El lanzamiento oficial se produjo el pasado 18 de mayo, cuando se anunció el pago presencial con Bizum, y la aplicación Bizum Pay llegó a las tiendas de aplicaciones el 14 de julio. Un mes después, las cifras de uso son prácticamente testimoniales. En Palencia, por ejemplo, varios establecimientos consultados confirman que no han registrado ni una sola transacción con este método. La paradoja es evidente: hay terminales preparados, pero los comercios no los han activado, y los clientes, acostumbrados a pagar con el móvil, no ven un incentivo claro para cambiar sus hábitos.
La activación, el gran escollo

El principal problema no es la tecnología, sino la gestión. Para que un comercio acepte Bizum Pay, no basta con tener un datáfono compatible; el establecimiento debe solicitar a su banco la activación del servicio. Y ahí es donde el despliegue se atasca. En cadenas como Fnac, Primark, DIA, Lidl o El Corte Inglés, los empleados consultados aseguraron que no tienen fecha prevista para implementarlo. En la hostelería, la situación es similar: ningún bar o cafetería de los visitados aceptaba el nuevo método.
La compañía defiende que la implantación es gradual y que cada entidad decide cuándo ofrece el servicio a sus clientes. Sin embargo, esta gradualidad choca con la expectativa generada. La diferencia entre la infraestructura disponible y la experiencia real del consumidor es el principal obstáculo para que Bizum Pay despegue. Mientras tanto, los comercios que sí lo han activado, como algunos en Palencia, confirman que el uso es nulo. «Teniendo la tarjeta en el móvil, nadie paga con Bizum Pay», asegura Domi Curiel, de la tienda Zuchi.
Un consumidor difícil de mover

Los hábitos de pago de los españoles están muy asentados. Según el último estudio del Banco de España, el 57% de los consumidores sigue usando efectivo como principal medio de pago en establecimientos físicos, mientras que la tarjeta ocupa el segundo lugar con un 27% y los dispositivos móviles alcanzan el 15%. Aunque la tendencia favorece al móvil, que ha pasado del 11% al 15% en un año, la competencia es feroz. Apple Pay y Google Pay llevan años funcionando y ofrecen una experiencia similar, con la ventaja de que el usuario ya tiene su tarjeta vinculada.
La ventaja de Bizum es su marca, ya instalada en los hábitos de millones de españoles. Pero esa confianza no se traduce automáticamente en uso. El consumidor que ya paga con tarjeta en el móvil no ve un beneficio claro en cambiar a Bizum Pay, y el que usa efectivo mantiene un hábito difícil de romper. Además, el fraude con comprobantes de Bizum falsificados mediante IA empieza a ser un problema, lo que genera desconfianza entre los usuarios más mayores.
La guerra bancaria por los pagos
Detrás de este lanzamiento hay una batalla mucho más profunda. El negocio de los pagos con tarjeta mueve más de 300.000 millones de euros al año en España, y los cuatro grandes bancos (Caixabank, BBVA, Santander y Sabadell) controlan más del 70% de las operaciones. La entrada de Bizum Pay en los pagos físicos añade una nueva dimensión a esta guerra, ya que las comisiones por transacción son diferentes a las de las tarjetas y obligan a adaptar todos los TPV.
Las entidades llevan meses negociando con los grandes comercios las tarifas que les cobrarán por cada pago con Bizum. La batalla por los pagos es clave para la rentabilidad de los bancos, y Bizum Pay se ha convertido en un arma estratégica. Además, la irrupción de fintechs como SumUp o Sipay está arañando cuota de mercado a los tradicionales, lo que intensifica aún más la competencia.
La dimensión europea
Más allá de España, Bizum Pay forma parte de un movimiento más amplio para reforzar la autonomía europea en materia de pagos. La dependencia de las redes estadounidenses como Visa, Mastercard o American Express es una vulnerabilidad estratégica que el Banco Central Europeo lleva tiempo advirtiendo. Casi dos tercios de las operaciones con tarjeta en la zona euro pasan por compañías no europeas.
En este contexto, Bizum se ha aliado con otras plataformas nacionales como Wero (Francia, Alemania, Bélgica y Países Bajos), Bancomat (Italia), SIBS-MB WAY (Portugal) y Vipps MobilePay (países nórdicos) para crear un ecosistema de pagos interoperable. El objetivo es que las plataformas de un país puedan utilizarse en otro de la UE a partir de 2027, con 130 millones de usuarios potenciales y cubriendo el 72% de la población europea. El euro digital, impulsado por el BCE, es otro proyecto en el horizonte, aunque su éxito es incierto.
Por ahora, Bizum Pay sigue siendo una promesa más que una realidad. La infraestructura está, pero falta que los comercios activen el servicio y que los consumidores vean un motivo para cambiar sus hábitos. La compañía asegura que la acogida está siendo «notablemente positiva» y que su prioridad es continuar el despliegue. Pero el tiempo corre, y la competencia no espera. La guerra por los pagos en España acaba de empezar, y Bizum Pay tiene que demostrar que puede ganar.