La situación en los mercados internacionales se ha puesto bastante tensa últimamente y, como era de esperar, el Banco Central Europeo no se ha quedado de brazos cruzados. Tras casi tres años de calma relativa en lo que a movimientos de tasas se refiere, la institución dirigida por Christine Lagarde ha decidido mover ficha para frenar la incertidumbre económica que ha provocado el reciente estallido del conflicto en Oriente Medio, una zona que siempre que estornuda hace que el resto del mundo se resfrÃe.
A pesar de que muchos esperaban un movimiento más brusco, la mandataria francesa ha optado por la prudencia en su comparecencia ante la Eurocámara, explicando que, aunque el golpe es de los que no se pueden ignorar, todavÃa no estamos en un escenario de pánico total. La idea es mantener un perfil ágil y dependiente de los datos, sin lanzarse a la piscina con promesas de futuras subidas antes de tiempo, especialmente ahora que parece que hay un pequeño respiro diplomático en el horizonte.
El primer movimiento en el tablero de tipos
Entrando en harina, el Consejo de Gobierno del BCE acordó el pasado 11 de junio una subida unánime de los tipos de interés de 0,25 puntos, lo que deja la cifra de referencia en el 2,25%. Este incremento, aunque pueda parecer pequeño a simple vista, es muy significativo porque es la primera subida desde finales de 2023 y responde directamente al encarecimiento de bienes básicos como los combustibles y los fertilizantes. La sombra del cierre del estrecho de Ormuz ha planeado sobre toda la decisión, ya que esa zona es vital para que el petróleo circule sin problemas por todo el globo.
Lo curioso del asunto es que esta medida se tomó justo antes de que se empezara a hablar de un principio de acuerdo en la región, pero Lagarde ha dejado claro que el ajuste estaba justificado en cualquiera de los escenarios que manejaban sus expertos. No quieren que les pille el toro, y prefieren estar bien posicionados ante cualquier imprevisto que pueda surgir, ya que la experiencia de los últimos años nos ha enseñado que la estabilidad puede saltar por los aires en un abrir y cerrar de ojos.
En este contexto, la presidenta ha insistido en que el BCE no se ha comprometido con una senda fija. Esto significa que irán examinando la situación mes a mes, o mejor dicho, reunión a reunión. El objetivo es que la respuesta sea siempre proporcionada a la perturbación real que sufra la oferta, evitando asà asfixiar la economÃa más de la cuenta pero sin permitir que los precios se nos escapen de las manos.
Perspectivas de inflación y el factor energÃa

Si miramos las cifras que manejan en Fráncfort, la cosa está clara: la energÃa ha subido un buen pellizco, concretamente más de un 10% en los meses de abril y mayo. Esto ha empujado la inflación de la zona euro hasta el 3,2%, una cifra que asusta un poco pero que, según el BCE, deberÃa ir relajándose poco a poco. Las previsiones que tienen sobre la mesa apuntan a que terminaremos 2026 con un 3% y que, para 2028, ya habremos vuelto al ansiado objetivo del 2% que tanto persiguen los banqueros centrales.
Lo que más tranquilidad da a los analistas es que la gente de a pie todavÃa no cree que esta subida de precios vaya a durar para siempre. Es lo que técnicamente llaman anclaje de expectativas, y es fundamental para que no se produzca una espiral peligrosa. Aun asÃ, la inflación subyacente se ha situado en el 2,6%, lo que demuestra que el encarecimiento de la energÃa ya está empezando a filtrarse en otros productos y servicios de nuestra cesta de la compra diaria.
Por otro lado, el crecimiento económico de la eurozona va a estar un poco más renqueante de lo que nos gustarÃa. Se espera que el PIB apenas suba un 0,8% este año, para luego intentar remontar hacia el 1,3% el año que viene. Es un equilibrio muy delicado el que tiene que gestionar el BCE: tienen que enfriar los precios sin congelar la economÃa, una tarea que requiere precisión de cirujano y mucha sangre frÃa ante los titulares geopolÃticos que nos llegan cada mañana.
La respuesta del mercado y la visión española
Desde el territorio nacional también se sigue el tema con lupa. El ministro de Justicia, José Luis Escrivá, ha recordado que es vital que el BCE no se duerma en los laureles y se mantenga muy atento para que no se den los famosos efectos de segunda ronda. Esto no es otra cosa que evitar que la subida de la gasolina acabe provocando una subida descontrolada de los salarios que, a su vez, retroalimente la inflación, creando un cÃrculo vicioso del que es muy difÃcil salir una vez que se entra.
En los mercados financieros, la opinión está un poco dividida. Hay quien piensa que el Banco Central Europeo se ha dado demasiada prisa con esta subida de tipos y que quizá deberÃa haber esperado a ver si el acuerdo de paz se consolidaba. No obstante, otros sectores como el bancario ven con buenos ojos este pequeño incremento, ya que les permite mejorar su capacidad de generar beneficios tras una época de márgenes muy estrechos. También hay oportunidades en otros sectores como el de la inteligencia artificial o las empresas de servicios públicos, que suelen aguantar mejor el chaparrón en tiempos de incertidumbre.
En definitiva, parece que el BCE tiene claro que no puede bajar la guardia. Aunque el precio del barril de petróleo haya dado un pequeño respiro bajando de los 80 dólares recientemente, la fragilidad de la zona del conflicto obliga a mantener una vigilancia estrecha. No estamos ante una crisis de la magnitud de la pandemia o la invasión de Ucrania, sobre todo porque ahora las polÃticas fiscales no son tan expansivas, pero la agilidad seguirá siendo el nombre del juego para asegurar que la economÃa europea no pierda el rumbo en medio de este maremágnum internacional.

