Subida del IVA: ¿Pasarán ese aumento las empresas al consumidor?

Tienda H&M
Desde que el pasado mes de julio el Gobierno anunciara una subida del IVA para el próximo uno de septiembre han sido muchas las reacciones por parte de las empresas españolas. Algunas de ellas harán que sea el consumidor final quien asuma el incremento. Sin embargo, muchas otras ya han confirmado que serán ellas quienes lo asuman y no el consumidor.

El IVA general subirá del 18% al 21%, mientras que el IVA reducido sufrirá un incremento del 8% al 10% y el superreducido se quedará en el 4% para los bienes considerados de primera necesidad. En algunos casos específicos este repunte irá desde el 8% al 21%.

La crisis económica unido al descenso del consumo por parte de particulares han hecho ver a algunas empresas que sería peor si fuera el consumidor final quien asumiera esta subida, ya que conllevaría seguramente a un consumo aún menor.

Algunas empresas de las más punteras y conocidas ya han comunicado que serán ellas quienes asuman los incrementos de precio derivados del IVA. Entre ellas nos encontramos al potente grupo Inditex, H&M, Grupo Cortefiel, Mango, Calzedonia o C&A. Ésta es una buena medida, sobre todo para los compradores que podrán ver sus bolsillos no tan ahogados a final de mes.

H&M declaraba hace unos días que “Nuestro plan es que la subida del IVA no se refleje en el precio final al cliente”. No debemos olvidar que es uno de los fuertes competidores del Grupo Inditex, que fue uno de los primeros en anunciarlo, y que comprende firmas como Zara, Bershka, Pull&Bear, Oysho o Uterqüe, entre otras.

El Grupo Cortefiel también es la competencia en el sector de la moda, y en él encontramos marcas como Cortefiel, Pedro del Hierro, Springfield y Women’secret.

Pero no sólo entre la moda se quedan las empresas que han decidido asumir la subida del IVA. Pronovias, la cadena de congelados La Sirena, Pans & Company, frozen yogurt,100 Montaditos y La Sureña se unen a esta decisión.

Más información – Subida del IVA el 1 de septiembre

Fuente – El Economista

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