Diferencias entre Uber y Blablacar. El gobierno holandés toma medidas.

Protesta de taxistas contra Uber

Protesta contra Uber en Londres

La polémica a causa del consumo colaborativo es uno de los temas más candentes hoy en día. Por un lado están quienes consideran que este consumo colaborativo debe de estar prohibido porque no se ajusta a la legislación existente y no va acompañado de ningún tipo de seguridad para el consumidor. Y por otra parte están los consumidores que consideran que el consumo colaborativo no tiene porqué estar prohibido ya que simplemente se basa en compartir bienes y servicios.

Realmente, agrupar todos aquellos productos de consumo colaborativo en un mismo concepto es un error. En rigor, hay diversos tipos de consumo colaborativo, me explico: no es lo mismo una plataforma de consumo colaborativo como Uber en el que lo habitual es que los conductores hagan el trayecto motivados por obtener el dinero derivado del uso de la plataforma y no por una circunstancia casual o por un hábito necesario.

Otro caso muy distinto es el de blablacar en el que estamos hablando de un consumo colaborativo de verdad (lo otro no es digno de llamarse así), un consumo en el que un conductor a fin de poder ahorrar en gasolina, comparte las plazas que le restan en el coche con otros viajeros. Realmente no tiene que ser visto como algo nocivo o perjudicial; es algo que entre estudiantes o trabajadores de una misma empresa se lleva haciendo desde hace mucho tiempo. Es más, genera externalidades positivas: es mejor para el medio ambiente y permite que las comunicaciones sean más sencillas y menos costosas.

El problema está, como en muchos casos, en la legislación. ¿Pero debe de ser la legislación vigente un argumento de peso para vetar estas plataformas? No. El Derecho como doctrina social que es, se debe de adaptar a los cambios  y a la evolución de la sociedad. Y si la sociedad exige consumo colaborativo, habrá que crear nueva legislación que lo regule y que en algunos casos, con su debida justificación, lo prohíba.

Pero en el caso de Uber, el daño que genera a raíz de su competencia desleal es muy explícito, un intrusismo laboral que perjudica de forma notoria a los taxistas, los cuales sí se ciñen y cumplen con la ley. Es por tanto que la respuesta legal ha de ser rápida y contundente. No puede haber un agujero legal tan sostenido en el tiempo ya que genera inestabilidad.

Y como no puede existir norma sin sanción, en Holanda si la empresa Uberpop continúa operando se podrá enfrentar a multas de hasta 100.000€ y de 40.000€ para los conductores. Así lo dicta una sentencia del Tribunal de Comercio de La Haya en la que se aseguró que ”Los conductores que prestan estos servicios de pago sin tener licencia violan la ley de taxi”.

A pesar de esta tajante sentencia, la empresa americana ha asegurado que apelará la decisión porque considera que se ha juzgado conforme a un marco legal que no se ajusta a la realidad tecnológica existente.

En definitiva, no creo que sea bueno confundir Uber con Blablacar, ya que en el segundo caso estamos hablando de una iniciativa ciudadana para compartir coche y que participa de una mejor distribución de los recursos, que como ya he dicho en otras ocasiones, es en último término, el fin de la economía. A diferencia del caso de Uber, una empresa intrusista que opera gracias a leyes obsoletas.

Imagen – Flickr

 

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Alejandro Vinal

Mi nombre es Alejandro Vinal, tengo 18 años nací en Orihuela (Alicante) pero ahora vivo en Oviedo (Asturias). Estudio economía en la... Ver perfil ›

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