La situación financiera de muchísimos hogares se ha puesto cuesta arriba en los últimos meses, dejando un rastro de impagos que no se veía desde hace muchísimo tiempo. Aunque desde ciertos sectores oficiales se intente lanzar un mensaje de calma, lo cierto es que la realidad de los números es bastante tozuda y muestra un panorama donde llegar a fin de mes es, para muchos, un auténtico deporte de riesgo.
No es solo una sensación de la gente de a pie; los registros oficiales confirman que los retrasos en los pagos han escalado hasta niveles que nos devuelven a crisis que ya creíamos olvidadas. Esta tendencia al alza está castigando sobre todo a quienes confiaron en los préstamos personales o el uso de tarjetas de crédito para ir tirando en el día a día, viéndose ahora atrapados en una espiral de la que es difícil salir.
El bache de los préstamos personales y tarjetas
Si echamos un vistazo a las tripas de los informes bancarios, la cosa está que arde. La mora en los créditos concedidos a individuos ha trepado hasta el 12,1%, una cifra que supone el registro más elevado de los últimos veinte años. Lo que más preocupa a los expertos es la velocidad del deterioro, ya que en un periodo de tiempo muy corto se ha pasado de niveles manejables a una situación de alerta roja. Dentro de este saco, los que peor parados salen son los créditos personales y tarjetas de crédito, que rozan el 15% de irregularidad.
El problema no es solo que la gente no pague, sino que tampoco se pide dinero nuevo. Al haber un frenazo en la concesión de créditos, la proporción de deudas impagas sobre el total parece mucho mayor. Los bancos han limitado la concesión de créditos y se han puesto mucho más estrictos y prefieren no pillarse los dedos, limitando los límites de gasto y endureciendo las condiciones para dar un préstamo. Esto hace que el mercado se achique y que los hogares que ya están con el agua al cuello no tengan margen de maniobra para refinanciarse.
Se estima que hay más de cinco millones de personas que están lidiando con atrasos significativos en sus compromisos financieros. Lo más sangrante es que muchos de estos deudores no son los típicos que intentan escaquearse, sino familias que siempre han cumplido pero que ahora, con el coste de la vida por las nubes y los sueldos estancados, sencillamente no dan más de sí. Se ven obligados a usar el plástico para comprar comida o pagar servicios básicos, algo que a la larga termina pasando factura y hace que el crédito se complique para los hogares.
Medidas de rescate ante una situación de asfixia
Ante este panorama tan gris, han empezado a surgir algunas tablas de salvación, aunque habrá que ver si son suficientes. Algunas entidades públicas han movido ficha lanzando mecanismos de refinanciación especiales con plazos muy largos, de hasta diez años en algunos casos, para intentar que la gente pueda digerir sus deudas poco a poco. Estos planes están pensados incluso para aquellos que ya están en las categorías de riesgo más altas, los que los bancos suelen llamar irrecuperables, ofreciéndoles una última oportunidad para ponerse al día.
Por otro lado, a nivel regional también se están aprobando programas para aliviar la carga de las familias con menos ingresos. La idea es ofrecer tasas más asequibles para que el pago de las cuotas no se coma todo el presupuesto mensual. Es un intento de evitar que el desendeudamiento se convierta en una misión imposible y de paso intentar reactivar un consumo que ahora mismo está en el congelador, ya que la mayoría de los clientes solo buscan financiación para tapar agujeros.
La evolución de este fenómeno durante los próximos meses va a ser clave para entender si estamos ante un pico pasajero o ante un problema estructural más profundo. Mientras los salarios no recuperen el terreno perdido frente a la inflación, es muy probable que la tasa de morosidad siga siendo un quebradero de cabeza tanto para las familias como para el sistema financiero en su conjunto. Toca vigilar de cerca los indicadores y esperar que las medidas de alivio lleguen a tiempo para quienes más lo necesitan.
