Acciones ordinarias y preferentes: definición, ventajas e inconvenientes

  • Las acciones ordinarias otorgan propiedad, derecho de voto y alto potencial de revalorización, pero con mayor riesgo y volatilidad.
  • Las acciones preferentes priorizan dividendos estables y protección en liquidación, a cambio de renunciar casi siempre al voto y al gran potencial alcista.
  • El anĆ”lisis de ordinarias se centra en beneficios y crecimiento; el de preferentes, en solvencia del emisor y seguridad del dividendo.
  • Elegir entre ordinarias, preferentes o una combinación depende del perfil de riesgo, objetivos de rentabilidad y horizonte temporal del inversor.

acciones ordinarias ventajas e inconvenientes

Cuando alguien se plantea invertir en bolsa suele pensar que una acción es solo un trozo de una empresa, pero detrÔs de esa idea sencilla hay mucha mÔs miga. No todas las acciones son iguales, no otorgan los mismos derechos ni implican el mismo riesgo, y entender bien estas diferencias marca la frontera entre una cartera equilibrada y un auténtico quebradero de cabeza financiero.

Dentro del universo bursÔtil, las grandes protagonistas son las acciones ordinarias y las acciones preferentes. Ambas representan propiedad, pero funcionan con lógicas distintas: unas dan poder de decisión y fuerte potencial de revalorización; las otras priorizan dividendos estables y cierta protección en escenarios complicados. Si tu objetivo es construir una cartera sólida, necesitas tener muy claro qué aporta cada una.

QuƩ son las acciones ordinarias

Las acciones ordinarias (o acciones comunes) son la forma mÔs típica de participación en el capital de una empresa. Cada título representa una fracción del capital social y, por tanto, un derecho de propiedad sobre los activos y las ganancias de la compañía una vez pagadas las deudas y los compromisos prioritarios.

Al comprar acciones ordinarias te conviertes en socio de pleno derecho: puedes asistir a las juntas, votar determinadas decisiones y aspirar a recibir dividendos estables si la empresa decide repartir beneficios. Es un instrumento de renta variable puro, ligado directamente al desempeño del negocio y a la percepción del mercado sobre su futuro.

La cotización de las acciones ordinarias se forma en las bolsas de valores (Madrid, NYSE, Nasdaq, etc.) en función de la oferta y la demanda. Si la empresa mejora sus resultados, gana cuota de mercado o el sector vive un buen momento, lo normal es que el precio suba. Si las cosas se tuercen o el entorno se vuelve adverso, la cotización puede caer con fuerza, incluso hasta hacer perder buena parte del capital invertido.

Históricamente, las acciones ordinarias han ofrecido rentabilidades muy superiores a otros activos a largo plazo. ƍndices como el S&P 500 han rondado retornos medios cercanos al 10% anual en periodos amplios, aunque con mucha volatilidad en el camino. Eso las convierte en un pilar para la construcción de patrimonio, siempre que se tenga paciencia y una visión de aƱos, no de semanas.

Breve historia de las acciones ordinarias y el origen del ā€œequityā€

La idea moderna de acción ordinaria arranca a comienzos del siglo XVII, cuando surgen las grandes compañías comerciales europeas. El caso mÔs famoso es la Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales (VOC), que en 1602 emite títulos negociables en la Bolsa de Ámsterdam para financiar sus expediciones comerciales.

Esos primeros accionistas compraban participaciones en la VOC a cambio de compartir riesgos y beneficios de sus viajes. A cambio, disponían de un mercado organizado para vender sus títulos a otros inversores, lo que sentó las bases de la liquidez bursÔtil que conocemos hoy.

Desde entonces, la acción ordinaria se consolidó como el instrumento por excelencia para que una empresa capte recursos propios. Hoy, millones de ahorradores en todo el mundo son ā€œcopropietariosā€ de compaƱƭas gracias a estas acciones, participando tanto en su crecimiento como en sus momentos de crisis.

El tĆ©rmino inglĆ©s ā€œequityā€ se usa precisamente para referirse a esa participación de propiedad. Cuando se habla de equity se estĆ” hablando de lo que pertenece a los accionistas ordinarios una vez que la empresa ha cumplido con todos sus compromisos con acreedores y accionistas con derechos preferentes.

Derechos y obligaciones del accionista ordinario

Poseer acciones ordinarias no solo implica esperar que el precio suba, también otorga un paquete concreto de derechos (económicos y políticos) que la ley y los estatutos de la sociedad reconocen al accionista.

Entre los derechos mƔs relevantes de quien posee acciones ordinarias destacan:

  • Derecho de voto: posibilidad de votar en las juntas generales sobre asuntos clave como la elección del consejo, fusiones, cambios estatutarios o ampliaciones de capital.
  • Derecho a dividendos: si la empresa decide repartir parte de sus beneficios, los accionistas ordinarios participan en ese reparto segĆŗn el nĆŗmero de acciones que posean.
  • Derecho de información: acceso a cuentas anuales, informes financieros, memorias de gestión y otra documentación relevante para evaluar la situación de la sociedad.
  • Derecho de suscripción preferente: prioridad para comprar nuevas acciones cuando la empresa realiza una ampliación de capital, evitando la dilución de su porcentaje de propiedad.
  • Derecho residual en liquidación: si la empresa se disuelve, el accionista ordinario tiene derecho a una parte proporcional del sobrante una vez pagadas deudas, acreedores y accionistas preferentes.

En cuanto a obligaciones, el accionista ordinario tiene una responsabilidad limitada: solo responde con el capital que ha aportado, no con su patrimonio personal. No existe obligación de aportar mÔs dinero salvo que voluntariamente acuda a futuras ampliaciones u operaciones similares.

Ventajas y desventajas de las acciones ordinarias

Las acciones ordinarias son la base del mercado bursƔtil porque combinan potencial de crecimiento y capacidad de influencia, pero esa misma naturaleza tambiƩn trae riesgos considerables que no conviene maquillar.

Entre sus principales ventajas se pueden destacar varios puntos clave:

  • Potencial de alta rentabilidad: si la empresa crece y el mercado reconoce ese crecimiento, el precio de la acción puede multiplicarse en el largo plazo.
  • Participación en la gestión: el derecho de voto permite influir —de forma directa o indirecta— en la estrategia y el gobierno corporativo.
  • Acceso a dividendos crecientes: compaƱƭas consolidadas suelen mantener o aumentar sus dividendos aƱo tras aƱo, creando una fuente de ingresos creciente.
  • Alta liquidez: en grandes empresas cotizadas es fĆ”cil comprar y vender acciones, ajustando la cartera con rapidez.

En el lado negativo, invertir en acciones ordinarias tambiƩn tiene inconvenientes claros:

  • Riesgo elevado en caso de quiebra: el accionista ordinario es el Ćŗltimo de la fila cuando la empresa entra en concurso o se liquida, y puede perderlo todo.
  • Dividendos no garantizados: la empresa puede recortar o suprimir el dividendo cuando lo considere oportuno, sin compensación alguna.
  • Fuerte volatilidad: las cotizaciones pueden moverse con brusquedad por resultados, noticias, cambios regulatorios o simples cambios de sentimiento del mercado.

QuƩ son las acciones preferentes

Las acciones preferentes son un tipo de título que se sitúa a medio camino entre la acción ordinaria y el bono. Representan capital propio, pero con un tratamiento económico prioritario y, a la vez, con menos poder político para el inversor.

La caracterĆ­stica que mĆ”s llama la atención de las acciones preferentes es que suelen pagar un dividendo fijo o preestablecido y con prioridad sobre el dividendo de las acciones ordinarias. A menudo este dividendo se diseƱa como una especie de ā€œcupónā€ que se abona con una periodicidad concreta.

En tƩrminos de control, las acciones preferentes habitualmente no conceden derecho de voto en las juntas generales, salvo en casos muy excepcionales contemplados en los estatutos (por ejemplo, si se dejan de pagar dividendos durante un periodo determinado).

En caso de liquidación, los accionistas preferentes se sitúan por delante de los ordinarios, pero por detrÔs de los acreedores financieros. Es decir, tienen mÔs posibilidades de recuperar al menos parte del capital si la empresa se ve obligada a cerrar o reestructurarse de forma drÔstica.

Otra caracterĆ­stica interesante de muchas emisiones de acciones preferentes es su posible convertibilidad: en determinadas condiciones y fechas, pueden transformarse en acciones ordinarias, permitiendo al inversor beneficiarse de una eventual subida sostenida de la empresa.

Ventajas y desventajas de las acciones preferentes

Las acciones preferentes se suelen recomendar para perfiles que priorizan la estabilidad de ingresos sobre el control, o para instituciones que buscan un flujo de dividendos mƔs predecible que el de las acciones ordinarias.

Sus principales ventajas se pueden resumir en varios aspectos clave:

  • Dividendos mĆ”s estables y prioritarios: suelen ofrecer pagos fijados o predefinidos que se cobran antes que los de los accionistas ordinarios.
  • Menor volatilidad de cotización: al estar su atractivo concentrado en el dividendo y no tanto en la especulación de corto plazo, muestran en general movimientos de precios menos bruscos.
  • Mayor protección en escenarios de crisis: en el orden de cobro, las preferentes van por delante de las ordinarias tanto en dividendos como en liquidación.
  • CarĆ”cter hĆ­brido: permiten al inversor participar en el capital de la empresa con una estructura de rentas similar a un producto de renta fija.

Sin embargo, tambiƩn arrastran desventajas que hay que tener muy presentes:

  • Ausencia de derecho de voto: el inversor no participa en la toma de decisiones corporativas, lo que puede ser un inconveniente si la gestión es cuestionable.
  • Rentabilidad limitada: aunque la empresa dispare beneficios y la acción ordinaria vuele, el dividendo de la preferente suele mantenerse en el nivel pactado.
  • Menor liquidez: muchas emisiones de preferentes se negocian con volĆŗmenes reducidos, lo que puede complicar la salida rĆ”pida en momentos delicados.
  • Posibilidad de suspensión de dividendos: en casos extremos, la empresa puede dejar de pagar el dividendo de las preferentes, y segĆŗn el tipo de emisión el inversor puede o no recuperar esos pagos en el futuro.

Diferencias clave entre acciones ordinarias y preferentes

Aunque ambas son formas de participar en el capital social, acciones ordinarias y preferentes responden a lógicas muy distintas. No entender estas diferencias lleva a errores habituales: comprar ordinarias esperando un ingreso estable o preferentes creyendo que se tendrÔ voz en la empresa.

La primera gran diferencia estÔ en el poder de decisión. Las acciones ordinarias conceden derechos políticos: voto en las juntas, capacidad de influir (directa o indirectamente) en la elección de administradores, aprobación de fusiones o cambios de estatutos. Las preferentes, salvo excepciones concretas, no dan ese poder.

El segundo gran punto divergente es la estructura de ingresos. Las preferentes se diseñan para proporcionar dividendos relativamente fijos y en muchos casos acumulativos, con prioridad frente a los ordinarios. Las ordinarias, por su parte, combinan dividendos inciertos con un fuerte potencial de revalorización del precio.

En términos de riesgo en caso de quiebra, las preferentes estÔn un escalón por delante. Primero cobran los acreedores (bancos, bonistas, proveedores, trabajadores), después los accionistas preferentes, y lo que pueda sobrar llega, si llega, a los ordinarios.

TambiƩn varƭa el perfil de rentabilidad potencial. Las acciones ordinarias suelen ser mƔs volƔtiles, pero si la empresa crece con fuerza pueden multiplicar su valor en el largo plazo. Las preferentes, en cambio, se mueven en una franja de rendimientos mƔs estable y acotada, muy ligada al dividendo.

Tipos de acciones ordinarias según el estilo de inversión

Dentro del universo de acciones ordinarias hay subtipos en función de su comportamiento y del enfoque del inversor. No todas las acciones ordinarias sirven para lo mismo ni se comportan igual ante los ciclos económicos.

Algunas categorĆ­as habituales que suelen utilizar los analistas son las siguientes:

  • Acciones de crecimiento: empresas con fuertes expectativas de aumento de ventas y beneficios, que reinvierten la mayor parte de lo que ganan y suelen repartir pocos o ningĆŗn dividendo.
  • Acciones de valor: compaƱƭas que cotizan a mĆŗltiplos relativamente bajos respecto a sus beneficios, activos o flujos de caja, y que el mercado podrĆ­a estar infravalorando.
  • Acciones de dividendo: empresas maduras, con flujos de caja estables, que reparten una parte importante de sus beneficios como dividendos periódicos.
  • Blue chips: grandes corporaciones consolidadas, con balances robustos y un historial largo de resultados y dividendos, consideradas relativamente seguras dentro de la renta variable.
  • Acciones cĆ­clicas: negocios muy ligados al ciclo económico (automóvil, construcción, consumo discrecional) que brillan en expansiones y sufren mĆ”s en recesiones.
  • Acciones defensivas: compaƱƭas de sectores que resisten mejor las crisis, como alimentación bĆ”sica, utilities o salud, porque su demanda es menos sensible al ciclo.

AdemÔs de la clasificación por estilo, suele dividirse el mercado por capitalización (gran, mediana y pequeña) para distinguir entre empresas muy grandes y consolidadas, compañías en fase de madurez-expansión y negocios mÔs pequeños y volÔtiles con mayor potencial de crecimiento.

Ventajas e inconvenientes de otros tipos de acciones

MƔs allƔ de las ordinarias y las preferentes, existen otras modalidades de acciones que conviene conocer, ya que aparecen con frecuencia en estructuras societarias complejas o estrategias corporativas concretas.

Algunos ejemplos habituales y sus principales pros y contras son los siguientes:

  • Acciones de clase B u otras clases con derechos de voto especiales: pueden dar mĆ”s poder de voto por tĆ­tulo que las acciones estĆ”ndar, lo cual refuerza el control de fundadores y directivos, pero a menudo tienen menos liquidez y pueden generar cierta opacidad para el inversor minorista.
  • Acciones propias o de autocartera: son las acciones que la propia empresa recompra de acciones y mantiene en su tesorerĆ­a. Mejoran el beneficio por acción al reducir tĆ­tulos en circulación y dan flexibilidad para retribuir con acciones o financiar adquisiciones, pero si se abusa de ellas pueden restar liquidez al valor y suponer un uso cuestionable del efectivo.
  • Acciones sin valor nominal: no tienen un valor mĆ­nimo fijado en estatutos; su precio viene determinado Ć­ntegramente por el mercado. Esto da flexibilidad a la hora de emitirlas, pero puede dificultar al inversor la referencia sobre la estructura de capital original.
  • Acciones al portador: ligadas históricamente al certificado fĆ­sico, permitĆ­an un alto grado de anonimato y gran facilidad de transmisión. Esa misma opacidad las ha ido arrinconando por motivos regulatorios y de lucha contra el fraude.
  • Acciones que cotizan en varias bolsas (intercotizadas o de doble cotización): aumentan la liquidez y abren la puerta a inversores de diferentes paĆ­ses, pero introducen riesgo de tipo de cambio, diferencias regulatorias y posibles discrepancias temporales de precio entre mercados.

También es frecuente clasificar las acciones según el tamaño de la empresa emisora:

  • Small caps: empresas de pequeƱa capitalización, con gran potencial de crecimiento pero mĆ”s riesgo, menos información pĆŗblica y menor liquidez.
  • Mid caps: compaƱƭas de tamaƱo medio, que combinan algo mĆ”s de estabilidad que las pequeƱas con un potencial de expansión mayor que las gigantes consolidadas.
  • Large caps: grandes grupos con negocios diversificados, fuerte presencia en Ć­ndices y, en general, mejor liquidez y mĆ”s recursos para capear crisis.

Cómo se analizan acciones ordinarias y preferentes

Cuando se quiere valorar una posible inversión en acciones, el enfoque analítico cambia según se trate de ordinarias o preferentes, porque los flujos de caja esperados y el perfil de riesgo no son los mismos.

En el caso de las acciones ordinarias el anÔlisis se centra en la generación de beneficios y su evolución futura. Algunos indicadores clave que se suelen revisar son:

  • Beneficio por acción (BPA o EPS): cuĆ”nto gana la empresa por cada acción ordinaria en circulación, que puede aumentar con programas de recompra.
  • PER (Price/Earnings Ratio): cuĆ”ntas veces los beneficios anuales estĆ” pagando el mercado al comprar la acción.
  • Rentabilidad por dividendo: relación entre el dividendo anual por acción y el precio de mercado.
  • ROE (Return on Equity): rentabilidad sobre los fondos propios, es decir, sobre el capital de los accionistas ordinarios.
  • Volatilidad y beta: grado de sensibilidad del valor respecto al mercado en su conjunto.

Para las acciones preferentes, la lógica se aproxima mÔs a la de un bono, ya que el foco principal son los pagos periódicos de dividendos y el riesgo de impago:

  • Tasa de dividendo: porcentaje fijo o rango que la empresa se compromete (o aspira) a pagar sobre el valor nominal.
  • Solvencia y flujo de caja: capacidad de la empresa para generar efectivo suficiente que cubra esos dividendos y el resto de obligaciones financieras.
  • Condiciones de convertibilidad: si la preferente puede transformarse en acción ordinaria y en quĆ© tĆ©rminos.
  • Posición en la estructura de capital: clarificar dónde se sitĆŗa frente a otros instrumentos (deuda senior, subordinada, ordinarias…).
  • Liquidez de la emisión: volumen medio negociado y facilidad para entrar y salir sin penalizaciones fuertes de precio.

AdemƔs, la existencia de muchas acciones preferentes puede distorsionar algunos ratios tradicionales. Por ejemplo, el beneficio neto suele calcularse una vez descontados los dividendos de preferentes, lo que afecta al BPA de las ordinarias y al retorno efectivo que estas pueden ofrecer en el futuro.

Dónde encajan las acciones ordinarias y preferentes en una cartera

La decisión entre priorizar acciones ordinarias, preferentes o una mezcla de ambas tiene que ver con el perfil del inversor, sus objetivos temporales y la función que quiere que cumpla cada pieza dentro de su estrategia global.

Para un inversor conservador que busca estabilidad de ingresos y preservación relativa de capital, las acciones preferentes de emisores solventes pueden ser una alternativa interesante, especialmente en entornos de tipos bajos, siempre que se entiendan bien sus clÔusulas.

Para un perfil mÔs agresivo o centrado en el crecimiento patrimonial a largo plazo, las acciones ordinarias de empresas con buenas perspectivas (ya sean de valor, crecimiento o una combinación de ambas) ofrecen un potencial de rentabilidad significativamente mayor, a cambio de un viaje mÔs movido.

Quien busque un equilibrio suele combinar ambos tipos de instrumentos en la misma cartera: una parte de acciones ordinarias para capturar el crecimiento de capital y otra en preferentes u otros activos de renta fija o hĆ­brida para dar estabilidad a los flujos de caja y amortiguar la volatilidad global.

En todo caso, entender con claridad quĆ© derechos compras, quĆ© lugar ocupas en la cola de cobro y de dónde procede la rentabilidad esperada es lo que marca la diferencia entre invertir con criterio o simplemente ā€œjugar a la bolsaā€. Las acciones ordinarias y preferentes son piezas distintas del mismo tablero; saber cuĆ”ndo usar cada una y en quĆ© proporción es lo que realmente te acerca a una estrategia financiera coherente y sostenible.

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