Angola, la paradoja de un país pobre con petróleo y diamantes

Angola

Aunque la economía de Angola creció un 5,1% en el 2013 (se espera que en el 2014 lo haga un 7,9% y un 8,8% en el 2015), convirtiéndose en uno de los países africanos con mayor crecimiento, los angoleños siguen con un nivel de vida muy pobre. Sin ir más lejos, el Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas asegura que el 36% vive por debajo del umbral de la pobreza, y una de cada cuatro personas está en estos momentos sin trabajo.

Angola es actualmente la quinta economía más grande de África, pero solo el 37% de sus 21 millones de habitantes tienen acceso a electricidad. Según el Banco Mundial, la mitad de la población carece de agua potable, cifra que se marcha hasta el 66% en el caso de las zonas rurales. Además, hay muy pocos puestos de trabajo para los desempleados, en su mayoría menores de 25 años, que representan precisamente el 60% de la población.

¿Qué debe hacer Angola, por tanto, para cambiar esta situación actual? Los principales expertos y analistas afirman que la solución está en diversificar la economía del país, ahorrar e invertir en el futuro y mejorar el sistema de gobierno.

Angola es el segundo mayor productor de petróleo de África, solo por detrás de Nigeria. El año pasado produjo 1,85 millones de barriles al día, y los ingresos por esta razón podrían superar los 60.000 millones de dólares al año. O lo que es lo mismo, el 80% de los ingresos totales del gobierno. Pero, al igual que otros países africanos productores de petróleo, esta materia prima nunca ha supuesto un beneficio para los angoleños. Una industria que, curiosamente, no genera muchos puestos de trabajo y que está sumida completamente en la corrupción y el enchufismo. Tan solo el 1% de los angoleños, precisamente, trabaja en el sector petrolero.

Además del petróleo, Angola exporta diamantes. Es la segunda mayor fuente de diamantes en bruto de África, después de Botswana, y la cuarta del mundo. La producción de diamantes genera más de 650 millones de dólares al año, aunque las cifras exactas son inciertas debido a los diamantes ilegales y el contrabando. Precisamente, es una industria a la que se le acusa de corrupción y abuso de los derechos humanos, ya que los trabajadores suelen trabajar muchísimas horas bajo un salario miserable.

De esta manera, el crecimiento económico solo afecta a un pequeño grupo asentado en la élite. Además de encontrarse con graves problemas como su alta dependencia del petróleo, la corrupción que afecta a todos los estamentos de la economía y el gobierno y la ausencia de un mercado de trabajo diversificado. Lo cierto que, ante unas perspectivas así, es imposible que la población pueda salir de la pobreza.

 

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