Economía del bien común

Economía del bien común

¿Has oído hablar alguna vez de la economía del bien común? Es uno de los movimientos que afecta no solo al ámbito económico, sino también al político y social.

Pero, ¿qué es? ¿Cuáles son sus implicaciones? ¿Es positivo o negativo? Te hablaremos de todo lo que tienes que saber sobre este modelo económico.

Qué es la economía del bien común

Qué es la economía del bien común

La economía del bien común podemos definirla como un modelo económico, político y social cuya característica principal es primar la dignidad humana, democracia, solidaridad y sostenibilidad ambiental.

Dicho de otro modo, es aquella donde sus pilares principales, y los valores que intenta conservar son la dignidad, los derechos humanos y el cuidado del medio ambiente.

De esta forma, el interés económico (el ganar dinero) pasa a un segundo plano mientras que se centra en el bienestar social. Ese es el éxito de un país, o una empresa.

Si lo ponemos frente al modelo económico actual, donde es el dinero el que prima y el fin que se persigue, aquí tenemos un modelo donde es la persona la que prima. Importa más la persona que el dinero.

Cómo surgió la economía del bien común

El origen de este modelo económico tuvo lugar en 2010 y se le atribuye al economista austriaco Christian Felber. En su concepto él hizo mucho hincapié en el respeto de la dignidad humana, en la solidaridad mutua, en la colaboración y en el cuidado del medio ambiente.

Pero este economista no ha sido el único que ha hablado de la economía del bien común. Elinor Ostrom comentó que ese modelo podía conceptualizarse como la gestión y planificación de los bienes comunes a fin de que no hubiera desigualdades. Separando los bienes naturales de los sociales, hacía un planteamiento en el que cada persona tuviera los bienes necesarios para vivir y para que una sociedad sobreviviera.

Qué problemas resolvería del modelo económico actual

Qué problemas resolvería del modelo económico actual

Como te hemos dicho antes, el modelo de economía del bien común es muy contrario al actual modelo, y puede llegar a solucionar algunos problema que este tiene. Por ejemplo:

  • Enseñar con la premisa del bien común a una sociedad donde actualmente rige la competencia, el egoísmo y el sobresalir unos de otros.
  • Mejorar a las empresas, en el sentido de que estas valoren más el bienestar de los trabajadores, y el esfuerzo que estos realizan sobre el dinero que ganan a costa del trabajo (a veces excesivo) de estos.
  • Acabar con las desigualdades. En este caso la desigualdad ha de ser limitada y el ingreso máximo no será mayor de un múltiplo del ingreso mínimo. Además, se gravarán las herencias.
  • Eliminar el poder del mercado financiero para hacerlo más democrático, con cuentas corrientes gratuitas, tasas de interés que fomenten, etc.
  • Arreglaría la inestabilidad financiera por culpa de la especulación y los flujos de capital creando una cooperación monetaria y comercial.
  • Cuidaría el medio ambiente apostando por el comercio ético y por la reducción de la huella ecológica.
  • Se eliminaría el problema de que las personas no se sientan identificadas ni representadas por los que gobiernan. ¿Cómo? Creando una democracia directa pero también una representativa, donde los ciudadanos puedan controlar áreas clave como política o economía.

Por qué la economía del bien común no es tan «bonita» como la pintan

Por qué la economía del bien común no es tan "bonita" como la pintan

A pesar de que este modelo económico es mucho más atractivo, realista y quizá utópico, la verdad es que tras todas esas ventajas que ofrece, también hay una cara oscura.

En este caso, sería la definición de «bien». Nadie tiene la misma conceptualización de ello y resulta complicado llegar a un acuerdo.

Si bien este modelo indica que la definición de bien común se decidirá según una democracia, y según mayoría, estaremos imponiendo a otros lo que opina la mayoría. Es decir, no contamos con su opinión, sino que solo nos regimos por la cantidad de miembros.

Además, habría que eliminar los derechos de propiedad privada, porque todo sería un bien común para todos. Lo que implicaría que cualquiera pudiera utilizar lo que quiera, y podría existir una sobreexplotación.

Junto a esto, no hay duda de que el modelo no actuaría hacia un crecimiento económico, sino hacia una estancación o incluso un decrecimiento ya que si todo es para todos, no crecería nada, sino que, conforme se agotara, se dejaría de utilizar.

En palabras del economista Juan Ramón Rallo: «La Economía del Bien Común es un experimento de ingeniería social que lleva en su diseño su condena al fracaso. Sus tres mayores errores, tal como hemos desarrollado extensamente, son pretender objetivar la idea de bien común, pensar que es posible coordinar la actividad de miles de millones de personas desatendiendo el sistema de precios y obviar la ruina que supondría una brutal descapitalización de la economía derivada de la persecución de la propiedad (en sus dos facetas: acumulación patrimonial y control de la gestión empresarial)».

La realidad es que no sabemos si funcionaría o no. O si habría que mejorar el planteamiento así como los principios que tiene la economía del bien común. Pero lo que sí está claro es que, de hacerse así, sería con la posibilidad de crear un país utópico, solo que faltaría dar solución para mejorar su crecimiento.


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