Cuando alguno de vosotros desee recordar el significado de la palabra globalización será muy sencillo aplicar un ejemplo. Antes de detallarlo, os recordaré que la idea de globalizar al mundo se ha instalado con el paso de los años y, sobre todas las cosas, con la masificación de las comunicaciones. Hoy, asociar la globalización a la economía es la combinación ideal.
Pues bien, el mejor ejemplo para definir este término es el siguiente: unos meses atrás, en los Estados Unidos, explotó una burbuja financiera en el sector de las hipotecas. Inmediatamente, esto provocó la crisis más grave en los Estados Unidos desde la década del ’30. Lo que ocurrió fronteras adentro, se expandió a los mercados, cayeron las principales bolsas del mundo y las consecuencias se expandieron, finalmente, a las principales economías de Europa, Asia y en menor medida, Oriente y América. Hasta el día de hoy, la crisis sigue vigente en varias economías del planeta.
Hace unas semanas, volvió el pánico al mundo con el incumplimiento de cancelaciones de deuda de Dubai, la región más rica del planeta. Ahora, Europa debió salir al rescate de la economía de Grecia, que amenaza con extender su crisis a España, Portugal, Irlanda e Italia. Y también dentro de Europa, España se endeuda cada vez más con el Banco Central Europeo.
La globalización es capaz de esto. Y mucho más. Todo depende de la capacidad o la decisión política de intervenir las finanzas mundiales para evitar una nueva crisis.

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