El problema del desempleo juvenil en el mundo

Desempleo juvenil

Desde el comienzo de la crisis, el desempleo entre los jóvenes se ha disparado en todo el planeta. En el mundo desarrollado el 18% de las personas con edades comprendidas entre los 16 y 24 años se encuentra en paro. Mientras que en Alemania la tasa de desempleo entre los jóvenes se mantiene relativamente baja, en torno al 9%, en Estados Unidos se sitúa en el 16%, en el Reino Unido en un 20% y en España y en Grecia se halla por encima del 50%.

En Oriente Medio, con un 28%, y en África, con un 24%, las cifras son también altas. Sin embargo en Asia, con un 9,5%, la situación no es tan preocupante. A pesar de estos números, especialmente los de España y Grecia, los diferentes gobiernos no han hecho grandes cosas por detener esta sangría. Tanto es así que esta generación perdida, como ya la define la Organización Internacional del Trabajo, puede llegar a una tasa de desempleo algo más elevada en el 2018.

No existe un único factor que impulse esta tendencia. En China, por ejemplo, el desempleo juvenil tiene sus raíces en el sector manufacturero, que proporciona muchas más oportunidades de empleo para aquellos que no tengan titulación universitaria. El desempleo juvenil también puede deberse a una falta de cualificación entre los jóvenes. El 43% de las grandes empresas europeas creen que los candidatos no poseen las habilidades requeridas para los diferentes puestos de trabajo del mercado laboral.

Pero, cualquiera que sea el principal factor que sustenta el desempleo juvenil, el problema se agrava por culpa de la desigualdad en los ingresos. Es decir, muchos puestos de trabajo, en particular los más lucrativos, están disponibles casi en exclusiva a los jóvenes procedentes de familias ricas. En el Reino Unido, por ejemplo, apenas un 7% de los niños asisten a escuelas privadas, pero casi la mitad de los grandes jefes de empresas del país han sido educados en estas escuelas.

Parece ser que las posiciones más altas en cualquier gran empresa requieren de una formación académica más prestigiosa, y eso, claro está, cuesta mucho dinero. Por otra parte, muchas prácticas no son remuneradas, por lo que buena parte de las familias no se pueden permitir el lujo de inscribir a sus hijos en una escuela privada. También es cierto que muchos de estos jóvenes acceden a puestos de trabajo lucrativos gracias a que sus padres están muy bien colocados en la sociedad.

Las personas que tuvieron el privilegio de asistir a una de estas escuelas privadas es probable que hayan asistido a las universidades más reputadas del país. Las limitaciones financieras son, por tanto, motivos suficientes para que el desempleo juvenil siga creciendo año a año.

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