron al avance, mientras que el empleo público volvió a caer, lastrado por nuevos recortes en la administración federal.
Los salarios medios por hora se incrementaron alrededor de un 0,4% mensual y se mantienen creciendo en torno al 3,7% interanual. Es un ritmo compatible con una inflación moderada, pero suficiente para que la Fed no pierda de vista la presión que los costes laborales pueden seguir ejerciendo sobre los precios.
Revisión histórica: menos empleo del que se creía en 2025
Junto con los datos de enero, la BLS ha publicado la habitual revisión anual de las nóminas, ajustando las cifras de abril de 2024 a marzo de 2025 a la información más completa del Censo Trimestral de Empleo y Salarios (QCEW). El resultado es que, en ese periodo, se habían contabilizado 862.000 empleos de más, que ahora se corrigen a la baja.
En términos prácticos, esto se traduce en que la creación de empleo en 2025 fue mucho más débil de lo que se pensaba: de un aumento medio mensual inicialmente estimado en 49.000 puestos se pasa a apenas 15.000 empleos. Es decir, el mercado laboral venía de un año de contratación mínima, con pocas altas y pocos despidos, lo que encaja con la sensación de enfriamiento que se percibía en otros indicadores.
Aun así, la revisión no ha sido tan severa como algunos temían. No se ha cruzado la simbólica barrera de un millón de empleos borrados y el ajuste mensual medio —algo más de 70.000 puestos— se mueve en un rango que la propia Reserva Federal ya contemplaba en sus análisis internos.
Los economistas subrayan que el ajuste del llamado modelo de “nacimientos y muertes” —que estima el saldo entre empresas que abren y cierran— debería mejorar la capacidad del BLS para reflejar la realidad actual y reducir la magnitud de futuras revisiones, especialmente tras unos años muy atípicos por el impacto de la pandemia.
IA, inmigración y cambios estructurales en el mercado laboral
Más allá de las cifras puntuales, el informe de enero se interpreta a la luz de dos grandes fuerzas de fondo: la política migratoria y la adopción acelerada de la inteligencia artificial (IA) en determinados sectores. Varios analistas apuntan a que el endurecimiento de los visados y las deportaciones masivas han reducido la oferta de mano de obra, generando un mercado peculiar: menos contrataciones, pero también menos despidos.
En este contexto, el repunte de enero se lee como un signo de que las empresas vuelven a reactivar la contratación una vez digeridos los ajustes de plantilla más visibles, en particular en tecnológicas y logística, que han anunciado miles de recortes en los últimos meses. Aun así, para algunos expertos la economía estadounidense necesitaría al menos 150.000 nuevos empleos al mes para absorber el crecimiento de la población activa, lo que deja claro que, pese al buen dato de enero, el mercado laboral no está en pleno auge.
Por otro lado, la rapidez con la que se está desplegando la IA en sectores como finanzas, servicios profesionales o tecnología está dejando huella en la demanda de trabajadores. Las vacantes se han desplomado en actividades que han abrazado la automatización con más fuerza, mientras que otras ramas —como atención sanitaria— siguen generando empleo a un ritmo elevado, en parte porque son más difíciles de sustituir con software.
La encuesta JOLTS de diciembre ya había mostrado una fuerte caída de las ofertas de empleo, que se sitúan ahora por debajo de los niveles previos a la pandemia. Hoy hay alrededor de 0,87 puestos vacantes por cada desempleado, lejos del pico de dos vacantes por parado de 2022. Menos renuncias voluntarias y una menor rotación apuntan a un mercado que ha pasado de la escasez de trabajadores a una situación de mayor equilibrio, incluso de oferta abundante de mano de obra.
Reacción de la Reserva Federal: menos margen para recortar tipos
Un mercado laboral que aguanta mejor de lo esperado tiene una lectura inmediata para la política monetaria: la Fed no tiene prisa por bajar los tipos de interés. Tras conocer el dato, los mercados de bonos reaccionaron con caídas de precios y repunte de las rentabilidades, sobre todo en los tramos cortos de la curva, los más sensibles a las decisiones del banco central.
Los rendimientos de los bonos del Tesoro a dos años subieron varios puntos básicos nada más publicarse el informe, mientras que los swaps de tipos pasaron a reflejar menos del 5% de probabilidad de un recorte en la reunión de marzo. En conjunto, los inversores descuentan ahora alrededor de dos bajadas de 25 puntos básicos hasta final de año, y sitúan el primer movimiento en julio, frente a las apuestas previas que apuntaban a junio.
Dentro de la propia Fed hay cierto debate. Una parte de los responsables de política monetaria considera que el mercado laboral se ha estabilizado y que el instituto emisor está en una “buena posición” para esperar más datos antes de actuar. Otros temen que, si se mantiene demasiado tiempo un nivel de tipos elevado, el enfriamiento acabe pasando factura al empleo de forma más visible en los próximos trimestres.
La lectura mayoritaria, no obstante, es que un mercado laboral que crea 130.000 empleos en un mes y mantiene el paro cerca del 4% no justifica recortes urgentes, salvo que la inflación ceda con mucha más claridad. De hecho, varios analistas advierten de que el obstáculo para una nueva bajada de tipos es ahora más alto de lo que el mercado descontaba hace apenas unas semanas.
Impacto en bolsas, bonos y divisas europeas
El informe de empleo estadounidense no se queda al otro lado del Atlántico. En Europa, y especialmente en España, el dato se ha dejado notar de forma inmediata en índices, renta fija y tipos de cambio. La bolsa española llegó a cotizar con tono positivo al inicio de la sesión, pero a medida que se asimilaba el mensaje de “tipos altos durante más tiempo” en EEUU, el Ibex 35 giró a la baja y terminó con descensos moderados.
El selectivo español, que venía de marcar máximos históricos en jornadas anteriores, cerró la sesión con un recorte cercano al 0,4%, quedándose por debajo de los 18.100 puntos. Los bancos y los valores más cíclicos mostraron una sensibilidad especial al movimiento de las expectativas de tipos, mientras que los sectores más defensivos —como consumo básico o utilities— aguantaron algo mejor.
El patrón se repitió en el resto de plazas del continente. Los principales índices de la eurozona —Euro Stoxx 50, DAX alemán, CAC francés o MIB italiano— cerraron en rojo, con pérdidas que oscilaron entre el 0,2% y el 0,7%. Solo el FTSE 100 londinense logró esquivar las caídas, apoyado en su mayor peso de valores defensivos y exportadores, que se benefician de un dólar más fuerte.
En renta fija, las curvas europeas recogieron el movimiento de los Treasuries, con ligeros repuntes en las rentabilidades soberanas. Para España, esto se tradujo en una subida contenida del bono a 10 años, en línea con el resto de la periferia, y en algo más de volatilidad en la deuda corporativa, especialmente en emisiones de entidades financieras.
En el mercado de divisas, el dato reforzó al dólar frente al euro, al reducir la probabilidad de recortes tempranos por parte de la Fed. Un billete verde algo más fuerte suele suponer un cierto freno para los activos de riesgo europeos, pero también ayuda a moderar las tensiones inflacionistas en la eurozona a través de menores precios en dólares de algunas materias primas cuando se traducen a euros.
Lo que se juega España y la eurozona con el empleo de EEUU
Para la economía española, el comportamiento del mercado laboral de EEUU tiene implicaciones más allá de la reacción inmediata en Bolsa. Un entorno de tipos altos durante más tiempo en la principal economía del mundo puede condicionar la hoja de ruta del Banco Central Europeo, que debe calibrar sus propias bajadas sin provocar turbulencias excesivas en el tipo de cambio o en la deuda soberana.
Si la Fed retrasa sus recortes hasta verano, el BCE se encontrará con el dilema de adelantar las suyas para apoyar el crecimiento —en un contexto en el que la eurozona avanza a un ritmo mucho menor que EEUU— o moverse de forma más cauta para evitar un ensanchamiento abrupto del diferencial de tipos, que podría presionar al euro y avivar la volatilidad financiera.
En el caso concreto de España, un dólar relativamente fuerte y unos tipos estadounidenses elevados tienen efectos mixtos. Por un lado, pueden encarecer la financiación en dólares de algunas grandes compañías cotizadas y moderar los flujos de inversión hacia mercados periféricos. Por otro, un crecimiento sólido en EEUU sigue siendo un apoyo para las exportaciones europeas, incluyendo sectores relevantes para nuestro país como la automoción, los bienes de equipo o determinados servicios empresariales.
Además, el empleo estadounidense se ha convertido en un termómetro clave para el apetito por el riesgo global. Cada sorpresa al alza o a la baja en las nóminas no agrícolas puede traducirse en cambios bruscos en las primas de riesgo, en el coste de financiación bancaria y en la valoración de empresas españolas con negocios en Estados Unidos o muy expuestas al ciclo internacional.
El próximo test: la inflación de enero en EEUU
Con el dato de empleo ya digerido, la atención se desplaza ahora al IPC de enero en Estados Unidos, que se publicará en los próximos días tras un retraso motivado por el cierre parcial del Gobierno. Este informe será determinante para confirmar si la economía norteamericana avanza hacia un escenario de desinflación ordenada compatible con recortes de tipos más adelante o si, por el contrario, persisten las presiones sobre los precios.
El consenso espera una moderación tanto en la tasa general como en la subyacente, lo que permitiría a la Fed mantener un tono vigilante pero algo menos tensionado. Sin embargo, si la inflación sorprende al alza en paralelo a un mercado laboral resistente, ganará fuerza la narrativa de “tipos altos por más tiempo”, con las consiguientes implicaciones para bolsas y bonos europeos.
Para los inversores en España y en la eurozona, el binomio empleo e inflación en EEUU seguirá marcando la pauta. Un mercado laboral que no se hunde, pero tampoco se recalienta, combinado con unos precios que avanzan hacia el objetivo del 2%, sería el escenario más cómodo, tanto para la Reserva Federal como para el BCE. Cualquier desviación relevante de ese guion, en uno u otro sentido, se traducirá probablemente en un aumento de la volatilidad en los principales índices europeos.
Con todo, el mensaje que deja la última batería de datos es que el mercado laboral estadounidense, pese a un 2025 flojo y a la presión de la IA y la inmigración, ha arrancado el año con más fuerza de la prevista, empujando a la Fed a tomarse con calma los recortes de tipos y obligando a los mercados de España y Europa a convivir, al menos por ahora, con un escenario de financiación menos acomodaticia de lo que muchos esperaban hace solo unas semanas.