Yemen al borde del caos económico

Yemen

Los habitantes de Saná, la capital de Yemen, llevan varios meses manifestándose por el deterioro de la seguridad en el país, la escasez de combustible y electricidad y el aumento de los precios y los impuestos. Hay que tener en cuenta que Yemen es el país más pobre del mundo árabe. El pasado 10 de junio el ataque de insurgentes a una planta de energía que abastece de electricidad a la capital fue la gota que colmó el vaso de la paciencia.

Este ataque provocó un apagón en Saná de más de 36 horas. Durante este tiempo miles de personas se lanzaron enfurecidas a las calles. Levantaron barricadas en las principales calles y plazas de la ciudad y detuvieron todas las actividades. Los manifestantes clamaban por la falta de combustible, agua y electricidad, a lo que añadían los típicos problemas de siempre: la inseguridad, el paro, la corrupción, etc…

 

El presidente de Yemen, Abd Rabbo Mansour al-Hadi, respondió a las protestas remodelando el Gobierno y prometiendo la llegada de combustible desde el puerto de Hodeidah. Sin embargo, lo peor está aún por llegar. El país se está quedando sin liquidez y la escasez de suministros no es nada comparado con lo que puede venir. Así que las primeras revueltas apenas pueden ser una chispa de lo que puede suceder en unos meses si no cambia la situación.

Desde hace tres años se vienen produciendo ataques a los principales oleoductos del país, por lo que se han cortado bastante las exportaciones internacionales de petróleo y el suministro a las ciudades de Yemen. De esta manera el gobierno ha tenido que importar combustible del extranjero a un precio mucho más caro, provocando que el déficit presupuestario alcance un 8% del PIB en el 2013.

Sin ayuda externa, es posible que Saná, quien ha estado luchando en la Península Arábiga en una guerra muy costosa contra Al Qaeda, se quede sin dinero antes de que acabe el 2014. El FMI ha ofrecido al gobierno yemení un préstamo de 550 millones de dólares, condicionado a una serie de medidas. En Yemen hay miedo a futuras revueltas que pueden provocar muchos más disturbios.

El ambiente está muy, muy cargado. Los yemeníes están frustrados por el estancamiento económico del país. Ahora mismo ven muy difícil salir del pozo en el que se encuentran, y esto posiblemente solo sea el principio de todo.

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