Efecto dominó, hacia el empobrecimiento generalizado

Grecia, Portugal, Irlanda, Italia, España… el efecto dominó se extiende por Europa

Resulta ciertamente complejo como del análisis e los distintos planes de ajuste aprobados por las economías más damnificadas se puede observar la delgada tela de la tendencia y la extensión.

Llamamos tendencia y extensión al efecto dominó que, producto del reflejo y los efectos adversos sobre su propia situación límite, se extiende entre otras economías provocando una mayor magnitud de la debacle.

Italia, donde los niveles de pobreza no dejan de sorprender y para muestra, el 13,6% que es el porcentaje que percibe ingresos menores a los 900 euros al mes.

  • De nuevo el mayor ataque es fiscal, mayores contribuciones, reducción del gasto público y así en una espiral de sobra conocida por la teoría económica ante la cual nos encontramos con economías cuya tasa de pobreza no deja de aumentar.

Las medidas de austeridad impuestas en Italia tendrán como resultado lo mismo que en Grecia, irlanda, España, Portugal… lo que generará que el desempleo seguirá en alza, la productividad seguirá en descenso y se reducirán los salarios, el crédito seguirá sin fluir y de forma progresiva se ira conformando un nuevo orden social en el que el consumo vendrá delimitado por los ingresos que se obtengan.

Menos renta vinculada con mayor exigencia a nivel fiscal supondrá una menor entrada de ingresos a las arcas del estado, o que derivará en un empobrecimiento aún mayor de los servicios estatales, por lo que la calidad de vida se verá seriamente mermada.

Y con una regulación demográfica de tal magnitud, las exportaciones que son lo único que permite el crecimiento, tampoco responderán ante una situación tan general.

Esta es la radiografía actual de Europa quien se enfrenta a la competitividad como su único aliado, pero para ello habrá que reducir los costes y los precios finales, lo que implica una flexibilización aún mayor del mercado laboral.

Cuando llegamos a preguntarnos la razón de por qué nos adentramos hacia un ciclo aún más oscuro en el que la pérdida de calidad de vida, unido a un empobrecimiento generalizado de las sociedades y con las modificaciones en el actual sistema económico imperante a las que obligan, no es de extrañar que transitemos por un auge sin parangón en relación al emprendimiento como forma de vida.

No es sino a través de conceptos como productividad que se logra la competitividad y con ella la eficiencia, es hora de dar el salto.

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