Nueva Unión Europea, pero sin garantías

Sólo algo positivo ha de haber nacido tras la cumbre de los líderes europeos y eso es lo que todos han intentado obtener desde que la crisis se transformó en la principal protagonista de la historia. Lo que siempre se necesitó –un liderazgo o un acuerdo político- ahora puede ser un punto de partida, aunque ello no garantice el éxito inmediato.
 
La decisión de los miembros de la Unión Europea de acordar un pacto fiscal sin la participación de Gran Bretaña es el punto de partida para comenzar a planificar la salvación del euro y del continente americano, aunque nada garantiza que la economía inicie un camino de recuperación.
 
Ahora, tras la cumbre, el panorama es más claro: Todo el continente aprobó la creación de una nueva Unión, lo que podría significar el inicio de una etapa con reglas más claras a aplicar y con la obligación de Reino Unido de analizar qué posición tomará sobre su futuro en la región.
 
En materia económica, los principales protagonistas –y afectados- son los habitantes de cada país europeo, y son ellos quienes necesitan resultados económicos positivos y la garantía de que los plazos de recuperación no se extenderán en el tiempo.

Esa garantía, hoy, no existe, pero al menos se concretó el primer paso.

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