
Es cuestión de mirar la televisión para darse cuenta que la crisis política de Honduras es muy grande. Un presidente depuesto, uno de facto que asume, en el medio dos bandos que se pelean y algunos muertos que preocupan a todos. Hasta ahí, la cuestión lógica.
Sin embargo, eso repercutió en la economía porque se redujo la ayuda internacional y los créditos, existe una amenaza de sanciones comerciales y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, cortó el suministro de petróleo para apoyar al depuesto Manuel Zelaya.
Los pobres -la mitad de la población hondureña- serán los más afectados por el aislamiento económico. Honduras, recordemos, es el cuarto país más pobre del continente americano y el 20% de su presupuesto se financia directamente con donaciones internacionales y créditos.
La crisis económica mundial también ha afectado las principales fuentes de ingreso de Honduras, incluyendo las remesas de los inmigrantes y las exportaciones, que incluyen café, bananas y madera, así como ropa y camarón.
El Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo suspendieron alrededor de 470 millones de dólares en ayuda y prestamos la semana pasada, en espera de que lo que el presidente del BM, Robert Zoellick, califico como una “aclaración de asuntos legales”.
Honduras también podría perder más de 100 millones de dólares de asistencia enviados por Estados Unidos, si el gobierno estadounidense clasifica oficialmente la salida de Zelaya como un “golpe de Estado”, lo que llevaría a una suspensión inmediata.



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