BlackRock restringe rescates en un fondo clave de crédito privado

  • BlackRock limita al 5% trimestral los rescates en el HPS Corporate Lending Fund (HLEND) tras una oleada de solicitudes de retirada.
  • Los inversores pidieron reembolsar alrededor del 9,3% del patrimonio, equivalente a unos 1.200 millones de dólares.
  • La medida busca evitar un desajuste entre la liquidez exigida por los partícipes y la naturaleza ilíquida de los préstamos de crédito privado.
  • El episodio reaviva las dudas sobre el mercado global de crédito privado y provoca caídas bursátiles en BlackRock y otros grandes gestores.

Fondo de crédito privado

BlackRock, considerada la mayor gestora de activos del mundo, ha activado un freno a los rescates en uno de sus vehículos estrella de crédito privado ante una avalancha de solicitudes de retirada de capital. La decisión ha encendido las alarmas en un mercado que ya arrastraba temores crecientes sobre la liquidez y los riesgos asociados a este tipo de fondos.

El movimiento afecta al HPS Corporate Lending Fund (HLEND), un fondo de alrededor de 26.000 millones de dólares centrado en préstamos directos a empresas medianas, que hasta ahora ofrecía rentabilidades atractivas a costa de invertir en activos menos líquidos y de horizonte a largo plazo. La limitación de rescates ha provocado además una fuerte reacción en bolsa, con descensos superiores al 7% en las acciones de BlackRock en Wall Street.

Oleada de rescates y tope del 5% en recompras

En el último trimestre, los partícipes del fondo solicitaron la devolución de cerca del 9,3% de las participaciones, lo que supone algo más de 1.200 millones de dólares, según la información comunicada a los inversores. No obstante, el propio diseño del producto contempla un límite máximo del 5% por periodo trimestral para las recompras, lo que ha llevado a bloquear parte de esas salidas.

BlackRock ha confirmado que solo atenderá solicitudes por unos 620 millones de dólares en este tramo, el tope permitido por la estructura de HLEND. El resto de peticiones quedará pendiente para próximas ventanas de liquidez, de acuerdo con las normas de funcionamiento del fondo, que opera como una business development company (BDC) orientada sobre todo a inversores minoristas y de alto patrimonio.

Hasta ahora, la firma venía aprobando un porcentaje elevado de rescates: en el primer trimestre se habían autorizado alrededor del 54% de las solicitudes presentadas, por un importe agregado de unos 1.200 millones de dólares. La aceleración de las peticiones en las últimas semanas, ligada a una mayor volatilidad financiera, ha forzado a aplicar de forma estricta el mecanismo de control de salidas.

Desde la propia gestora se insiste en que el tope de recompras no es una medida extraordinaria, sino un elemento recogido desde el inicio en la documentación del producto para “alinear el capital de los inversores con la naturaleza a largo plazo de los préstamos privados”. La idea de fondo es evitar que el vehículo tenga que liquidar posiciones apresuradamente para hacer frente a una avalancha de reembolsos.

Fuentes de la firma subrayan que, sin esta restricción, el fondo se vería expuesto a un desajuste estructural entre el ritmo de rescates y la duración de los préstamos que integra la cartera, compuesta por créditos que no se pueden vender rápido en un mercado secundario líquido como ocurre con los bonos cotizados.

Mercado de crédito privado

Impacto en bolsa y reacción del mercado

La reacción de los mercados no se ha hecho esperar: las acciones de BlackRock llegaron a perder entre un 6,7% y un 7,2% en Nueva York coincidiendo con el anuncio y la difusión de las noticias sobre las limitaciones de rescate en HLEND. La corrección ha venido acompañada por descensos similares en otros gestores con fuerte exposición al crédito privado.

Firmas como Blue Owl, KKR, Carlyle, Apollo, Ares o TPG registraron caídas de entre el 5% y el 6% en la misma jornada, en un contexto en el que los inversores recortan posiciones en activos considerados más arriesgados. A esta presión se suman unos datos macroeconómicos más débiles en Estados Unidos y la inestabilidad geopolítica ligada a la escalada del conflicto entre EEUU, Israel e Irán, factores que han impulsado una huida hacia activos percibidos como más seguros.

La decisión de BlackRock ha sido interpretada por parte del mercado como un aviso sobre los límites de liquidez de los fondos de crédito privado, especialmente aquellos distribuidos a clientes no institucionales. Analistas como Greggory Warren, de Morningstar, consideran que este episodio actúa como una señal para la industria y los supervisores acerca de los riesgos de empaquetar activos ilíquidos en vehículos abiertos a rescates periódicos.

En paralelo, otros productos de la casa también han sentido la presión, aunque sin necesidad de activar restricciones adicionales. El BlackRock Private Credit Fund, con unos 2.200 millones de dólares bajo gestión, recibió solicitudes de reembolso por cerca del 4,5% de sus participaciones, volumen que la gestora asegura poder atender íntegramente sin imponer nuevos límites.

Mientras tanto, otros grandes nombres del sector se mueven para evitar verse en una situación similar. Un fondo icónico de crédito privado de Blackstone procesó recientemente solicitudes de recompra equivalentes a cerca del 7,9% de sus acciones, elevando su propio límite de rescate del 5% al 7% y aportando capital adicional —incluido dinero de empleados— para hacer frente a todas las peticiones.

Cómo funciona la estructura de rescates en HLEND

HLEND se articula como una BDC que capta capital, en gran parte de inversores minoristas y de alto patrimonio, para prestarlo a empresas que tienen dificultades para acceder al crédito bancario tradicional o a los mercados públicos de deuda. A cambio, ofrece un tipo de interés más elevado, lo que aumenta la rentabilidad esperada pero también el nivel de riesgo asumido.

Desde su lanzamiento, el fondo ha logrado una rentabilidad anualizada próxima al 11% neta de comisiones, según los datos facilitados por BlackRock. Este comportamiento se apoya en una cartera de préstamos directos a compañías de tamaño medio, con estructuras que, en teoría, priorizan el cobro del fondo en caso de problemas de solvencia del prestatario.

El gran punto delicado aparece cuando un número importante de inversores intenta retirar su dinero al mismo tiempo. A diferencia de un fondo de renta fija convencional, los préstamos de crédito privado no cuentan con un mercado secundario tan profundo ni líquido. Eso implica que para conseguir efectivo rápido, el gestor podría verse obligado a vender activos a descuentos significativos o a condiciones poco favorables.

Para evitar esa situación, el producto incorpora de origen un sistema de ventanas periódicas de liquidez con límite de rescate, fijado en el 5% trimestral del valor de las acciones del fondo. Esta mecánica, según la propia gestora, es esencial para preservar la estabilidad de la cartera y garantizar que no se produce un “corralito” desordenado que dañe por igual a los inversores que se quedan y a los que salen.

En sus comunicaciones, HPS —la filial de crédito privado integrada en BlackRock— recuerda que ha gestionado de forma “metódica” la entrada de nuevo capital, restringiendo suscripciones en determinados momentos para no diluir los retornos de quienes ya estaban dentro. En la misma línea, insiste en que la cartera está “altamente diversificada y posicionada de forma conservadora”, con una liquidez disponible de más de 4.400 millones de dólares a finales de febrero y nuevas suscripciones por unos 840 millones en el primer trimestre.

Tensión creciente en el mercado global de crédito privado

La restricción en HLEND se produce en un contexto en el que el crédito privado se ha convertido en una de las principales fuentes de financiación corporativa fuera del sistema bancario, especialmente en Estados Unidos. Se estima que este mercado supera ya el equivalente a 1,6 billones de euros a nivel global, con un peso creciente de inversores institucionales pero también de clientes minoristas a través de vehículos específicos.

En los últimos meses se han acumulado varios factores de inquietud. Por un lado, se han registrado ajustes contables sonados y reestructuraciones empresariales relevantes que han puesto bajo la lupa los criterios de concesión de algunos préstamos. Por otro, el endurecimiento de las condiciones financieras, con tipos de interés más altos durante más tiempo, presiona la capacidad de pago de compañías muy apalancadas.

A lo anterior se suma el debate sobre el impacto de la inteligencia artificial en determinados modelos de negocio, especialmente en sectores como el software o servicios basados en tecnología, que representan una parte significativa de las carteras de muchos fondos de crédito privado. En el caso de HLEND, alrededor del 19% de su exposición se concentra en el segmento de software, muy sensible a la disrupción de nuevas soluciones basadas en IA.

Algunas quiebras recientes —como la de un proveedor de componentes para automoción en Estados Unidos, un prestamista de crédito automotor subprime o un originador hipotecario en el Reino Unido— han alimentado las dudas sobre si los estándares de riesgo aplicados por los gestores han sido suficientemente prudentes. Estos episodios han servido de recordatorio de que los impagos pueden escalar si el entorno macro se complica.

En este marco, distintos expertos alertan de que el gran talón de Aquiles del sector no es solo la calidad del crédito subyacente, sino la combinación de activos ilíquidos con estructuras de rescate relativamente frecuentes. Si los reembolsos se disparan de forma simultánea en varios vehículos, el sistema podría enfrentarse a una tensión de liquidez considerable.

El papel de HPS y la apuesta estratégica de BlackRock

El fondo afectado está gestionado por HPS Investment Partners, una de las grandes firmas globales de crédito privado, que BlackRock incorporó recientemente en el marco de su estrategia para reforzar el negocio de activos alternativos. La operación, valorada en torno a 12.000 millones de dólares, permitió a la gestora de Larry Fink ganar tamaño de forma inmediata en un segmento que se había convertido en uno de los motores de crecimiento de la industria.

Desde entonces, HLEND se ha consolidado como uno de los vehículos insignia de deuda privada dentro del grupo, con una base de inversores diversificada y un foco claro en préstamos senior a empresas con flujos de caja relativamente estables. En sus mensajes, la firma recalca que esta orientación conservadora, combinada con la prioridad de cobro de muchos de sus créditos, debería ofrecer cierto colchón frente a un eventual deterioro del ciclo.

HPS ha explicado en una carta a los partícipes que la decisión de limitar los rescates se ha tomado “teniendo en cuenta el mejor interés de todos los accionistas”. El argumento es que permitir salidas masivas obligaría a vender activos en condiciones poco favorables, lo que perjudicaría tanto a quienes desean mantener su inversión como a quienes quieren salir.

A pesar de la volatilidad reciente, desde la gestora sostienen que el vehículo dispone de margen suficiente de liquidez para atender los compromisos y, al mismo tiempo, seguir financiando nuevas operaciones que ofrezcan buenos retornos ajustados al riesgo. De hecho, se presenta la restricción como una forma de preservar la capacidad del fondo para aprovechar oportunidades en un entorno en el que muchas empresas pueden necesitar refinanciarse en condiciones más exigentes.

La situación, en todo caso, ha reabierto el debate interno y externo sobre hasta qué punto es razonable ofrecer a los inversores la sensación de que pueden entrar y salir con relativa facilidad de productos cuyo activo subyacente es, por naturaleza, menos líquido y más complejo de valorar.

Lo ocurrido con HLEND ilustra hasta qué punto el auge del crédito privado trae consigo tanto posibilidades de diversificación y rentabilidad como desafíos serios en materia de liquidez, gestión del riesgo y protección al inversor. La decisión de BlackRock de ceñirse al límite del 5% en los rescates, en un momento de fuerte tensión, actúa como recordatorio de que estos vehículos no funcionan como un depósito a la vista, sino como inversiones de largo plazo cuyo equilibrio puede verse comprometido si se combinan expectativas de liquidez inmediata con activos difíciles de deshacer rápidamente.

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