Ruanda, veinte años después del genocidio

Ruanda

Hace veinte años más de medio millón de ruandeses perdieron la vida en apenas cien días en uno de los genocidios más terribles y sangrientos de la historia de la humanidad. Tras el dramático episodio el presidente del país, Paul Kagame, se ganó el reconocimiento internacional por sus políticas audaces e innovadoras. Se ha marcado como objetivo transformar Ruanda en un país con ingresos medios en el 2020.

Bajo su liderazgo Ruanda ha rediseñado su sector agrícola, ha realizado una gran inversión en infraestructuras y ha logrado que inversores extranjeros inviertan en el país. En los últimos veinte años han florecido en Kigali, la capital, un buen número de hoteles de lujo y otros grandes servicios. Tal ha sido el desarrollo que la ciudad ha sido declarada en muchas ocasiones la más limpia de África.

El régimen de Kagame ha implantado políticas y programas destinados a promover la integración de la mujer ruandesa en la sociedad. En la actualidad Ruanda tiene más niñas que niños en sus escuelas primarias, aunque el dato más llamativo sea que el 64% del parlamento nacional del país africano está formado por mujeres. Aunque también están las mujeres que en los pequeños pueblos siguen malviviendo vendiendo frutas y verduras.

Sin embargo, lejos de los modernos barrios de Kigali y en otros puntos del país la realidad es bien diferente. Agentes fuertemente armados patrullan las calles en claro síntoma de la represión que aún es necesaria para mantener la seguridad del país. En las zonas más sórdidas de la capital no se ve un alma por las noches, tan solo un grupo de prostitutas que se ganan la vida de la única manera que saben.

Si bien la alta sociedad de Ruanda apuesta por un futuro próspero y estable, los pobres apenas pueden tener aún acceso al colegio ya que la educación es bastante cara. La mayoría de estos últimos no pueden encontrar un trabajo fuera del sector agrícola. Se sienten frustrados por mor de unos impuestos excesivos, lo que significa que no es oro todo lo que reluce. No tienen esperanzas de encontrar una vida mejor.

Las tensiones del genocidio han comenzado a desvanecerse. Un puñado de ruandeses ha adquirido riqueza, pero otros siguen viviendo en la misma situación que los que lo hacían antes del gran derramamiento de sangre. Hay quien ve imposible progresar dentro de los límites del nuevo Estado ruandés, especialmente aquellos que viven en pequeños núcleos de población. Mientras tanto el gobierno vende al mundo una imagen de prosperidad y de milagro de una recuperación total.

Imagen – Jack Picone

 

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