La economía de Europa aún sigue en zona de peligro

Eurozona

Que no nos engañen los gobiernos: las cifras del PIB publicadas el pasado 15 de mayo por la Oficina Estadística de la Unión Europea (Eurostat) muestran que el Viejo Continente aún deberá sufrir una salida lenta y frágil de la crisis. Las cosas no están tan boyantes como nos las pintan. Quedan decisiones difíciles y dolorosas por tomar, a pesar de que llevamos casi un año oyendo que el crecimiento económico y global está en marcha. Hay tranquilidad, sí, pero no se nota el progreso.

De hecho los rendimientos de la deuda soberana siguen siendo notablemente bajos. La eurozona ha subido solo un 0,2% en el primer trimestre del 2014, la mitad de lo que los principales analistas financieros se esperaban. Alemania encabezó la subida de los países europeos, con un 0,8%, pero el resto, especialmente aquellos que más problemas tuvieron durante el meollo de la crisis, apenas están mejorando.

La economía italiana se contrajo un 0,1% en los tres primeros meses del 2014, unos números muy similares a los tres trimestres anteriores. El crecimiento de Francia ha sido cero, mientras que Portugal se ha contraído un 0,7% a pesar de los números positivos de los nueve meses anteriores. Irlanda y Grecia tampoco progresan, ya que el PIB griego cayó un 2,5% en los últimos tres meses del 2013 y en Irlanda un 0,2%.

Curiosamente solo España es el único país que registra una tendencia al alza sostenida. En el primer trimestre del 2014 ha crecido un 0,4%, tras una situación prácticamente plana durante el 2013.

Lo cierto es que los expertos económicos no se muestran demasiado alterados al respecto. Era algo con lo que ya contaban. No en vano la inflación siempre ha sido un gran problema en los países del sur de Europa, lo que conllevaba unos precios elevados y una alta prima de riesgo. En estos momentos se aprecia en la eurozona un crecimiento, pero sin la solidez y sin el ritmo que tienen a día de hoy otras economías desarrolladas como Estados Unidos o Gran Bretaña.

¿Las causas? Pues muchos apuntan a la escasez de reformas suficientes en países como Francia o Italia, sobre todo en el terreno del mercado de trabajo, así como al número de rescates bancarios ejecutados por la Unión Europea. En Estados Unidos, por ejemplo, el rescate de los bancos se limitó a los años 2008 y 2009, mientras que en Europa se estuvo salvando entidades hasta el 2012.

Por lo tanto, crecimiento moderado que aún nos mantiene en zona de peligro, aunque sin motivos para alarmarse.

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