Cómo impactará la banda de flotación cambiaria en febrero en el dólar mayorista

  • La inflación de diciembre del 2,8% define la actualización de la banda de flotación cambiaria para febrero.
  • El nuevo esquema ata el piso y el techo del dólar mayorista a la inflación con dos meses de rezago.
  • El techo de la banda se ubicará en torno a $1.607-$1.608 y el piso rondará los $869 a fines de febrero de 2026.
  • El Banco Central combina el régimen de bandas con un fuerte programa de acumulación de reservas internacionales.

banda de flotacion cambiaria en febrero

La confirmación de una inflación del 2,8% en diciembre de 2025 terminó de fijar el rumbo del dólar mayorista para febrero de 2026 bajo el nuevo sistema de banda de flotación cambiaria. Aunque el dato de precios llegó algo por encima de lo que preveían las consultoras, se ubicó dentro del rango tolerado por el mercado y se convirtió en el parámetro clave para recalibrar los límites cambiarios.

Con este esquema, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) deja atrás el ajuste fijo del 1% mensual y pasa a un modelo en el que el piso y el techo de la banda se mueven al mismo ritmo que la inflación oficial, pero con un desfase de dos meses. Esta modificación redefine el margen de maniobra del tipo de cambio en febrero y condiciona también las expectativas para los meses siguientes.

Cómo queda la banda de flotación cambiaria en febrero

banda de flotacion cambiaria en febrero

El dato del Indec para diciembre, con una suba del 2,8% en el Índice de Precios al Consumidor, determina que en febrero la banda cambiaria se desplace en la misma proporción. De acuerdo con los cálculos oficiales y las estimaciones privadas, el límite superior del dólar mayorista a fines de febrero se ubicará en torno a los $1.607-$1.608, dependiendo de la metodología exacta utilizada para el redondeo.

En paralelo, el piso de intervención del BCRA quedará cerca de los $869, configurando una franja bastante amplia para que el tipo de cambio se mueva sin que la autoridad monetaria esté obligada a actuar de manera inmediata. La denominada “zona de no intervención” se actualiza a diario, pero siempre con el objetivo de completar, a lo largo del mes, el ajuste equivalente a la inflación de dos meses atrás.

Hasta el cierre de enero, la banda venía de un arranque con valores de referencia de $914,78 para el límite inferior y $1.529,03 para el superior, que con el ajuste diario previsto terminarán el mes alrededor de $894,10 y $1.563,51, respectivamente. Sobre esa base, y aplicando el 2,8% de inflación de diciembre, se proyecta el nuevo techo de febrero en niveles cercanos a $1.607-$1.608 por dólar.

En la práctica, esto supone que, con el dólar mayorista operando por estos días en la zona de $1.457-$1.461,5, la cotización dispone de un margen de suba del orden del 10% antes de rozar el límite superior de la banda. En ese punto, el BCRA tendría la potestad de vender reservas para contener presiones excesivas sobre el tipo de cambio.

Del 1% mensual a la indexación por inflación

banda de flotacion cambiaria en febrero

El régimen de bandas de flotación cambiaria se instauró en abril de 2025, tras la salida del cepo cambiario, con un corredor inicial para el dólar mayorista que iba de $1.000 como piso a $1.400 como techo. Bajo ese diseño, los extremos de la banda se ajustaban a un ritmo predeterminado del 1% mensual, independientemente de la inflación.

Ese modelo permitía dar una señal de gradualidad y previsibilidad en el tipo de cambio, pero con el correr de los meses comenzó a mostrar limitaciones. Al quedar la devaluación mensual por debajo de la inflación, el techo de la banda empezó a apreciarse en términos reales, algo que distintos analistas advertían como una fuente potencial de inestabilidad hacia adelante.

Frente a ese escenario, el BCRA decidió que, a partir del 1 de enero de 2026, tanto el piso como el techo pasarían a actualizarse al compás de la inflación informada por el Indec, con un retraso de dos meses. De esta manera, el dólar deja de moverse por debajo del ritmo de los precios y pasa a replicar, con cierto rezago, la variación del IPC, introduciendo un componente de indexación explícita en el esquema cambiario.

Según el propio Banco Central, el objetivo declarado de este cambio es reducir el riesgo de movimientos extremos y abruptos del tipo de cambio, al tiempo que se evita que el valor de la banda quede “pisado” en términos reales. La entidad insiste en que las bandas no solo ordenan el mercado, sino que también funcionan como una referencia para la transición hacia un régimen de mayor flotación.

Desde el punto de vista de los economistas, el giro implica, sin embargo, un menor énfasis en la desinflación. Consultoras como Equilibra remarcan que el ajuste del 1% mensual conducía, con el paso del tiempo, a una apreciación real del peso que podía volverse insostenible hasta las elecciones de 2027. Pero también señalan que indexar las bandas a la inflación pasada puede aportar más inercia a los precios, en la medida en que el tipo de cambio deja de actuar como ancla nominal.

Inflación, expectativas y proyección de la banda más allá de febrero

banda de flotacion cambiaria en febrero

El dato de diciembre no solo fija la actualización de febrero; también sirve como insumo para recalibrar las expectativas para el resto de 2026. Aunque el 2,8% representa la segunda inflación mensual más alta del año, el acumulado del 31,5% en 2025 marcó el registro anual más bajo de los últimos ocho años, un hito que el Gobierno no dudó en destacar.

Mirando hacia marzo, el mercado toma como referencia las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la encuesta que elabora el propio Banco Central con consultoras y bancos. En base a esos pronósticos, el techo de la banda podría ubicarse en torno a los $1.639 a fines de marzo, en función de la inflación estimada para enero y del mecanismo de rezago de dos meses que rige el esquema.

En este contexto, el sendero de los precios se convierte en la variable determinante del espacio que tendrá el dólar para moverse dentro de la banda. Una inflación más alta amplía el margen en pesos de la “zona de no intervención”, mientras que una desinflación más marcada recortaría la velocidad de ajuste del tipo de cambio permitido.

A pesar de la suba en el techo de febrero, en el mercado no se anticipan tensiones inmediatas en el frente cambiario. Las cotizaciones en los contratos de futuros muestran valores esperados para fines de enero y febrero por debajo de los límites superiores oficiales, lo que sugiere que, al menos en el corto plazo, los operadores no descuentan un salto brusco del dólar.

Para reforzar esta dinámica, el BCRA complementa el régimen de bandas con instrumentos de cobertura en pesos ajustados por tipo de cambio, como los bonos dólar linked, y con una política de tasas que, según analistas, tiende a mantenerse algo por encima de lo previsto inicialmente para desalentar comportamientos especulativos.

Intervención del Banco Central y acumulación de reservas

La nueva banda de flotación cambiaria en febrero convive con un ambicioso programa de acumulación de reservas internacionales que el Banco Central puso en marcha desde el 1 de enero de 2026. La estrategia oficial consiste en aprovechar los momentos en que el dólar se mantiene holgado dentro de la banda para comprar divisas en el Mercado Libre de Cambios (MLC), sin presionar excesivamente sobre la cotización.

Desde el arranque del año, y particularmente a partir del 5 de enero, la entidad monetaria encadenó varios días consecutivos de compras netas. Los distintos reportes coinciden en que, en esa primera etapa, el BCRA sumó en torno a USD 270-330 millones, con un promedio diario que se movió entre 40 y casi 47 millones de dólares, según el período considerado.

Gracias a estas operaciones y al impacto de la cotización internacional del oro, la posición bruta en moneda extranjera del Banco Central se vio favorecida. Los datos oficiales señalan que las reservas brutas crecieron alrededor de USD 372 millones y se ubicaron cerca de los USD 44.768 millones, apoyadas también en la valorización de los activos en oro, que alcanzó máximos históricos por encima de los USD 4.600 por onza.

El Gobierno proyecta que, si se mantiene esta tónica de compras y no se registran shocks externos de magnitud, las adquisiciones de divisas a lo largo de 2026 podrían ubicarse en un rango de entre USD 10.000 y USD 17.000 millones. El resultado final dependerá de la evolución de la balanza de pagos, de la oferta de dólares comerciales y financieros y, sobre todo, de la demanda de pesos en la economía.

En palabras del presidente del Banco Central, Santiago Bausili, el ritmo de acumulación de reservas estará casi exclusivamente condicionado por la remonetización de la economía, es decir, por cuánto aumente la preferencia de los agentes por mantener activos en moneda local. Con una remonetización moderada, los técnicos del BCRA estiman que la base monetaria podría pasar del 4,2% al 4,8% del PBI hacia finales de año, sin poner en riesgo la estabilidad cambiaria.

Riesgos, beneficios y debates alrededor del nuevo esquema

La decisión de indexar la banda de flotación cambiaria a la inflación pasada abrió un debate entre los economistas sobre los riesgos y beneficios del sistema. Desde el lado oficial, se subraya que el nuevo mecanismo evita una apreciación real excesiva del tipo de cambio, corrige desequilibrios acumulados y reduce la probabilidad de tener que aplicar correcciones bruscas más adelante.

Para el mercado, uno de los puntos a favor es que la regla de actualización ahora es más transparente: el piso y el techo del dólar mayorista se mueven al mismo ritmo que la inflación publicada por el Indec, con dos meses de rezago, lo que ayuda a anclar expectativas y facilita la toma de decisiones de empresas e inversores.

No obstante, distintos analistas advierten que la indexación también puede reforzar la inercia inflacionaria. Al replicar en la banda el aumento de precios de meses previos, se corre el riesgo de mantener un círculo en el que la inflación pasada condiciona el tipo de cambio futuro, y este, a su vez, influye sobre los precios de bienes y servicios, especialmente los transables.

Consultoras como Equilibra sostienen que el esquema anterior, con un ajuste del 1% mensual en la banda, si bien generaba una apreciación del peso en términos reales, obligaba a una corrección gradual que podía contribuir a la desinflación. En cambio, el nuevo sistema prioriza evitar un atraso cambiario en un contexto en el que el objetivo de bajar la inflación podría volverse algo más exigente.

Al mismo tiempo, la autoridad monetaria insiste en que mantendrá la facultad de intervenir discrecionalmente si detecta episodios de volatilidad excesiva, incluso cuando el dólar se mantenga dentro de la zona de no intervención. De esta forma, el BCRA busca combinar la disciplina que impone una regla con la flexibilidad necesaria para responder ante shocks imprevistos.

Con la banda de flotación cambiaria de febrero ya prácticamente definida por la inflación de diciembre, el mercado cambiario argentino entra en una etapa en la que la evolución de los precios y la capacidad de acumular reservas serán los dos termómetros principales para evaluar la solidez del esquema. El comportamiento del dólar mayorista en las próximas semanas, la respuesta de la demanda de pesos y la trayectoria de la inflación determinarán si el sistema logra su objetivo central: dar previsibilidad al tipo de cambio sin desatar nuevas tensiones sobre los precios.