Bolivia adopta un sistema de cambio flexible para el dólar tras quince años de tasa fija

  • La Resolución 245 pone fin al tipo de cambio fijo de 6,96 bolivianos que estaba vigente desde noviembre de 2011.
  • El Banco Central de Bolivia fijará diariamente la cotización oficial basándose en la oferta y la demanda del sistema financiero.
  • La medida busca estabilizar la economía frente a la escasez de divisas y la presión del mercado paralelo que alcanzó cifras récord.

Sistema cambiario en Bolivia

Bolivia ha decidido dar un giro de timón bastante significativo en su política monetaria. Tras más de una década de inmovilidad, el Ejecutivo ha dado luz verde a la Resolución Ministerial número 245, un documento que entierra definitivamente el sistema de tipo de cambio fijo para abrazar uno flexible. Con esta maniobra, se busca que la cotización de la moneda estadounidense no sea un número estático decidido en los despachos, sino que se acerque mucho más a la realidad que se palpa en la calle y en las entidades financieras del país andino.

Esta nueva etapa arranca oficialmente con un precio de salida que ha dejado a muchos con la boca abierta: el Banco Central de Bolivia ha marcado el primer cambio oficial en 9,73 bolivianos por dólar. Se trata de un salto importante si tenemos en cuenta que, desde noviembre de 2011, la cifra se había mantenido inalterable en los 6,96. La idea que manejan las autoridades es que, al dejar que la moneda fluctúe, se pueda recuperar la competitividad externa y se logre un equilibrio en la balanza de pagos que, a día de hoy, está bastante tocada.

El Banco Central y el funcionamiento del nuevo mecanismo diario

Dólares y economía boliviana

El funcionamiento de este nuevo tinglado financiero será bastante dinámico. A partir de ahora, el ente emisor tendrá la tarea de publicar cada día hábil, concretamente a las 20:00 horas, el tipo de cambio que regirá durante la jornada siguiente. Para llegar a ese número, se realizará un promedio ponderado de las operaciones de compra que hayan ejecutado los bancos comerciales y la banca pública con sus clientes hasta media tarde. Es decir, que el mercado será el que dicte sentencia de forma cotidiana basándose en la pura oferta y demanda.

No obstante, no estamos ante una libertad total o lo que los expertos llaman una «flotación limpia». El sistema permite que el Banco Central mantenga cierto control, estableciendo un margen máximo de diez centavos de boliviano por encima del tipo oficial para las operaciones de venta. Algunos analistas internacionales ya han bautizado este modelo como una «flotación sucia» o administrada, puesto que el Estado no se retira del todo del escenario, sino que se reserva el papel de árbitro para evitar que el precio se dispare de forma incontrolada de un momento a otro.

Contexto de crisis y el agotamiento de las reservas de gas

Reservas internacionales Bolivia

Para entender por qué se ha tomado esta decisión ahora, hay que mirar hacia el subsuelo. Durante años, Bolivia vivió una época de bonanza gracias a las exportaciones de gas, lo que permitió acumular unas Reservas Internacionales Netas muy potentes. Sin embargo, ese modelo ha mostrado signos evidentes de agotamiento por la caída en la producción y en los precios internacionales. Al haber menos ingresos de divisas por los hidrocarburos, el Banco Central se ha visto incapaz de seguir inyectando dólares en el sistema para mantener artificialmente el cambio bajo que disfrutaban hasta hace poco.

Esta falta de liquidez en las arcas públicas alimentó un mercado paralelo donde el billete verde llegó a pagarse a precios desorbitados, superando en algunos momentos los 20 bolivianos. Con este panorama, la inflación en el último año escaló por encima del 20%, encareciendo los productos importados y generando un desabastecimiento de combustibles que ha puesto en jaque la actividad diaria. Al sincerar el precio del dólar, el Gobierno espera que los exportadores se sientan más motivados a traer sus divisas al circuito legal y que la brecha con el mercado informal se reduzca drásticamente.

Advertencias políticas y el impacto en el bolsillo del ciudadano

Como era de esperar, la medida no ha estado exenta de polémica y ha levantado ampollas en la oposición. El expresidente Evo Morales no ha tardado en calificar este movimiento como una devaluación encubierta que pagará el pueblo, asegurando que ahora serán los especuladores quienes tengan la sartén por el mango. Por su parte, desde la vicepresidencia del país se ha lanzado una advertencia sobre el posible deterioro del poder adquisitivo de las familias, ya que una moneda más débil suele traducirse automáticamente en una cesta de la compra más cara.

A pesar de estos temores, hay economistas que ven el vaso medio lleno. Argumentan que el golpe de la inflación ya se ha sentido en los meses previos, puesto que la mayoría de los negocios ya utilizaban los precios del mercado negro para fijar sus etiquetas. Al final, lo que se está haciendo es poner orden en un caos financiero que ya era insostenible para el tejido productivo. La apuesta es arriesgada, pero busca devolver la confianza a un sistema que llevaba tiempo funcionando a base de restricciones y límites semanales en el uso de tarjetas de crédito.

La puesta en marcha de este sistema de cambio flexible representa un hito que marca el cierre de un ciclo económico basado en la subvención de la divisa extranjera. Aunque el camino hacia la estabilidad parece lleno de baches, la unificación de los criterios cambiarios pretende mitigar los choques externos y garantizar que las operaciones comerciales vuelvan a fluir por los canales oficiales. El éxito de esta transición dependerá en gran medida de la disciplina fiscal y de la capacidad del Estado para generar nuevos ingresos que respalden el valor de su moneda frente a las turbulencias de la economía global.


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